By José Andrés Franco
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Andrés Abril 1

José Andrés Franco / Opinión /

Una afirmación muy explícita y contundente. Pareciera que al leerla sin los signos de interrogación no existe ninguna duda de que el Estado ha muerto, y al parecer no hay posibilidades de revivirlo.

A pesar que murió de una forma tan trágica y dramática, no fuimos avisados de su fallecimiento y no se presentó una oportunidad para brindarle una santa sepultura.

Fue una muerte tan silenciosa que parece mentira que realmente ocurrió.

El problema está en que, al enterarme de tal noticia salí a la calle, veo que todavía hay policías de PMT y de la PNC, los funcionarios públicos no han perdido su trabajo. Al perecer todavía tengo derechos. La Constitución sigue vigente, los juzgados siguen trabajando… Entonces me pregunto ¿El Estado está muerto?, parece que no.

Pero, podría ser que estemos ya en otro Estado, y por lo tanto me pregunto ¿Estamos entonces en una dictadura? Bueno, mis libertades individuales al parecer siguen iguales, los medios de comunicación alternativos no son prohibidos por el Estado, el sufragio universal sigue vigente, no hay una amenaza que el próximo proceso electoral sea cancelado… en fin, parece ser que tampoco estamos en una dictadura.

No, parece ser que seguimos en el mismo Estado, en el que estábamos antes de que se pronunciara esa afirmación, y por lo tanto pareciera ser que no se está discutiendo su “vida” o “muerte”; mas bien se discuten las características que este presenta en su funcionamiento y cómo operan los actores que se encuentran dentro de este. Se discuten sus deficiencias y los problemas de la institucionalidad que los conforma.

Pero ¿que puede causar tal afirmación? Probablemente la deficiencia en los servicios de salud, la corrupción, las extorsiones por parte del crimen organizado, en fin… Hay muchos problemas que pueden llegar a presentarnos las debilidades del Estado, sin embargo, esta no es tampoco una razón para darlo como muerto.

Obviamente esta afirmación es muy llamativa y capta la atención inmediatamente al leerla; sin embargo, la forma radical en la que está planteada y los “argumentos” que buscan validarla nos llegan a demostrar lo poco consistente que es plantear algo tan contundente.

Pareciera ser que las diferentes categorías que se han planteado para el estudio y análisis del Estado son ignoradas, y se prefiere una posición absoluta que no brinda opciones, y que presenta situaciones tan extremas, cercanas al caos y el pánico, que no se están presentado.

Realmente no puedo (ni quiero) llegar a imaginar como sería “enterrar” al Estado y construir uno nuevo, debido a que “refundar” parece una tarea prácticamente utópica.

Al contrario, hablar de reformas y de participación política, parecen ser los caminos posibles, pero sobretodo, institucionales para hacerlo.

No se trata de defender la situación del Estado y decir que todo está bien o que este es perfecto, se trata de reconocer que este existe, brinda derechos y garantías que nos protegen todos los días, nos brindan la libertad de expresar y organizarnos. Plantear de que el Estado ha muerto significa que nuestras garantías y libertades individuales desaparecieron y estamos en una especie de estado salvaje.

Darlo por muerto y enterrarlo nos brinda una perspectiva casi nula, no permite visualizar caminos para reformarlo y además, nos restringen en pesar sobre aquellos problemas que no se consideran como muertos, y que siguen afectando todos los días al país.

Existen personas tanto dentro como afuera del Estado que no pueden aceptar esa afirmación, que todavía se plantean una forma en la cual demolerlo o enterrarlo no es una opción. Buscan trabajar en caminos que permitan plantear acciones ante diferentes problemáticas, y que por medio de esfuerzos que no son tan radicales, plantear propuestas que ayuden a mejorar la vida de los ciudadanos.

El Estado no está muerto, tiene muchos problemas que necesitan ser analizados y discutidos de mejores maneras.

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Estudiante de la Licenciatura en Ciencia Política en la Universidad Rafael Landivar, me considero inesperadamente diferente y no me gustan las limitaciones que evitan expresarnos. Me gusta vivir para aprender y aprender para vivir.

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One Comment
 
  1. Gabriela Carrera / 23/04/2016 at 18:39 /Responder

    Siempre es un honor cuando la leen a una, pero cuando le responden críticamente, es un privilegio poco merecido. Ante todo, gracias.

    Quisiera compartir algunas cosas. De politóloga a politólogo y con el respeto que merece el construir conocimiento de manera colectiva.

    1. La columna retoma una parábola de un filósofo que siempre fue polémico, y la retomo por lo mismo.

    2. Luego creo que lo que yo discuto no es el Estado teórico, sino el histórico, el Estado guatemalteco. Y ese si que nació muerto para el fin al que esta llamado en teoría el Estado. Hay PNC, pero hay pobreza. Hay Constitución, y hay hambre y despojo y exclusión y desigualdad. Y hay quien defiende este Estado aun porque sirve para unos, siempre los mismos. Y claro que hay que pelearlo, para eso estamos, pero no pelear el mismo Estado, no para los mismos fines.

    3. No estoy de acuerdo: el estado moderno tiene fecha de nacimiento y esta manera de estatalidad no me llena. Ni a muchos líderes del movimiento indígena, ni a las feministas, ni a los proyectos democráticos. Puede cambiar? Si y no lo digo yo, lo dice la historia política de la humanidad. Y claro que se puede construir otras estatalidades. Lo hemos hecho siempre.

    En fin. Gracias por tomarse el tiempo, colega. Y si no nos invitaron al sepelio, es porque nunca fuimos parte de las familias del difunto.

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