By Andrea Godínez
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CHEW 4

Por: Andrea Godínez / Brújula

7:30 de la mañana y el tráfico para avanzar dentro de la Ciudad de Guatemala está detenido. A esta hora, el caos vial se encuentra en su punto cúspide y en los diferentes ingresos a la ciudad, la situación parece empeorar. En algunos puntos las personas han decidido bajarse de los buses colectivos y correr hacia sus trabajos porque pareciera que es más rápido avanzar de esa forma; mientras observo en los vehículos cercanos al mío, que varios conductores pudieron tomar el desayuno, cantar el álbum completo de su artista favorito o comerse las uñas de la desesperación. La situación tampoco parece ser favorable para ellos.

Es evidente que el problema de circulación vehicular en la Ciudad de Guatemala, ha ido en crecimiento cada año y las soluciones de agilizarlo no han sido del toda exitosas. Ni los múltiples pasos a desnivel o los cuatro corredores de transmetro que atraviesan la ciudad, han logrado aportes significativos. La principal causa es la centralización de la mayoría de actividades económicas y comerciales del país. De acuerdo a datos de la Municipalidad de Guatemala, la ciudad está capacitada para que la transiten 350,000 vehículos y para octubre del 2015 durante horas pico, la transitaban alrededor de 1,100,000 vehículos diariamente con un promedio de velocidad de 20 kilómetros por hora; es decir, existe una sobrepoblación de 750,000 vehículos en la ciudad. De acuerdo al director de obras de la comuna capitalina, Álvaro Hugo Rodas, la fluidez cada vez se complica más ya que la afluencia vehicular aumenta en un aproximado 8% anual.

La ciudad de Guatemala ya sobrepasó su capacidad vehicular en un 300%

Pero Guatemala no es la única ciudad donde la movilidad vehicular se dificulta para quienes la transitan. En muchas ciudades a nivel mundial, la movilidad es incluso peor. En el ranking mundial* realizado en 2015 por la empresa TomTom, líder en la creación de productos de navegación y mapeo de rutas, se calificó a la Ciudad de México como la primer ciudad con mayor  mayor dificultad para transitar en horas pico, de 174 a nivel mundial.  A esta, le siguen ciudades como Bangkok, Estambul, Río de Janeiro y Moscú.

Ante esas dificultades de movilización, estas y otras ciudades a nivel mundial han implementado sistemas de transporte colectivo, más allá del transporte público. En muchos lugares los viajes compartidos en vehículos particulares, entre personas de una misma comunidad utilizando herramientas tecnológicas (apps),  han contribuido a centralizar necesidades para brindar una solución al problema del tráfico y fomentar la confianza entre seres humanos. A esto se le ha dado el término de carpool, que es un acuerdo entre dos o más personas para hacer un viaje regular en un mismo vehículo. Este término sería lo que en Guatemala llamamos comúnmente “dar jalón”.

Aplicaciones como BlablaCar en Europa y Waze Rider en San Francisco, cada vez se hacen más famosas y se toman como ejemplo en otros lugares del mundo con el objetivo compartir un viaje entre personas que van en una misma ruta de una ciudad a otra ya sea por motivos de trabajo, estudio o por el simple placer, pasando de nuevo, de una solución individual a algo colectivo. La forma en que estas aplicaciones funcionan es que las personas o usuarios comparten por un tiempo determinado el mismo espacio (vehículo) y dirección, lo cual les permite no únicamente reducir los costos del transporte, sino como una consecuencia no esperada, abrir su mente a nuevas formas de relacionarse y empezar a crear redes que luego les ayuden en un proyecto, negocio, estudios, entre otros. 

Asimismo, similar a las iniciativas arriba mencionadas, en muchas ciudades latinoamericanas también se ha adquirido la modalidad de compartir taxi con el propósito de reducir costos al tomar uno privado y agilizar su llegada a algún punto. En Guatemala, de las aproximadamente 15,000 unidades que funcionan en el país, muchos de ellos han adoptado la modalidad colectiva. Sin embargo, a pesar que muchos guatemaltecos cada vez están más dispuestos a compartir este tipo de transporte por las desventajas que el transporte público representa, muchos aún parecen no estar listos para entrar en este tipo de dinámicas, ya sea taxi o vehículos privados.

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La razón podría deberse a situaciones de violencia. En base a datos proporcionados por la Policía Nacional Civil (PNC), a pesar que los índices de criminalidad se han reducido desde 2008 para febrero de 2015, el Departamento de Guatemala refleja los datos más altos de violencia ciudadana en comparación al resto de departamentos y es uno de los municipios más inseguros para sus habitantes y quienes lo transitan diariamente. Durante los primeros dos meses del 2015, se contabilizaron 259 muertes violentas y 393 heridos a causa de la violencia ciudadana; se reportaron 97 asaltos a peatones y 4 en transporte colectivo. Además, se realizaron 14 denuncias sobre delitos sexuales (violaciones) y un total de 105 secuestros dentro del municipio. Con estos datos, es evidente que para un ciudadano movilizarse por las calles o en transporte público, resulte en una decisión de vida o muerte. Subirse al vehículo de un desconocido o promover una cultura de utilizar transporte privado colectivo, podría ser aún más un indicador de vivir constantemente en riesgo. De acuerdo a Víctor Peñaloza, investigador del Instituto de Investigación y Proyección sobre Ciencia y Tecnología (INCYT) de la Universidad Rafael Landívar, los usuarios del transporte colectivo tienen una alta necesidad de transportarse hacia su lugar de trabajo o centro de estudios, que les hace confiar en cualquiera que les ofrezca un servicio de transporte, olvidando muchas veces los índices de violencia que existen a donde quiera que se dirija.

Un vehículo promedio tiene la capacidad de transportar a 5 personas. Sin embargo, datos proporcionados por la Municipalidad de Guatemala, demuestran que en esta ciudad el promedio de tripulantes por vehículo es de 1.3 personas.  Peñaloza señala que la saturación de vehículos en la ciudad se debe a la desconfianza en el transporte público, debido a varias situaciones: no hay diversidad de transporte que conecte distintos puntos dentro de la ciudad, es inseguro, es incómodo porque los saturan de pasajeros, la calidad del servicio es malo y las condiciones físicas en las que se encuentran las unidades de este transporte son deficientes, obligando a los usuarios a creer que viajar en un transporte privado los hará sentirse más seguros y confiados. Sin embargo, el viajar en un carro particular no los libra de la criminalidad en las calles y solo los aleja de compartir, convivir y conocer a otras personas, ampliar sus conocimientos y colaborar con su comunidad.

 

Son las 8 de la mañana y ahora decido comprobar la forma de funcionar de un taxi colectivo para conocer cuáles son los riesgos y las necesidades de los guatemaltecos. Estoy en la Guardia de Honor sobre la 6a. Avenida de la Zona 10 y en la esquina contraria se encuentran dos taxis llamando a usuarios del transporte público y a peatones. Esta es la historia de otro taxi. Hablo con ellos y me indican que su ruta es de allí hacia Multimédica en Zona 15; no hacen más rutas. El precio por el viaje es de Q5.00 y ahora debo esperar a que el taxi se llene para iniciar la ruta. Espero diez minutos hasta que don Mario López, el piloto del taxi que comparto con otros cuatro usuarios, arranca para llevarnos a nuestro destino. Don Mario lleva diez años trabajando como taxista y su principal actividad es la de promover diariamente viajes compartidos en esta zona. Su horario laboral inicia a las 4 de la mañana y termina alrededor de las 6 de la tarde. En los 10 minutos que dura el viaje ya hemos dejado a dos de los cinco pasajeros, y muy pocas palabras hemos cruzado unos con otros. En nuestra conversación, percibo que los taxistas, al igual que todos los que nos movilizamos dentro de la Ciudad de Guatemala, vivimos con temor y desconfianza principalmente por los altos índices de violencia del país. “Yo trabajo hasta las 6 de la tarde porque de noche es muy peligroso y hacen muchas extorsiones a pilotos”  me explica; el comentario no me sorprende.  La conversación y mi experimento termina al llegar a Multimédica, mi destino final.

Desde la Universidad Rafael Landívar se están creando varias iniciativas que buscan romper con la individualidad y retomar la confianza entre colaboradores y estudiantes, en principio, de esta casa de estudios. Para ello, el INCYT ha creado una aplicación que más allá de impactar en la reducción de vehículos que transitan por la ciudad, busca crear vínculos sociales dentro de la comunidad landivariana. “Esto no es la solución a los problemas de tránsito dentro de la ciudad, para ello se necesita no solo de la tecnología, sino del apoyo y mayor inversión por parte de la municipalidad en el mejoramiento de la obra pública y un mejor mantenimiento de las unidades de transporte público para que las personas vuelvan a retomar la confianza y utilicen estos servicios,” señaló Peñaloza. “Por el momento, esta aplicación será una especie de experimento social en la que los landivarianos podrán empezar a compartir viajes y posteriormente, esperamos ser un ejemplo para que esta iniciativa se replique en otras universidades, empresas y posteriormente, a nivel nacional.” El nombre de la aplicación aún está pendiente pero esperan lanzarla en los próximos meses.

En Guatemala ya existen otras iniciativas que también promueven la cultura de carpooling.

Entre ellas se encuentra un grupo en Facebook llamado Guate Jalón en la cual los miembros del grupo comparten viajes de una ciudad a otra dentro del territorio guatemalteco. También se encuentra el grupo en la misma red social llamado Guatejalón InterU que conecta a estudiantes de diferentes centros universitarios y recientemente, se ha lanzado la aplicación Urban Taxi en coordinación con la Municipalidad de Guatemala, la PNC, el MP y el OJ dentro de la Ciudad de Guatemala, brindando el servicio de taxis asegurando y certificando a los pilotos de estas unidades con calificaciones incluso de los mismos usuarios del servicio.

Una cultura de carpooling o de jalón, cada vez se hace más popular entre los habitantes de Guatemala y la existencia de varias propuestas para retomar la colectividad en una ciudad con los índices más altos de violencia y desconfianza, promete repensar la manera de movilizarse y colaborar unos con otros. Si las aplicaciones funcionan, será más fácil para los usuarios retomar la confianza en el transporte colectivo, mejorando las condiciones del servicio, incrementando la cantidad de unidades y aumentando la cobertura de nuevas rutas dentro de la ciudad. Y quizá, empezar a exigir una mejora en el transporte público del país.

* Las ciudades de Centroamérica, aún no perfilan dentro de este ranking.

 

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Me cansé de definirme entre líneas porque nunca he estado dentro de ellas. Veo lo que comparto, comparto lo que veo.

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