By José Andrés Franco
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igualda

Andrés Franco/ Opinión/

La confusión y la desinformación que puede brindar la concepción de dos términos, puede llegar a reducir y desvirtuar las características más importantes que implican la utilización de un concepto en un movimiento social. La idea o la doctrina que existe detrás de la utilización de un concepto se llega a reducir de tal forma que no permite entender estas ideas, dejando solamente un visión bastante minimalista y poco profunda de esta.

Confundir al machismo y al feminismo como conceptos que son “frutos de un mismo árbol” es un error constante que se manifiesta en el país. La concepción del feminismo como un contrario directo del machismo, busca reducirlo a una simple actitud que reproduce los mismos mecanismos de discriminación solo que esta vez no es de A a B, sino de B a A. Esta es una forma sencilla, pero a la vez, nada certera para entender el feminismo y los aportes importantes que ha realizado para las mujeres, desde hace varios años.

Mientras el machismo se refiere a una actitud, el feminismo se refiere a un movimiento social.

El movimiento feminista, originalmente, buscaba tomar conciencia de que las mujeres representan un grupo de seres humanos que presentaron (y presentan) una serie de limitaciones para desarrollar garantías y libertades, en comparación con los hombres. Los años pasaron y los logros se representaron en instituciones como el sufragio universal, la participación política, mejores mecanismos para denunciar delitos de violencia sexual, la libertad sobre el aborto (que no aplica a Guatemala), entre otros.

Sin embargo, en países como el nuestro, todavía se presenta una serie de condiciones que no permiten pensar en un desarrollo tan profundo del feminismo. Más allá de estar preocupados por ortografía y gramática, existen otros problemas que realmente afectan a la mujer guatemalteca.

Además, utilizar categorías como “golpe de Estado” o “dictadura” para hablar de feminismo y machismo, en mi opinión, es un intento demasiado forzado para presentar una analogía con dos conceptos que no son similares. Buscar ejemplos y situaciones hipotéticas para defender posturas que categorizan al feminismo como un movimiento que está buscando “aprovecharse” de mecanismos legales, no es muy difícil. Sin embargo, es aún más claro (y certero) encontrar datos en los cuales se muestra que la “Dictadura del Feminismo” no es una realidad:

  • El Informe Global de la Brecha de Género 2015, realizado por el Foro Económico Mundial, Guatemala ocupa el puesto 106 en el ranking que busca medir la brecha entre hombres y mujeres en salud, educación, oportunidades económicas y representación política, en varios países del mundo.

Estos datos, sumados a las condiciones de pobreza y el racismo, presentan un panorama en el cual la “Dictadura del Feminismo” no se está instalando con éxito. Las estadísticas todavía presentan un panorama en el cual las mujeres buscan desarrollarse en una sociedad, con desventajas y riesgos claros.  En una columna anterior mencioné los problemas que presentan las mujeres guatemaltecas sobre la determinación y propiedad de su vida sexual.

En esa oportunidad afirmo (y continúo haciéndolo) que soy hombre y soy feminista, y eso no significa que quiera instalar un régimen en contra de los hombres.

Los radicalismos existen en todo tipo de doctrinas alrededor del mundo. Pero cuando un movimiento social que buscaba en un principio igualdad y posteriormente, equidad, está perdiendo su propia esencia, habría que preguntarse si debería de buscarse un nuevo término para denominarlo.

Si estamos conscientes de las limitaciones severas a la libertad de expresión y las libertades individuales que se suscitaron en los 36 años de conflicto armado, entonces considero que también podemos ser lo suficientemente liberales para entender la importancia de la expresión y la búsqueda de nuevas formas de participación en esta democracia guatemalteca que construimos día con día.

En fin, solo soy un hombre escribiendo desde su perspectiva sobre los retos y dificultades que viven las mujeres día con día, pero siempre está abierta la puerta para que una mujer guatemalteca pueda ayudar a decirme si son o no reales.

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Estudiante de la Licenciatura en Ciencia Política en la Universidad Rafael Landivar, me considero inesperadamente diferente y no me gustan las limitaciones que evitan expresarnos. Me gusta vivir para aprender y aprender para vivir.

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