By Ana Raquel Aquino Smith
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Ana Raquel Aquino/ Opinión/

Cuando Sandra Morán fue electa como diputada no pude más que alegrarme. Alegrarme mucho. Era la primera mujer abiertamente lesbiana y eso construye un Congreso más representativo, más incluyente. Después de todo, de eso se trata la democracia.

Antes de las elecciones, me di cuenta que no solo era una persona preparada que sabía lo que hacía, sino también con una tremenda experiencia y valentía que -si viviéramos en un país donde eso realmente sumara-, los demás diputados la envidiarían. Si no me cree, esta nota radiográfica sobre la vida de Sandra en Plaza Pública da una idea bastante completa o bien, siempre está el video donde ella misma lo explica.

Resulta que hace unos días cuando se inició la propuesta de crear el Parlamento de Mujeres Diputadas y elegir a su Junta Directiva, un hombre -de aquellos muy machos- la ha insultado y ha creado toda una campaña en contra aduciendo que por ser lesbiana se es “menos mujer”. No sé ni qué cara hice cuando leí el comentario.

Después pensé de manera más fría: Sandra tendría una oportunidad de hacer conciencia; de hacer ver realmente lo que es ser feminista y lesbiana en una sociedad como la nuestra.

Una sociedad que entiende estos dos conceptos en un sentido simplista, machista, amorfo y sin ningún trasfondo ni historia. Es que ni nos hemos puesto a leer del tema y ya están algunos comentando que todas las feministas son feminazis y que encima, ¡Nos hemos reproducido! ¡Enhorabuena!

Por ello, se me ocurrió escribir algo sumamente básico. Del feminismo hay quienes no entienden ni papa, basta con ver que lo igualan con el machismo “a la inversa” para negar a todas aquellas mujeres que por ¡siglos! han luchado por la igualdad y libertad de las mujeres alrededor del mundo. Ni hablar de los derechos LGBTIQ, que a muchos esas siglas ya les parecen, –simplemente– demasiadas letras.

Así que les presento a GENDERBREAD: es ella o él; o ambos al mismo tiempo o ninguno, si no quiere:

genderbread

Traducción realizada por la Asociación Guatemalteca de Humanistas Seculares

Todos los anteriores, son conceptos distintos que cambian, sin duda, nuestra manera de apreciar a los demás:

  • La identidad de género está en nuestras cabezas: lo que nuestras hormonas digan qué somos y cómo lo interpretamos, eso somos.
  • La expresión de género es cómo nos mostramos al mundo (basado en los roles tradicionales): cómo nos vestimos e interactuamos con el resto de personas.
  • El sexo biológico es lo que a simple vista podemos medir (bueno, ni tan a simple vista): es si en tu cuerpo tenes una vagina, ovarios y cromosomas XX, si tenes un pene, testículos y cromosomas XY o si sos una combinación de ambas.
  • La orientación sexual es hacia quién se siente atracción: se vale hacia personas del mismo sexo, hacia el sexo contrario o hacia ambas.

Y como sé que aquí es donde la mayoría de gente entra en un conflicto, ya sea por lo religioso o porque simplemente no se le da la gana aceptar que cohabitamos con gente diferente a nosotros que puede ser lesbiana, gay o bisexual. Basta con recordar que se vive en colectividad y las preferencias de muchas personas puede o no estar en contra de lo que dijo el pastor la semana pasada, de lo que dice la Biblia desde antes de todos los tiempos o de lo que piensa mi familia. Pero a diario se convive con gente que tiene ciertas características o preferencias -iguales o no a la de nosotros- y ESTÁ BIEN.

Necesitamos entender que el rechazo, la discriminación y el odio a lo distinto –a lo que pienso y a lo que practico– no nos llevará a ningún lado. Es un círculo vicioso que no trae sino más violencia e intolerancia.

Lo interesante del caso de Sandra, es que como siempre en política, los agresores unen todas las características del sujeto para “hundirla” más. Y es que Sandra reúne los requisitos perfectos para destruirla en una selva de cromañones machos, pues ella es: mujer, feminista, lesbiana y de izquierda. Pero esto último es tema de otro artículo.

Al final, si el argumento era que se es “menos mujer” por ser lesbiana, les informo a todos los machos (y mujeres machistas), que la única manera de ser lesbiana es ser completamente mujer. Y que para ser un macho machista como él, lo único que se necesita es ser un completo ignorante.

Podemos ser la sociedad que queremos, no la que tenemos. Los ejemplos de poblaciones enteras apoyando los derechos del otro por el bien de la comunidad son varios. Nadie merece ser invisibilizado por sus preferencias o características físicas. No se vale que con tanta información al alcance, todavía se dude a la hora de saber la diferencia entre sexo y género. Son cuestiones básicas y muchos reprobarían el examen e incluso cometerían el delito de discriminación. Sí, porque es ilegal hacer de menos a alguien por su misma condición.

La lucha sigue. Mi apoyo, sororidad y admiración para Sandra Morán. Como mujer, ella sí me representa.

Imagen: Bancada de la Dignidad Convergencia

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Defensora de la rebeldía justificada en principios éticos universales.
@ana_cosmica

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5 Comments
 
  1. Querzali Cerezo Blandón / 12/09/2016 at 18:19 /Responder

    Excelente artículo! Felicidades!!

  2. Andrea / 12/09/2016 at 20:39 /Responder

    ¡Excelente artículo!! Solo para aclarar, el feminismo busca la liberación de la mujer y trae como resultado la igualdad entre hombres y mujeres 😉

  3. Yo mérito / 13/09/2016 at 21:36 /Responder

    O sea que si la identidad de género está en la cabeza como dice el artículo, quiere decir que es un problema psicológico y que tiene solución

    • Ana Raquel Aquino / 14/09/2016 at 14:37 /Responder

      La identidad de género es una cuestión no solo psicológica sino hormonal y no hay nada de malo con pensarse mujer si se es hombre biológicamente o viceversa. No se puede “resolver” porque no es problema alguno.

  4. Claudia / 14/09/2016 at 18:52 /Responder

    Excelente artículo …… Pero dudo que los machos misóginos lo entiendan…

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