By Brújula
Posted: Updated:
0 Comments

independencia1

Brújula/

Saludo uno. Los guatemaltecos estamos llenos de contradicciones, aunque a decir verdad, ¿cómo no serlo si vivimos en el país pionero de las contradicciones mismas? Somos gente de tradiciones, eso nadie lo puede negar y eso en parte, es lo que para muchos infla de orgullo. Nos encanta tomar atol de elote y una tostada con salsa y guacamol un domingo por la tarde, disfrutamos cocinar el fiambre en familia en noviembre, aprender la receta de los tamales de la abuela y cómo no, ser los organizadores de la posada en diciembre.

Sin embargo, los guatemaltecos somos aquellos que al mismo tiempo que honramos la receta de la abuela,  disfrazamos a nuestros hijos de “inditos” para los actos cívicos de la escuela porque se ven lindos, juramos a la bandera -sin movernos y de forma disciplinada- repitiendo estrofas que no entendemos y armamos el mercadito lleno de símbolos patrios para las fiestas independentistas.

¿Quién nos enseñó estas otras tradiciones y por qué las celebramos? ¿Cuántas veces nos hicieron repetir en el colegio o escuela las gastadas estrofas hasta que todos a una misma voz pudiéramos cantar el himno nacional? ¿Cuándo empezamos a normalizar a la Guatemala folclórica, aquella que hace resaltar la multiculturalidad del país con trajes, bailes y comidas? Estas otras tradiciones dañan la identidad que creemos querer construir, porque continúan reforzando estereotipos e imágenes falsas de la Guatemala que vivimos, una Guatemala que lejos de ser incluyente, todavía tiene mucho que caminar en el tramo de la libertad e inclusión para todos y todas.

Es por eso mismo que afirmamos que como guatemaltecos, de contradicciones estamos hechos. 

Contradictorios, porque nos gusta ser guatemaltecos y nos encanta encender el orgullo que nuestro país nos genera, pero si empezamos a hablar de los problemas que este mismo bello y horrendo país tiene, allí nos hacemos para atrás. No nos gusta. No nos gusta que nos cuestionen nuestras propias tradiciones, nuestras propias ideas construidas a partir de un país desigual.  ¿Por qué celebrar la independencia con antorchas, desfiles y hermosas señoritas independencia? ¿De qué independencia hablamos?

Porque mientras más de la mitad de nuestros niños menores de 5 años sufran desnutrición crónica, el fuego patrio no puede arder.

Mientras las condiciones de este país sigan expulsando a miles de jóvenes al exterior buscando una vida mejor, ¿qué libres vamos a ser?. 

Cada vez que una vida inocente es arrebatada de su familia y amigos por las altas tasas de violencia en el país, la niña independencia también muere de a pocos.

Y es que la independencia tiene que ser mucho más que las tradicionales antorchas y los desfiles militares. La independencia está allá afuera, pero no necesariamente en las tradiciones propias de las fechas, sino en las comunidades y poblaciones que desde sus territorios, están buscando ser escuchados. La verdadera niña independencia es aquella que se está cuestionando el sistema en el que vive, acepta y agradece las condiciones que le permiten tener una vida digna, pero al mismo tiempo se indigna al observar y comprender las injusticias que viven muchos ciudadanos alrededor del país.  La independencia se respira en Guatemala, pero no necesariamente en las mismas viejas y usadas calles donde dejamos pasar todo nuestro “amor patrio” por medio de tambores, antorchas y fuegos.

Ser guatemalteco contradictorio no tiene por qué ser necesariamente un calificativo negativo. La contradicción misma, al ser pensada y reflexionada, nos debería permitir ir más allá de nuestras tradiciones y lograr que estas no sean la frontera de nuestro orgullo patrio. La contradicción nos podría hacer reflexionar sobre las tradiciones que nos hacen ser y sentirnos orgullosos de ser guatemaltecos y aquellas que aunque nos cueste ver, no aportan a la construcción de una Guatemala donde quepamos todos y todas.  Demos un paso más e intentemos construir el país que soñamos, un país realmente libre, solidario, incluyente y con oportunidades para todos.  De nada sirve estar “encendidos en patrio ardimiento” durante estas fechas, si poco nos importan los dolores de nuestros compatriotas, si seguimos discriminando y estereotipando con palabras y acciones, y seguimos siendo desconocedores de nuestra realidad nacional.  Ser guatemalteco de corazón es poder lograr el equilibrio entre la antorcha y la sensibilización de la realidad, entre la tradición y la transformación.  Saludo dos.

Recomendación del día: Posts de #Reinventarlapatria de nuestra columnista Lenina García. Aportes de cómo crear ciudadanía desde una pedagogía crítica en el marco de los festejos de Independencia.

About the Author
Related Posts

Cínicos. Esa es la palabra que encontramos más acorde para los protagonistas causantes de la crisis...

La coyuntura que actualmente se encuentra atravesando el país es algo parecido a una película de...

Llega el fin de semana y muchos pensamos en descansar. Se vale, especialmente cuando las semanas...

Leave a Reply