By Carlos Muñoz
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Carlos B. Muñoz/ Brújula/

El pasado 2 de octubre, los colombianos fueron protagonistas de una votación histórica que podía terminar con una guerra que se ha extendido por 56 años. Las opciones eran sencillas: “Sí” para terminarla, “No” para replantear las negociaciones y poder firmar la paz.  Ganó el “No” con un 50.2% de los votos.

El resultado fue una sorpresa, al menos para la prensa internacional. Aquí en Guatemala la gente opinó, comentó, se indignó y hasta se burló del resultado colombiano. Pero hubo una frase que resonó en varios comentarios: “Colombia haciendo un Guatemala”. ¿A qué se refieren?

En Guatemala los Acuerdos de Paz se firmaron el 29 de diciembre de 1996 sin que hubiera una votación de por medio (¿se imaginan qué hubiera pasado?) por lo que, al parecer el proceso no fue el mismo y lo que pasa en Colombia no es lo mismo que lo que sucedió en Guatemala.  Sin embargo, hay algunos elementos que pueden mostrar similitudes entre los países, solo que en Guatemala el “No” sucedió en 1999.

¿Por qué dicen que Colombia hizo una Guatemala?  Intentamos explicarlo en estas 3 afirmaciones:

En Guatemala y en Colombia hubo  conflicto armado interno

En ambos países hubo un conflicto armado interno que inició en 1960. El contexto es muy similar: ambas fueron antiguas colonias españolas que al lograr su independencia, el control político consistió en una pugna entre conservadores y liberales hasta que a mediados del siglo XX, reivindicaciones democráticas tocaron el tema de la tenencia de la tierra. Esto implicó una preocupación para los Estados Unidos que dentro del contexto de la Guerra Fría tenía miedo que otros países latinoamericanos siguieran el ejemplo de Cuba, por lo que decide apoyar a los que desean controlar estas reivindicaciones. Es así como ambos países se dividen en 2 polos y se inician los enfrentamientos.

Los resultados fueron 36 años de guerra para Guatemala con más 250 000 muertos y desaparecidos, mientras que  en Colombia son 56 años (y contando) así como 260 000 muertos. En ambos casos los procesos de paz se han llevado a cabo con la observación de la comunidad internacional.

Ambos tuvieron un proceso de consulta popular, aunque con objetivos distintos

La consulta que se llevó a cabo en Colombia a inicios de octubre correspondió a un plebiscito en el que se buscaba que los colombianos aprobaran o rechazaran los acuerdos de paz que el gobierno había negociado con la guerrilla para poder proceder a firmarlos y terminar con la guerra interna. El gobierno estaba obligado a acoger jurídicamente lo que se decidiera en el plebiscito por lo que al ganar el “No” los acuerdos de paz ya no se pueden firmar bajo las condiciones ya pactadas.

En 1999 se llevó a cabo un referéndum constitucional en Guatemala cuyo objetivo era el de llevar a cabo varias reformas a la Constitución sugeridas e incluidas en los Acuerdos de Paz. En el caso de Guatemala este referéndum buscaba hacer 50 reformas constitucionales que abarcaban los 3 poderes del Estado (ejecutivo, legislativo y judicial) así como en el tema de Nación y Derechos Sociales. Los votantes tenían que elegir entre el “Sí” y el “No” de 4 boletas distintas.

En ambos votaron poco y dijeron “No”

En ambos países quedó evidenciada la poca capacidad de convocatoria que tuvieron los procesos de consulta popular. En Colombia solo salieron a votar el 37.7% de la población apta para hacerlo y en Guatemala solo fue a votar el 18.55% del padrón. En Colombia ganó el “No” con 50.2% y el “Sí” obtuvo el 49.8%; en Guatemala el “No”  ganó en las 4 papeletas por 40% en promedio.

En ambos casos, el país se dividió en 2. En Guatemala el “No” ganó en las zonas con predominación ladina y en las regiones indígenas del norte y occidente ganó el “Sí”. En el caso Colombiano, el “Sí” fue votado por las ciudades más progresistas como Bogotá y las regiones periféricas como Chocó (donde el Sí ganó con 80%)  mientras que el “No” fue votado en las ciudades del centro, principalmente del departamento de Antioquía.  Al final, fueron en las regiones más afectadas por la guerra en las que ganó el “Sí” y en las metrópolis donde la guerra era ajena ganó el “No”.

¿Por qué el “No” obstaculiza pero no frena?

El “No” ha significado un duro golpe para los procesos de paz tanto para Guatemala como para Colombia. Para Colombia implica tener que retomar las negociaciones y lograr acuerdos entre la guerrilla y el gobierno que puedan ser aceptados por la población. Para Guatemala implicó que muchos de los Acuerdos de Paz no tengan un respaldo constitucional que permita y obligue a los gobiernos a cumplirlos.

Sin embargo, estos resultados no significan tirar por la borda todo lo que se había logrado avanzar. Tanto Juan Manuel Santos como las FARC están dispuestos a seguir  con las negociaciones y ambas partes están comprometidas con lograr la paz. Por otra parte, en Guatemala, parte de lo acordado en los acuerdos de paz se ha llevado a cabo: el ejército se ha reducido, el poder se ha descentralizado por medio de los consejos de desarrollo, se han creado varias instituciones defensoras de Derechos Humanos y la PNC. Luego de 20 años, la paz y la democracia aunque débiles siguen vigentes.

“Colombia hizo una Guatemala” porque al igual que nosotros votó “No” en una consulta popular fundamental dentro de su proceso de paz, para sorpresa de la prensa extranjera y sus gobernantes.  Tanto en Colombia como en Guatemala, el “No” evidenció que si bien la gran mayoría desea la paz, hay  distintas formas de concebirla. La amplia polarización que generan los conflictos armados internos perjudica no solo la finalización de estos sino también los años posteriores a este. Es por eso que es válido preguntarnos y cuestionarnos si los avances que hemos logrado en estos 20 años de paz son significativos y de qué forma ha afectado el no tener un respaldo constitucional para llevar a cabo las reformas que nos conduzcan a una verdadera “paz firme y duradera” que no acabe únicamente con la guerra sino también con sus causales estructurales.

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