By Brújula
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Seamos sinceros, últimamente muchos en este país se encuentran hablando de Trump y sus decisiones catastróficas con tan pocos días al poder; como mínimo, todos aquellos que están conectados a las redes sociales constantemente. Si muchos usuarios dentro y fuera de las redes virtuales se han tomado el tiempo de hablar y pronunciarse ante estos hechos, ¿qué impedirá a los gobernantes centroamericanos hacer lo mismo? Tibieza o cobardía, aunque ambas son lo mismo.

La tibieza no sienta nada bien a la región, y menos en estos tiempos. Hasta el momento, ningún presidente centroamericano se ha pronunciado firme y contundentemente sobre las declaraciones y acciones ejecutivas tomadas por el gobierno estadounidense en estas semanas, principalmente aquellas que tienen que ver con los aproximadamente 4 millones de centroamericanos que viven en Estados Unidos de manera irregular. Con tan pocos días al poder, las decisiones que ha tomado Trump a través de una orden ejecutiva, van desde destinar fondos a la construcción de un muro fronterizo con un costo de alrededor de más de $25,000 millones USD, contratar más agentes fronterizos, construir más centros de detención y considerar retirar fondos a las famosas ciudades santuario donde viven muchos de los migrantes indocumentados. Todo esto, en aras de “resguardar las fronteras y mejorar el cumplimiento de las leyes de inmigración al interior” del país.

Mientras Donald Trump firma papeles que denigran el trabajo, dedicación y derechos de todos los migrantes centroamericanos a diestra y siniestra, los presidentes de la región, especialmente del triángulo norte (Guatemala-El Salvador y Honduras), no han mostrado siquiera un mínimo interés o intención de poder dar declaraciones públicamente sobre el tema y menos aún, pronunciarse como bloque. Y a pesar de la tibieza de los gobernantes centroamericanos, mucha vergüenza genera el hecho que tanto Jimmy Morales, como Salvador Sachez Cerén, hicieran uso de sus redes sociales únicamente para hacer frases sutiles de apoyo al trabajo migrante en vez de demostrar su rechazo y cuestionamiento ante las acciones racistas y denigrantes del gobierno estadounidense hacia nuestros compatriotas o es que ¿acaso están en común acuerdo con las decisiones tomadas?

¿Esperan algo? ¿A qué le temen? ¿Qué los frena?

Los cuatro millones de centroamericanos no viven en Estados Unidos a expensas de este; todo lo contrario.  A estos, les ha tocado vivir y luchar por ese “sueño americano” desde el lado más triste y amargo que pueda existir, han tenido que trabajar jornadas dobles para poder vivir dignamente mientras apoyan económicamente a sus familias en sus países de origen. Estos centroamericanos, no decidieron dejar sus tierras por irse a Disneylandia precisamente; porque la vida del migrante es arriesgada, sacrificada y dura. Porque si sus países de origen les ofrecieran las oportunidades para llevar una vida digna, seguramente nunca los habrían abandonado.

Y mientras los gobernantes centroamericanos no están dispuestos a alzar una sola voz contra las decisiones de Trump, otros políticos en otras latitudes -incluidos presidentes- ya lo han hecho.  Justin Trudeau desde Canadá, Rafael Correa desde Ecuador o Enrique Peña Nieto en México, entre otros, son ejemplo claro de esta situación. Es más, incluso medios y programas televisivos en Holanda, Alemania, Dinamarca, Suiza y otros países europeos han demostrado tener más agallas que los nuestros; pues han hecho una sátira de videos que se han compartido a través de Youtube en la que cada uno se muestra como la mejor opción para ser el segundo mejor país del mundo, después por supuesto, de los Estados Unidos tras el mensaje trumpista de “America first”. Organizaciones como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) o la Provincia Centroamericana de la Compañía de Jesús, se han pronunciado con respecto a estas decisiones. Pero nuestros presidentes no, ellos se han quedado callados, inmóviles, dejando en la opinión pública el sinsabor que provoca el silencio incómodo.

Nuestra región se encuentra en una posición vulnerable ante algunas de las decisiones estadounidenses y si nuestros líderes políticos deciden ser como las avestruces, enterrar la cabeza en el suelo y no dar la cara públicamente, temer enfrentarse a un líder con -hasta el momento- cuestionada legitimidad y por sobre todo, no ser lo suficientemente hábiles y estratégicos para pronunciarse y unirse como bloque centroamericano, pareciera ser que estas decisiones norteamericanas nos pegarán más fuerte de lo que pensamos.  Es momento de salir del agujero, ser valientes y mostrar el desacuerdo y la postura firme de nuestros países ante decisiones de terceros que afectan a guatemaltecos viviendo en Estados Unidos.

Migrar es un derecho humano y construyendo muros lo único que se logrará, es que muchos puentes se tiendan entre otros y otras, aislando así al gigante norteamericano. Sin embargo, mientras entre nosotros y principalmente nuestros gobernantes, no vean las potencialidades de accionar juntos, este gigante seguirá siendo así, gigante, omnipotente, hundiendo a todos aquellos a su alrededor. Es momento de despertar, por nuestro país y la dignidad de nuestros migrantes guatemaltecos.

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