By José Andrés Franco
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Andrés Franco/ Opinión/

Era de esperarse que, después de una campaña tan particular, los primeros días de la administración Trump acapararan cada titular y que los medios estarían más que pendientes sobre sus posiciones y acciones sobre los temas que fueron constantemente debatidos durante su campaña.

Más allá de los momentos graciosos y los memes que nos dejó el acto de juramentación del presidente número 45 de los Estados Unidos, el interés de muchos analistas siempre se enfocó en la forma en cómo sus controversiales posiciones y promesas de campañas se materializarían al momento de hacer gobierno.

Uno de los primeros indicadores que nos brinda sus primeros días de administración, es la cantidad de acciones ejecutivas (executive actions): 22, hasta el 3 de febrero.

Sin embargo hay que hacer una aclaración, estas acciones firmadas por parte del singular presidente tienen diferentes tipos, y vale la pena separar a las que tiene una implicación más profunda tanto para la política interna del país, como la exterior.

Están, como las acciones con mayor implicación, las órdenes ejecutivas (executive orders), que son registradas y publicadas y son directivas por parte del presidente hacia los diferentes departamentos y secretarias que conforman el organismo ejecutivo. En segundo lugar están los memorandos presidenciales (presidential memoranda), que más allá de establecer órdenes directas, son utilizados como sugerencias de cómo de ser implementada una ley o la revisión del desempeño de los reglamentos existentes de ciertas agencias. Y por último están las proclamaciones presidenciales (presidential proclamation) que observaciones sobre celebraciones federales o proclamaciones hacia meses específicos, para invitar a la reflexión sobre diferentes temas.

Partiendo de esta separación, 8 de estas acciones son órdenes ejecutivas, 12 son memorandos presidenciales y 2 son proclamaciones presidenciales.

Entre los temas más controversiales que tocan las órdenes ejecutivas y los memorandos presidenciales, se encuentran la intención de repeler Obamacare, la prohibición de la entrada de inmigrantes, la construcción del muro (y su financiamiento por parte de México), la salida de Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica, los cambios en la integración del Consejo Nacional de Seguridad, la revisión para cortar regulaciones a Wall Street, entre otros.

Sin embargo, el uso de este tipo de mecanismos no es ajeno a otras administraciones. Tratándose específicamente de las órdenes ejecutivas, Barack Obama firmó 277 de estas en sus 8 años de gobierno, estableciendo un promedio de 35 por año.

A su vez, la forma como se utiliza este tipo de mecanismos es variada, a partir del objetivo que se busca al firmarlas. Por ejemplo, Obama, Bush y Clinton utilizaron en su mayoría las órdenes ejecutivas para hacer cambios a órdenes de sus antecesores, o cambios en comisiones o comités gubernamentales.

Este tipo de mecanismos es una característica dentro de los presidencialismos, sin embargo su utilización para influir en temas controversiales o de alto impacto, puede encontrar como “obstáculos” a los diferentes organismos de control que evitan que este tipo de órdenes puedan violar otro tipo de derechos o libertades individuales.

En el caso de la prohibición de la entrada al país por parte de personas provenientes de países con mayoría musulmana (Iran, Iraq, Libia, Somalia, Sudan y Yemen), un juez federal del estado de Washington bloqueó la orden ejecutiva causando la molestia y la crítica directa (por medio de tweets) hacia la decisión del juez, por parte del presidente.

Esta decisión fue calificada de ridícula y la amenazó de ser anulada.

Este caso es la razón por la cual coloque a la palabra obstáculo entre comillas, porque más que eso, las medidas por parte de los organismos de control se emplean para detener acciones que amenacen a un orden constitucional.

Rasgos como el constante uso de órdenes ejecutivas y la crítica tan severa sobre las decisiones de un organismo de control, al considerarlos como obstáculos o impedimentos para la efectividad de las acciones que desea realizar, podrían las primeras señales de un gobierno con probabilidades de ser delegativo.

Teniendo como referencia a Guillermo O’Donnell, en donde el presidente y su cuerpo técnico desarrolla un particularismo, al  utilizar mecanismos como el decretismo para la toma de decisiones, dando poco o nula importancia a los mecanismos de control, pensado en que están desarrollando una relación directa con el pueblo.

Tocará esperar y seguir observando el desarrollo de dicha administración para determinar si lo elementos planteados por O’Donnell pueden utilizarse para entender las acciones del este particular presidente.

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Estudiante de la Licenciatura en Ciencia Política en la Universidad Rafael Landivar, me considero inesperadamente diferente y no me gustan las limitaciones que evitan expresarnos. Me gusta vivir para aprender y aprender para vivir.

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