By Alexander López
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Alexander López/ Opinión/

La Universidad Rafael Landívar además de impactar académicamente en la coyuntura del país, también impacta en la vida personal y profesional de los estudiantes y familias guatemaltecas a través de sus diferentes programas de becas. Gracias a esos programas es que muchos hemos cumplido nuestros objetivos de graduarnos y alcanzar otros sueños.

Dentro de estos programas de beca, una en especial recibe el apoyo de la cooperación alemana y va dirigida a población con pocas oportunidades de desarrollo. La beca Alemana para la Paz –o Beca KFW como se conoce dentro del Departamento de Becas-, permite a guatemaltecos pertenecientes en su mayoría a comunidades indígenas y comunidades en el área rural, la oportunidad de estudiar la carrera que mayor impacte en sus comunidades, con un beneficio del 100% de exoneración en cuotas y gastos administrativos.

Este tipo de beneficio permite sufragar los costos completos de las carreras, además de proveerles de un apoyo económico –en referencia a gastos de movilización de sus comunidades al campus regional, reforzamiento académico, libros, etc.-, así como de un acompañamiento personal y humano a través de sus tutores en las diferentes regiones del país.

Por estas razones, me satisface demasiado el hecho que las Becas KFW vayan dirigidas a jóvenes y adultos quienes realmente no tengan la capacidad y/u oportunidad de estudiar en Guatemala y que incluso no teniendo ninguna probabilidad de mejorar su situación social, se arriesgan a emprender un proyecto de vida profesional.

Son realmente sorprendente las experiencias de esfuerzo y valor que se observan y escuchan de los mismos becados.

Por ejemplo, en una ocasión conocí a una estudiante becada y a sus padres quienes no hablaban nada de español y que habían viajado desde una aldea de Sololá por más de cinco horas para llegar al Campus de Quiché, acción que repetía la alumna todos los fines de semana; o un estudiante que debía aprovechar para cargar su computadora en el Campus de la Verapaz porque en su aldea no tenían aún energía eléctrica; o el caso de una estudiante que salió de su aldea para trabajar en servidumbre por Q500 al mes y poder estudiar los fines de semana en la universidad; o el caso de un chico fantástico que tenía muchos deseos de estudiar aunque vivía en una covacha y lustraba zapatos en Las Verapaces.   

Estos estudiantes son quienes tienen el corazón más noble pero también la valentía más significativa para aprovechar los retos y recursos, y demostrar en sus comunidades que los sueños se pueden alcanzar, y que más allá de lo que su entorno les pueda ofrecer, pueden acceder a un sinfín de oportunidades profesionales más para promover el desarrollo en sus localidades.

En estas circunstancias es que también se refleja y concreta la verdadera ayuda y cooperación entre instituciones –como la nuestra- y organismos internacionales como el Banco Alemán, el cual ha depositado su confianza en la URL no solo para administrar los recursos para becas, sino también para otros componentes adicionales con respecto a educación y sistema de justicia.

No cabe duda que, los estudiantes que han sabido aprovechar estos recursos, son los que realmente reflejarán un impacto social en el país y que con la incidencia, propuestas, y liderazgo ejercido desde sus profesiones, permiten contribuir a los objetivos que se plantea la universidad y la República Federal de Alemania.

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