By Brújula
Posted: Updated:
0 Comments

Claudia Aj Hernández/ Colaboración/

Constantemente me cuestionaba por qué la adultez conlleva caras largas, prisas, preocupaciones y tantas responsabilidades. Si bien es cierto que con el pasar del tiempo las cargas se van haciendo pesadas, esto no debería ser motivo para amargarnos la vida y privarnos de gozarla plenamente.

Lo primero que me dijeron ya graduada fue “Ahorita empieza lo duro, la vida aquí afuera es difícil”, y comenzaron las preocupaciones de los 18 años: encontrar trabajo. Vivimos en  un país donde te cierran las puertas por no tener experiencia, por no tener la puta experiencia que te están negando porque ellos esperan que una patoja de 18 años conozca del manejo de los procesos administrativos de una empresa que difícilmente sabes a qué se dedica, esperan que tengas disponibilidad de horario y que estés acostumbrada a trabajar bajo presión.  Finalmente cuando lo conseguís, lo ves todo resuelto y cuando recibís tu primer sueldo creés que se habían equivocado, que no hay nada de difícil en esto de ser adulto. Yo por ejemplo, me sentí una mujer poderosa que podía hacer de todo con Q2, 500.00. Claro, el sueldo mínimo, que poco a poco te va alcanzando para menos y no entendés el porqué, si antes no ganabas un centavo y sobrevivías sin que te hiciera falta nada.

Comenzás a sentir que la vida se vuelve más cara, realmente tus obligaciones van aumentando y volvemos de nuevo a las preocupaciones.

Pasa que cuando te das cuenta, estás a 8 del mes y ya no tenés dinero, pasa que te quedás sin almorzar un sábado porque te rechazaron la tarjeta en el restaurante de comida rápida, pasa que así de rápido vos también sos una de esas caras largas que caminan acongojados por la calle, pensando en cómo sobrevivir los 22 días que le faltan al mes. Pasa que querés viajar, hacer deporte, meterte a un curso de repostería y te sentís ahogado en el poco tiempo que te queda para dormir después de una jornada de trabajo, la universidad y el tedioso trajineo en bus para regresar a tu casa.

Y pasa que te tumbás en la cama repasando la interminable lista de penas y reflexionás. Se te abren los ojos y te das cuenta que lo que vos llamás problema no tiene comparación con aquellos que no tienen un centavo para comer y seis hijos que mantener, con esos que pasan la noche en una banqueta o con los que tienen a un familiar agonizando en la camilla de un hospital. Descubrís que a pesar que te has topado con ciertas dificultades que no te contaron de ser adulto, sos afortunado. Por eso yo escojo ser adulta con las preocupaciones de un niño, escojo apreciar la simpleza en las cosas y vivir sin prisas, feliz y agradecida con lo que tengo y con lo que no tengo también, en otras palabras, escojo sonreír en todo momento y no esperar a tenerlo todo para disfrutar la vida, porque la vida pasa increíblemente rápido en un abrir y cerrar de ojos.

Imagen

About the Author
Related Posts

El adolescente Esvin García fue juzgado por el Gran Consejo Nacional de Autoridades Ancestrales...

Sussan Andrea Munguia Navarro/ Guatemala en su momento, fue “el país de la eterna primavera” por su...

Declaración de Johannesburgo sobre el Desarrollo Sustentable Juan José Mejía Hernández/...

Leave a Reply