By Brújula
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Ricardo A.  Samayoa/

Ha pasado ya la declaratoria de huelga de la Universidad de San Carlos y muchos estudiantes asistimos al controversial concierto de los reggaetoneros, Alexis y Fido. Un compañero de otra casa de estudios, me preguntó si yo había llegado, le respondí que sí. En broma le dije que hasta para eso estábamos siendo controversiales, porque la mayoría de sancarlistas, se retaron incluso entre sí llegando al Estadio Revolución para compartir el evento que en redes sociales tanto repudiaron entre comillas. 

Escuché o leí respecto al evento, que Manuel Colom Argueta incluso estaría rasgándose las vestiduras, que el sentido de la Huelga había perdido su sentido, entre otras cosas. Me atrevo a apoyar lo anterior y no precisamente por el concierto, sino por la espléndida indiferencia que a los sancarlistas nos ha infectado.

Los estudiantes de la Facultad de Medicina alzaron su voz desconociendo a los comités del Centro Universitario Metropolitano y en el Campus Central pareciera que nos es ajena esa coyuntura.

En estas épocas, miro por los edificios de la universidad pasar a los encapuchados reflexionando la inútil necesidad de cubrirse el rostro; de las chistosas lecturas de boletines hipócritas que insultan el verdadero sentido de la sátira como escribir con faltas ortográficas -indignas de un letrado estudiante-, la venta de cerveza -créanme que no es de la bebida de la que me quejo- y cuestionar si el dinero -incluyendo el de la Declaratoria- que se recauda, realmente está destinado a las carrozas, a las pancartas, a las mantas mal elaboradas que indecorosamente transitan por las calles donde un día, fuera del anonimato, verdaderos huelgueros universitarios estallaron en mofas la indignación del pueblo. 

Recuerdo haber ido a la hemeroteca de la Biblioteca Central y por curiosidad leí las ediciones del No Nos Tientes; lo elaborado de sus páginas, el abandono de esta arma que queda para la historia en los pasillos de cuarto nivel que tanto enfureció a militares, funcionarios y dictadores. Se tiene la idea de incluir a politiqueros, burócratas, estudiantes, autoridades administrativas, en burlescos como desmotivadores boletines que únicamente se limitan a lucrar con las agonías y carencias no solo del país, sino de la universidad. Éstos no son más que conatos de luchas de cambio porque sacar al estudiante de las aulas, venderles cerveza, hacerles reír, no es sino, un espurio patrimonio intangible que defienden algunos a capucha y espada. 

Respeto por supuesto la libertad que toman estudiantes de nuevo ingreso al integrarse a los comités, a tener nuevas experiencias de un “afectuoso compañerismo universitario de huelga”. Muchos de los que están en los últimos años de carrera -y yo-, nos cuestionamos por ejemplo si dentro del honorable, haya un impávido huelguero que haga cambiar la temática de la Huelga de Dolores, porque si viniese cualquiera, seguramente le atemorizarían si les dijera que ya es obsoleta, monótona, con falta de realidad nacional, pues redactar -si es el término correcto a emplear- puras disparatadas, no hacen más que dejar dentro del perímetro del campus un falaz combate de cambio. 

Me pregunto entonces ¿dónde está la Huelga de Dolores?

Veo en fotos de las primeras décadas del siglo pasado, el cómo era en aquel entonces; aunque, no haya presenciado ningún desfile bufo de aquella época, me doy cuenta que ha cambiado mucho. Es obvio que en el pasado las distintas facultades se situaban en distintos lugares de la ciudad y que no cabían ahí las talachas -término utilizado en recolectas no permitidas en las prisiones-, que no hacían cobros ilegales, que no lucraban en nombre de Declaratorias de Huelga, que las lecturas de boletines las hacían auténticos estudiantes, que la apariencia de un sancarlista no se ocultaba detrás de una capucha.

Ahora, se encuentra escondida en cada estudiante de escritorio, de cada dedicado alumno que tiene reprimida la indignación que agobia al país, porque cuando hace falta la motivación de lucha, nace un académico más que no predomina a nivel político, pues en en tiempos tan precarios, la población guatemalteca está olvidando progresivamente lo que hacía temblar a los burócratas de turno, que la Huelga no comienza siempre un Viernes de Dolores, porque es la respuesta a las injusticias que cada día acontecen. Porque el día que todos los estudiantes perseverantes, consecuentes, responsables y trabajadores marchen en son de una misma lucha, serán como dijo un día Miguel Ángel Asturias: “Estudiante, eres como el fuego que todo lo devora, que cuando sales a las calles ni tus cenizas quedan”. 

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