By Ana Raquel Aquino Smith
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Hacía calor afuera, estábamos por las Verapaces y en comparación con algunas de las instalaciones de otros tribunales, este era bastante espacioso. Casi era hora de almuerzo mientras la Secretaria de un Tribunal de Sentencia Penal, me contaba su experiencia. La casa donde está ubicado el Tribunal es alquilada, no es propia del Organismo Judicial y en menos de un año deberán trasladarse pues el dueño quiere aumento y el presupuesto no da para tanto. Ella dice que es increíble que se quieran implementar programas y sistemas tecnológicos, cuando a veces lo que falta son cuestiones básicas como instalaciones físicas: sillas, escritorios, remodelaciones de espacios y hasta de los sanitarios para los trabajadores. El eterno dilema de implementar programas de tecnología cuando las capacidades físicas del lugar y equipos no dan la talla. Ella lo decía con tono de preocupación. Tiene 15 años de trabajar para el Organismo Judicial, 2 hijos y 34 años de edad.

No es secreto que existen dificultades a la hora de impartir justicia. Conocer los juzgados de la capital, da una perspectiva totalmente distinta a conocer el Organismo Judicial en el interior del país. Allá, el concepto de Estado se ve con miopía; no parece que hay alguien encargado, no se siente unidad y pareciera que van por su propia cuenta. Comenta la Secretaria del Tribunal, que de todos los magistrados, la única que ha llegado a verlos (1 vez) fue Thelma Aldana. Allí, en esos otros 21 departamentos es donde sucede en realidad lo que se firma en contratos, papeles y licitaciones en la capital. La centralización en la administración pública, aniquila cualquier intento de avance. Somos 22 departamentos no solo la capital o cabeceras.

La vida en el campo es una cápsula, pero en Guatemala parece que nos acercamos más a un agujero negro. Sin salida.

Los obstáculos que tiene el Organismo Judicial son varios: la fuerte carga de trabajo, el poco presupuesto, la corrupción de sus funcionarios, el retardo de las causas gracias a la mala práctica de los abogados litigantes y el exceso de burocracia. “La verdad es que, a pesar de las condiciones, si la gente quiere trabajar se busca la manera, dice sonriente la Secretaria.

Hablamos ahora de cómo se utilizan los recursos tecnológicos en el Tribunal. Ella dice que a los guatemaltecos nos encanta el papel. Todo lo queremos por escrito y con copia. Los Tribunales no son la excepción sino la regla. Ha costado que los organismos del Estado tengan apertura a lo electrónico, a nuevas maneras de hacer las gestiones. Trabajar ahora con información subida a un sistema y digitalizar procesos completos es muy novedoso. Sin mencionar, el doble trabajo que esto acarrea por no contar con los equipos adecuados y por la desconfianza que aún les genera a los jueces la firma electrónica.

En estos tiempos, un país que no abraza la tecnología, se estanca.

Realizar las gestiones de una manera más eficiente y electrónica, es una cuestión que tomará años y si bien ya funciona en algunas gestiones judiciales, hay mucho por hacer. La Secretaria, cuenta que lo más costoso en un Tribunal, no es tener el equipo más moderno o conseguir quién done un buen scanner, sino es hacerles entender a los demás auxiliares de justicia que las diligencias ya no se harán de la manera que lo han hecho por años. Menciona el caso de auxiliares del Tribunal, con más de 30 años trabajando, unos con apertura y ganas de aprender y otros en negación a las nuevas tecnologías. En gran parte el problema es de mentalidad. La cultura del guatemalteco es cerrada y de resistencia, nuestra historia lo demuestra. A primera vista, pareciera ser que nos cuesta innovar aunque sea, por un bien ulterior.

La justicia mantiene la armonía entre los habitantes de un lugar. Es un ideal. Es la base del Derecho e idealmente, de las leyes. Es difícil encasillarla porque no hay una sola y última definición de justicia. La Secretaria, como quien cuenta un secreto, susurra: con una mentalidad cerrada y vieja, no podemos tener justicia; cambiar es parte de hacerla.

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Defensora de la rebeldía justificada en principios éticos universales.
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One Comment
 
  1. Carmen Rossi / 25/04/2017 at 16:31 /Responder

    Y no sólo en el OJ se tienen esas deficiencias, prácticamente todo el sector de seguridad y justicia está en trapos de cucaracha.

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