By Daniela Archila
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Este tiempo libre que tuve, no me fui a la playa, ni al lago ni a ningún otro lugar, lastimosamente. Pero me di mucho tiempo para mí, para pensar en muchas cosas, para animarme y para automotivarme en muchas situaciones. Me sentí muy contenta toda la semana.

Generalmente no escribo mucho de esto y quizá se salga un poco de contexto con  lo que están acostumbrados a leer pero, en este tiempo libre recordé que hace unos años no tenía tiempo para mí y si lo tenía lo ocupaba intentando complacer a alguien. Recordé lo mucho que me costó quererme y el largo proceso que tuve en salir de una relación sentimental basada en abusos que me dejó el autoestima por los suelos.

Me sentía devastada, creía que no iba a salir de ese estado en el que nada te hace sentir mejor y que viviste tan sumisa, tan metida en algo que jamás tuvo algún beneficio que te sentís extraña y desprotegida siendo libre.

El miedo siempre está, el miedo es parte de sentirse vivo, de sentirse valioso.

Pensé en lo mucho que hasta la fecha, en pleno siglo XXI las parejas (sobre todo adolescentes) hacen del amor una dependencia, una cárcel. El jugar con las intenciones y con el corazón de una persona que está dispuesta a amarte y cuidarte, es abuso. No es obligación corresponderlo pero se deben respetar y aclarar desde un principio las intenciones.

Es muy complicado después de que un supuesto amor te rompe, te desvaloriza y te hunde en el dolor, volver a quererte porque, obvio, cuando una permite que la lastimen es porque el amor propio en esos momentos no existe. Cuando uno permite que la lastimen el primer agresor es uno mismo.

Me parece muy curioso que la reconstrucción del amor hacia uno mismo sea más extensa que el amor que se llega a sentir por otra persona como, por ejemplo, nuestras parejas. Este proceso se basa en una serie de situaciones, voluntad y retos que te llevan a lograrlo.

Yo comencé por llorar, es como todo, para sanar hay que limpiar y no importa para qué situación se aplique.  Y ahora me refiero a la sanación principal del corazón, luego hay que matar y desechar lo que te provoca dolor, lo que te quita la paz. Entonces, los sacas, los eliminas de tus proyectos, de tus fracasos, de tus logros y de tu vida.

Hay que tomar en cuenta que las cosas no suceden solas y que si uno no coopera, el proceso no funciona. Eliminé todas las canciones tristes, es increíble pero la música tiene mucho que ver en todo lo que hacemos. Comencé a ocupar mi mente y mi tiempo, hice ejercicio, leía o escribía, buscaba actividades que me ayudaran a mantenerme ocupada y que fueran productivas para mi vida y mi corazón.

Recuperé lo que me quedaba de amigos e hice nuevos, me alejé de los lugares que me lastimaban, me arreglé para gustarme a mí y no para gustarle a alguien más.

Y llegué al punto más importante: empecé a hacer tiempo para mí y ese pequeño acto demostró que me estaba volviendo a querer.

Lo más importantes es darnos tiempo y pensar.  Recuerdo muy bien cuando me encontré bailando mi canción favorita sola en mi cuarto y cuando me di cuenta, comencé a reír, me inundó un sentimiento de paz increíble, me sentí real y completamente libre, dejé de tener miedo, comencé a defender mis ideales y ya no permití que nadie me dijera qué debía o no hacer.

Me sentía realmente bonita no importaba qué apariencia tuviera al verme al espejo, me gustaba. Recuperé mi risa de verdad, dejé de querer complacer a los demás y de cumplir las expectativas que tenían de mí por lo que querían que yo fuera porque comencé en pensar en mí, en descubrir qué quería para mi vida, empezó la incertidumbre de saber quién era yo y qué fin tenía mi vida.

En este punto del descubrimiento personal es muy importante aclarar que no podemos obligarnos a hacer o ser algo solo porque hay que hacerlo, a veces existimos con el único fin de ser feliz o de leer muchos libros o de hacer cosas sencillas que nos alegren el alma y eso también está bien.

Aprendí a vivir y lo que más me gustó de este proceso es lo mucho que ahora creo en el amor porque lo encuentro en mí cada día y les puede sonar ridículo por todo lo que constantemente pasa en  el mundo pero también lo encuentro a mi alrededor. Es cuestión de aprender que entre la tempestad siempre se ven granitos de amor, hay personas que realmente hacen el mundo más bonito, solo hay que aprender a verlas.

Lo único que les puedo decir y que aprendí muy bien es que siempre quiéranse, cuídense, ámense, ríanse, sueñen, vivan porque todo lo que somos siempre lo podemos convertir en algo mejor y a veces puede resultar difícil pero no es imposible.

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Ser surrealista. Una reconquista de lo mal conquistado. Amante de los huipiles, la tinta y la poesía.

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