By Andrea Godínez
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Li’Ki’l tiene 27 años y hoy está muy contenta. Le gusta que sus amigos y familiares le llamen Ki’l, aunque cuando le toca hacer presentaciones o hablar en castellano, se presenta como María Toma Toma, “ese es mi nombre en castellano”. El día de hoy, Ki’l usa un traje ceremonial pues se graduó junto a cuatro compañeros más de Técnico en Desarrollo Rural Comunitario de la Universidad Ixil en el Municipio de Nebaj, Quiché.

Luego de acompañarla durante el acto de graduación, nos trasladamos a su comunidad ubicada en San Juan Cotzal. Eran las 4 de la tarde y Li’Ki’l nos abrió las puertas de su casa. La casa es una mezcla de adobe y concreto que cuenta con un pequeño jardín de plantas medicinales al frente que ella misma se ha encargado de sembrar. Avanzada la discusión, entendimos la importancia que tiene para Li’Ki’l cultivar sus propias plantas. Nos sentamos en una banca de madera en el corredor de la casa mientras en la pila lavando ropa, se encontraba su madre y en el pequeño jardín jugando junto a los vecinos, sus dos hermanos más pequeños. Nunca nos mencionó el nombre de todos los integrantes de su familia pero sí nos comentó que en aquella casa, vive ella junto a sus otros ocho hermanos, su papá y su mamá. 

En Guatemala se están pensando otras formas de educación y una de estas son las universidades mayas, las cuales buscan repensar los métodos de educación occidental impuestos desde la época colonial. Hace 6 años en el municipio de Nebaj, se estableció la Universidad Ixil con el objetivo de rescatar la cultura y creencias del Pueblo Ixil, es decir, las prácticas heredadas por los ancestros. Actualmente, la universidad cuenta con alrededor de ochenta estudiantes ixiles y con tres sedes: dos en Nebaj y una en San Juan Cotzal. La metodología es a base de debates, reflexiones y visitas a las parcelas en las comunidades, recuperando el conocimiento que ya existe en ellas. De acuerdo al rector de la universidad, Pablo Ceto, la universidad se crea con el propósito de trasladar a las nuevas generaciones las vivencias, valores culturales, cosmovisión y experiencias del Pueblo Ixil que cuenta con más de 60 años de historia. La Universidad Ixil es un ejemplo de pensar otra forma de educación. 

A pesar de no estar acreditada aún por el Consejo Superior Universitario de la USAC, la Universidad Ixil es respaldada por la Red de Universidades Indígenas de América, especialmente por la de Antioquía en Colombia y la nicaragüense Martin Luther King. Los programas de estudio más importantes son la administración de recursos naturales, gestión de recursos, historia del Pueblo Maya Ixil, el conocimiento del Estado y los derechos humanos.

“Recreamos lo nuestro en base a experiencias de nuestros abuelos para entrar con dignidad y capacidad en la globalización: desde lo educativo con identidad, con derechos y capacidad de administrar nuestros propios recursos”, Pablo Ceto.

Li’Ki’l es una joven Maya Ixil de 27 años de edad proveniente del Cantón Tzicho’á en San Juan Cotzal en el Municipio de Nebaj. Es la mayor de 9 hijos y la primera en graduarse de la universidad. Junto a su hermana, son las únicas que han salido de su casa para trabajar y así poder apoyar económicamente a su familia de once integrantes, el resto de sus hermanos todavía estudia. Actualmente trabaja para la Fundación para el Desarrollo y Fortalecimiento de Organizaciones de Base (FUNDEBASE), dando acompañamiento y fortalecimiento de autoridades ancestrales en dos comunidades en los ejes de defensa del territorio, soberanía alimentaria y mujer y juventud. Su mamá se dedica al trabajo de la casa: oficio, alimentación, y cuidado de los hijos, pero también es artesana fabricando güipiles como el que María tiene puesto hoy. Su papá se dedica a la agricultura para el autoconsumo de la familia.

Antes de entrar a la Universidad Ixil, Li’Ki’l estudió para auxiliar de enfermería pues le gustaba aprender cómo curar enfermedades y así fue como algunos años atrás trabajó para la Fundación Toriello en el área de salud con mujeres líderes en sus comunidades. Allí aprendió mucho gracias a las comadronas, abuelos y abuelas de las comunidades en Quiché. “Todo lo que he aprendido, lo replico en mi familia. Entonces en mi casa impulso el consumo de medicinas naturales, por eso tengo sembradas muchas plantas que sirven para enfermedades o para consumo de mi familia. Dice mi papá que saqué la raíz de mi abuelo porque él era enfermero empírico,” afirma.

De acuerdo a Ceto, a diferencia del sistema de educación capitalista, las universidades mayas parten de un aprendizaje propio del territorio local, formando jóvenes para que con criterios ancestrales, sean útiles para el desarrollo del bien común de sus pueblos; los estudiantes en base a las experiencias de las visitas de campo a los abuelos de la comunidad, comadronas, campesinos y líderes comunitarios junto a lo investigado en otras fuentes, crean sus propios conceptos. Tanto Ki’l, como Pablo Ceto, aseguran que estas prácticas están siendo olvidadas por las nuevas generaciones debido a que el sistema capitalista impulsa e impone otro tipo de metodologías que tienen un enfoque de consumo de lo de afuera, haciendo que se pierda la cultura.

Como requisito de graduación, Li’Ki’l presentó el proyecto titulado “El rol de las mujeres y su aporte en la agricultura campesina y la economía familiar Ixil” motivada en base a su experiencia de trabajar con campesinos en el área Ixil. Comenta que ha visto cómo las mujeres hacen grandes esfuerzos por aportar desde la agricultura familiar y que no está siendo valorizado y/o sistematizado. Entre lo observado por Ki´l en su trabajo de campo, es que de los productos cosechados las mujeres siempre priorizan el consumo familiar y los excedentes son los que llevan a los mercados para vender y así aportar a la economía familiar.

Probablemente lo que motivó a Ki’l a trabajar siempre con mujeres fue que al ser la hija mayor, su padre no la apoyó cuando iba a la escuela a estudiar. Recuerda que durante su niñez, fue su madre quien luchó junto a ella pues por el hecho de ser mujer, para su padre no tenía valor.  Sin embargo, Li’Ki’l ha desafiado al sistema machista ya que desde los 10 años ha trabajado para apoyar a su familia y a sus 27 años, es una mujer plena sin la necesidad de estar casada o tener hijos.

“El aporte de la mujer es tan grande pero no lo ven por el machismo que influye mucho y que es heredado del sistema capitalista que vinieron a imponer los españoles con la colonización.” Li’Ki’l

Al conversar sobre su niñez, recuerda que desde muy pequeña empezó a trabajar ayudando a una señora a vender frutas en el parque de San Juan Cotzal y cuando estaba en sexto primaria, durante sus vacaciones, se fue a la capital a cuidar niños ganando Q200 al mes. Cuando ya era adolescente, trabajó junto a su mamá haciendo y vendiendo chuchitos. “Me decían que tenía suerte para hacer negocios, porque todo lo vendía.” Cuando inició sus estudios para auxiliar de enfermería, trabajó en la cabecera departamental (Santa Cruz del Quiché) con una familia mu’s —así le dicen a los ladinos en Ixil—, que le permitía estudiar los sábados, pagándole Q400 al mes.

La mujer que desde los diez años empezó a trabajar, hoy con los brazos cruzados y voz cansada, nos asegura que las mujeres son poco reconocidas por su trabajo y necesitan ser valoradas. Su proyecto de tesis lo refleja. Sostiene que las mujeres deberían tener igualdad de derechos para el acceso a la tenencia de tierras y una política de mujeres que rescate y le otorgue valor al trabajo que están realizando. “Las mujeres también tienen derecho a decidir qué se va a sembrar y por eso tienen derecho a que les sea heredado aunque sea una cuerda”, afirma. Es por esto que insiste en que a las mujeres se les debería entregar un machete, un azadón y una piocha para que puedan unirse al trabajo de campo y mejorar la economía y alimentación familiar.

“La otra educación forma gente para otros términos de desarrollo, una cultura universal.  Aquí practicamos más el diálogo con el derecho a la palabra que es algo que la invasión nos quitó”. Pablo Ceto.

El tema de repensarse una forma de educación alternativa a la occidental, no pelea con el sistema educativo tal y como se conoce. Juan Blanco, director del Instituto de Investigación y Proyección sobre Diversidad Sociocultural e Interculturalidad (ILI) de la Universidad Rafael Landívar, afirma que es importante valorizar otras formas de producir conocimiento porque esto potencializa la pluralidad del mismo y de la sociedad.  “Aquí también se producen conocimientos de alto nivel de otra manera y sirven para algo más: para la comunidad y no para la profesionalización como lo hacen las universidades tradicionales. En la práctica son experiencias interculturales de lo que se llama polifonía epistémica que por primera vez en Guatemala estas universidades nos recuerdan que otras formas de conocimiento son posibles y han estado allí desde mucho antes“.

El salón donde hoy se realiza la graduación está lleno de familiares de los graduandos y a pesar que muchos han tenido que trasladarse desde temprano porque sus comunidades de origen están a una hora o más de distancia, la familia de Ki’l no la pudo acompañar.  Sin embargo, el ambiente de fiesta y alegría es inevitable. Li’Ki’l tiene una sonrisa de oreja a oreja ya que después de tanto esfuerzo, hoy porta orgullosamente la bandera de la Universidad Ixil.

La apuesta por crear universidades mayas en el país está rompiendo con la idea hegemónica de conocimiento; es decir, con la idea que desde la época de la colonia, se ha venido imponiendo sobre cómo son las cosas y cómo se aprende de ellas.  Para Blanco, las universidades mayas no son únicamente la valorización de la cultura, también tienen una estrategia política emancipatoria detrás que les permite a los pueblos mayas, como dice Emma Chirix, bailar con la modernidad; negociar y crear un tipo de interculturalidad espistémica y pluralidad ontológica. Dejar la idea de que existe un solo y único conocimiento y una sola y única forma de vida.

Son casi las 6 de la tarde y Li’Ki’l está cansada; ha sido un día largo y el tocoyal que porta en su cabeza pesa mucho. Sin embargo, antes de empezar a desenrollarlo y que nos despidamos, Ki’l termina la conversación diciendo: “El buen vivir para nosotros en la Universidad Ixil es valorar y rescatar lo nuestro.”  

 

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Me cansé de definirme entre líneas porque nunca he estado dentro de ellas. Veo lo que comparto, comparto lo que veo.

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2 Comments
 
  1. Eliane Hauri Fuentes / 07/06/2017 at 11:09 /Responder

    Buenas,
    Estoy ahora desse mayo y hasta agosto en clases en la Universidad Ixil. Escribí una nota, ¿me permite agregar este enlace a la nota que escribiré? Lo publicaré en el Salmón.
    Muchas gracias y muchas gracias también por esta nota. Esta joven la vi en la graduación de la U ixil en febrero y su discurso sobre el rol de la mujer ixil en la agricultura me conmovió mucho. 🙂
    Gracias y saludos.
    Eliane

    • Andrea Godínez / 07/06/2017 at 11:16 /Responder

      ¡Hola Eliane! Qué bueno que lo leiste y que has estado cercana a la historia de la Universidad Ixil y de Li’Ki’l. Con mucho gusto puedes utilizar este texto como referencia para lo que estás haciendo. ¡Saludos!

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