By Daniel Monroy
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Hay artistas que son buenos intérpretes, músicos y que logran posicionarse dentro de la industria de la música. Hay otros que aparte de ser buenos intérpretes, músicos y económicamente exitosos, son íconos que logran construir puentes emocionales con sus seguidores. Con el paso del tiempo, se establece una relación bilateral unida por diferentes elementos, como el amor, el desamor, la locura humana, los enigmas de la vida o quizás la melancolía. Natalia Lafourcade es una de esas artistas.

Todos los que hemos seguido su carrera musical hemos sido espectadores de cómo ha madurado musicalmente. Personalmente, considero que desde el lanzamiento de su álbum Mujer Divina-homenaje a Agustín Lara la artista mexicana ha demostrado una evolución fantástica, musicalmente hablando, que si se analizan minuciosamente todos los componentes musicales de las canciones, se percibe cómo Lafourcade decidió sumergirse en universo musical muy distinto al que venía trabajando. Las progresiones de los acordes, la dualidad de guitarras acústicas y guitarras eléctricas con un sonido orgánico y natural con un toque sutil de reverberación, baterías con sets bastante simples y pianos que enriquecen cada canción, convirtiendo a Mujer Divina, en un viaje que hace recular y recordar al fantástico compositor mexicano Agustín Lara y su genialidad para plasmar en letras los grandes embates del corazón humano.

Natalia tiene la habilidad de transportar a las personas a mundos inimaginables, con su inigualable voz y su interpretación viva y cargada de emociones, que endulza los sentidos, transportando a la persona a un lugar donde solo existe la música y el sentimiento; el amor y el dolor y la felicidad y la tristeza.

Solo ella, puede crear mediante la música encuentros melódicos que trascienden a la intimidad.

Con el lanzamiento de su último disco, Musas, Natalia Lafourcade se consolida como una de las mejores artistas de la región. En esta última producción, se hace un tributo a personas que a lo largo de los años han construido el folclor latinoamericano. Personajes como Violeta Parra y Margarita Lecuona son homenajeadas con versiones de algunas de sus canciones, donde Natalia junto con Los Macorinos, el dúo que la acompaña, construyen un universo melódico y armónico, con letras que invocan al amor y al desamor. En esta producción también se incluyen temas compuestos por la cantautora como “Soledad y el Mar”, donde se manifiesta la elegancia que ostenta Lafourcade para describir un elemento que es inherente al alma y al corazón mismo.

Natalia Lafourcade y Los Macorinos con este álbum marcan un hito cultural para Latinoamérica. Reviven temas y estilos musicales que han quedado olvidados en el pasado, a donde solo unos cuantos, de vez en cuando, regresan. Las guitarras al estilo de un bolero, propio de la época, y el dinamismo de la voz de la cantante, moldean una amalgama de emociones y vivencias. Con este disco se logra enseñar a las nuevas generaciones sobre la belleza de la música que ha formado parte del folclor de nuestra región y que paulatinamente se ha ido sepultando en el recuerdo. Es un instrumento cultural para rescatar el trabajo intelectual de varios compositores, que dedicaron su vida a dibujar con letras los sentimientos y las experiencias humanas.

Ellos, al igual que Natalia, han hecho de la cotidianeidad de la vida, un arte.

Así como Natalia Lafourcade les rinde homenaje con este trabajo, sé que en algunos años, o quizás décadas, muchos le van a rendir homenaje por su invaluable aporte al patrimonio cultural de esta hermosa tierra. Su material discográfico pasará a las filas del acervo cultural latinoamericano.

Natalia Lafourcade, con sus habilidades de interpretación y composición, materializadas en su nuevo disco, merece que todos la empecemos a llamar la musa de Latinoamérica. Es la artista que será la fuente de inspiración para todos los artistas del futuro que quieran seguir enarbolando la bandera del arte latinoamericano. Es una visión y un sueño. Y sé que voy a estar presente para verlo.

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Estudiante en el día y músico por la noche. Amante de las buenas historias y las buenas conversaciones. Escribo para escaparme del bullicio del día a día.

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