By Brújula
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Enrique Bocanegra/ Colaboración/

Llegamos a un 17 de mayo, llegamos nuevamente a conmemorar el Día Internacional contra la Homofobia, Transfobia y Bifobia. Vemos cómo todas las redes sociales se llenan de júbilo, apoyo y ‘shares‘ en honor y remembranza que hace 27 años la Asamblea General de la OMS (Organización Mundial de la Salud) eliminara la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales. Los últimos 3 años (según mi Facebook memories) he celebrado y gritado a los 4 vientos este día; hoy no comparto tanto esta alegría.

Antes de contar el porqué, creo que es justo dar un poco de trasfondo. Nacido en una familia ‘tradicional’ y educado toda mi vida en un colegio de clase media-alta católico parecía que todo estaba perfecto y decidido para mi futuro según los planes de Dios y de mis padres. Crecí entre cuentos y fantasías literarias, deseaba encontrar a esa persona que completará mi rompecabezas y juntos armáramos un hermoso paisaje familiar en el futuro.

Solo había un pequeño detalle en esta historia, yo no soñaba con princesas, buscaba a un príncipe.

No recuerdo en qué momento respondí a esa pregunta que, supongo, todo niño/adolescente se hace ‘¿Soy heterosexual o gay?’, lo que sí tengo muy presente es ese primer paso de este camino que tendría que recorrer. Llegó a la temprana edad de 7 años cuando mi maestra de 1ero primaria le insinuó a mi mamá con la menor sutileza del caso, que yo podría estar desorientado. A partir de ahí fue un camino cuesta arriba entre problemas de autoestima y aceptación, a ideas suicidas y problemas de relación. Un largo sendero para poder llegar a los 23 años y aceptarme tal y como soy y tal y como Dios/la Naturaleza me había hecho. Aceptarme como un ser humano que ama libremente.

Somos una sociedad de homo sapiens. Una especie que, sintiéndose segura y confiada, puede llegar a ser la especie más amable, dulce y condescendiente de todo el Reino Animal. A menos de que nos invada el miedo o el terror a la ‘diferencia’, la idea de algo diferente es nuestro peor veneno. Somos una especie que ha sabido despedazarse, destrozarse y aniquilarse entre ellos mismos solo por las diferencias que existen; sean de religión, raza, origen, color de piel, edad, orientación sexual, estilo de vida, no importa, siempre existe una razón de diferencia para la guerra. Una especie que le teme tanto a la diferencia que prefiere erradicarla y condenarla,

una sociedad que odia a quien es diferente.

Una sociedad que hace crecer a sus generaciones con la idea de que el odio es un sentimiento natural y normal, una sociedad que educa a sus generaciones contra la desigualdad pero sigue utilizando el término ‘indio’ como despectivo o frases como ‘no seas una niña’ para incentivar la hombría, una sociedad que ve cometer los mismos errores de odio y resentimiento generación tras generación solo que contra un grupo de diferentes distinto.

Volviendo al eje principal, no comparto tanto esta alegría de celebrar el Día Internacional contra la Homofobia, Transfobia y Bifobia porque, en primer lugar no tendría que existir este día. Sí, así como me leyeron, pienso que no debería de existir ni celebrarse este día; así como tampoco debería de existir el Día de la Hispanidad o el Día de la Mujer/Hombre, el Día contra el Bullying, el Día contra la Discriminación Racial, etc. Pero, lamentablemente, en una sociedad como la nuestra debemos de recordarlos y reconocerlos.

Recordar estos días como una cruz que llevamos en la espalda de lo poco tolerante que somos como sociedad.

Como un peso que nos dice lo poco abiertos que somos a la diversidad, como un peso que nos arrastra e impide evolucionar, como un recordatorio de que vivimos en un mundo de miedos y terrores a la diferencia, como una piedra en el zapato de las muchas vidas que han tenido que perecer por oponerse a la discriminación en todo sus sentidos y direcciones. Y es por ello que no comparto tanto la alegría de celebrar este día, porque es sinónimo de recordar que vivimos en una sociedad en la que hay que celebrar días de la lucha contra el odio porque aún vivimos en una sociedad donde el Odio impera más que el Amor.

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One Comment
 
  1. Luis Pablo / 24/06/2017 at 23:50 /Responder

    Que gran mensaje. Soy poco para comentar sobre temas polémicos sin embargo este artículo realmente me gustó. Gran pensamiento ojala todos pudiéramos llegar a pensar aunque sea un poco de esta manera para cambiar tanto odio que nos llena el corazón. Felicidades.

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