By Gabriela Sosa
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Hace unas semanas escribía en este mismo espacio Florencia Reyes sobre cómo en Guatemala las noticias son efímeras. Viendo la iniciativa que esta semana Brújula y otros medios de comunicación se encuentran publicando como tributo a las niñas fallecidas, no… asesinadas el 8 de marzo; no puedo evitar coincidir con ella.

En Guatemala pecamos de ponerle atención a las cosas por una semana y luego olvidarlas. Nos “indignamos”, hacemos publicaciones en las redes sociales, comentamos la noticia, quizá en casos como esta tragedia hasta se haya realizado alguna donación; y luego seguimos con nuestra rutina y nuestras vidas como si nada hubiera pasado. Seguimos con la monotonía del día a día, con nuestros pequeños dramas, con nuestras luchas (que pueden ser grandes o pequeñas, ciertamente importantes); pero pecamos de olvidarnos que alguna vez nos indignamos por alguien más.

Lamentablemente con el caso de las niñas del hogar seguro sucedió lo mismo. Los mismos medios de comunicación lo hacen en un país, no, en un mundo, donde cada día sucede algo preocupante de nuevo (Trump, Brexit, Corea del Norte, Rusia, bombardeos, ..etc.), ¿quién puede realmente culparlos?

“El show debe seguir”

Es una frase cliché utilizada para los espectáculos, pero aplica también a las noticias (¿ya que también son un espectáculo?). Deben seguir adelante, seguir reportando todas estas tragedias, todos estos males en el mundo; los noticieros y los periódicos a fin de cuentas solamente hacen su trabajo. Pero, ¿y dónde quedaron las víctimas de hace unas semanas? ¿Dónde quedaron los llantos y miradas desoladas mostradas por las madres y padres? ¿Los rostros de estas niñas? ¿Dónde quedó la niñez que se les robó? ¿Quién las recordará, aparte de sus familiares?

Guatemala es uno de los países más violentos de América Latina (por no decir el mundo). Cada día mueren decenas de personas (y se cree que no todas se reportan), o desaparecen. Decenas que mueren por falta de acceso a salud, por robos, por violaciones, por accidentes, tráfico de drogas,…etc., por infinidad de razones. Alguien podría argumentar que nunca lograríamos hacer nada en el día si nunca dejamos de pensar en ellas.

Y es cierto. Sin embargo, también es cierto que olvidarlas es un insulto a su memoria. Es imposible mantenerse al día con todas las personas que han muerto o han sido lastimadas en Guatemala y preguntarse por qué, si en muchos casos no se sabe.

Con estas niñas sí se sabe por qué y nuestra indiferencia, el no recordarlas, el olvidar que mientras escribimos y leemos esto el estado sigue sin poder proveer un lugar “seguro” para cientos de niños; el olvidar que es un efecto secundario de la pobreza y la falta de educación, del acceso a salud e información sobre métodos anticonceptivos, el olvidar que aún así muchas escuelas y colegios no quieren enseñar estos temas en sus aulas y,  el olvidar que quizás es también resultado de la violencia y machismo (¿alguna de estas madres planeó tener a estas niñas? Lo dudo.) Eso de olvidar que es parte de un ciclo que nunca termina, de la trágica historia interminable de Guatemala, que da vueltas y vueltas sobre sí misma y pareciera cambiar, pero nunca en verdad lo hace; ese lujo de olvidar todo eso no nos lo podemos dar.

¿Y qué se puede hacer? Conozco a alguien que siempre quiere soluciones en vez de ver los efectos. No obstante, van de la mano. No se pueden solucionar las cosas sin hablar de los problemas. No se puede llegar a una solución sin mencionar a todas las víctimas (estas niñas y quién sabe cuántos más), porque se merecen ser mencionadas.

Porque sí sucedió. Porque tiene importancia. Y para llegar a una solución hay que entenderlo desde adentro.

Yo no conozco la solución. Gente que ha estudiado el tema por años no conoce la solución. Pero creo que debemos empezar por no olvidar, por hacer nuestra pequeña parte para cambiar algo, porque quizás ese es el secreto: cada uno de nosotros debemos cambiar. Si no viene desde arriba por parte del Estado, tal vez podrá venir desde abajo desde su gente.

#NosDuelen56

Imagen: Unsplash

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Humana, estudiante de la vida, graduada arrepentida de Psicología, librera indecisa, lectora, adicta al café y sirviente de tres gatos. Persiguiendo palabras.

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