By José Andrés Franco
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Es difícil explicar la transición de los 23 a los 24. Es una etapa de la vida que no parece muy clara, y que está rodeada de mucha incertidumbre. Se empiezan a desarrollar conflictos dentro de ti, y resolverlos parece una tarea bastante difícil.

Tu entorno te empieza a demandar cada día, de una forma cada vez más fuerte, respuestas concisas y posturas sobre problemáticas o situaciones que no considerabas antes. Te empiezan a pedir decisiones y caminos bien definidos sobre cuestiones que, al ser analizadas desde lo que te encuentras viviendo, no es tan fácil elegir una opción de la otra.

Te das cuenta que hay muchas personas que están comenzando o terminando esta transición. La gente cambia, evoluciona, avanza o retrocede en este proceso, y es bastante claro de que los resultados de esta transición están empezando a sentir sus efectos.

Esta transición es aún más clara y a su vez dramática cuando lo puedes vivir con las personas que, poco a poco, se han vuelto parte de tu vida. Cada día parece más difícil entenderlos, pero también cada día parece más difícil no tenerlos en tu vida. Es simplemente complicado.

La consecuencias de tus decisiones ya no son un asunto a largo plazo.

Los efectos de la decisión que tomaste los empiezas a sentir casi de una forma inmediata y con esa misma velocidad, esperan que tengas soluciones para enmendar tus errores, porque ya no son cosas que puedes dejar para otro día. Es como si ese “después lo hago” o “la próxima vez lo haré mejor” tiene cada día menos validez porque las segundas o terceras oportunidades, se empieza a hacer escasas.

En ocasiones hay días que se sienten demasiado “raros”. Días que se pueden sentir fuera de lugar o que suceden situaciones que uno desconoce en lo absoluto, como si no fueran parte de tu vida, pero la verdad es que se convierten en cosas del diario vivir que una “persona adulta” ya tendría que afrontar. Algunos días demandan a una persona que todavía no esta formada en su totalidad.

Empiezas a observar desde muy cerca la fragilidad de la vida. Las personas que creías invencibles, empiezan a tener problemas que, tal vez sucedían antes, pero que no te dabas cuenta. Empiezas a valorarlas más que nunca y deseas de que estén mejor y en óptimas condiciones, pero al parecer su salud no piensa lo mismo que tu.

Cuando suceden todo este tipo de situaciones confusas y conflictos dentro de ti, es fácil dudar de muchas cosas, y encontrarse con miedos diferentes a los que usualmente te enfrentabas, es algo que de seguro sucederá.

Y es que parece como una “crisis” o “período” en la cual te sientes como el único afectado. No te preocupas o detienes a pensar de que ese mismo conjunto de emociones y conflictos dentro de ti, también le está sucediendo a otras personas de tu misma edad. Se siente como si, la edad y las situaciones que te rodean, te estuvieran golpeando para que llegues a cierta madurez, más allá de que te esté formando para esta.

Pero cuando le preguntas a las personas mas cercanas a ti que están pasando por la misma transición, te das cuenta que a ellos también les sucede los mismo. La vida se está encargando de darles ese golpe o esa mezcla de emociones que los está haciendo reflexionar como nunca antes.

Pero a pesar de esta transición tan confusa y poco entendible de nuestra vida, siempre hay que pensar qué detenerse no es una opción. Seguimos estando en nuestros mejores años, solo que la mezcla de sentimientos y decisiones, a veces hacen que nos olvidemos de eso.

Los más importante es el hecho de no sentirse solo en esta etapa.

Las personas que te rodean y que empiezas a querer más que nunca, deben de saber que estas pasando por esa transición y que, puedes experimentar mucho y tener días malos, pero que no los quieres fuera de tu vida.

Más allá de buscar una analogía para la vida y nombrarla de otra manera, prefiero seguir adelante, vivir mis errores pero también disfrutar de lo que he hecho bien. Estar abierto a conocer y conocerme. Pero sobre todo, estar dispuesto a aceptar que hay cosas que no puedo cambiar, percatarme de las que sí puedo, y sobretodo, aprender a diferenciar una de otra.

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Estudiante de la Licenciatura en Ciencia Política en la Universidad Rafael Landivar, me considero inesperadamente diferente y no me gustan las limitaciones que evitan expresarnos. Me gusta vivir para aprender y aprender para vivir.

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