By Tik Naoj
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Isabel Rosario Sal /

El referirnos al racismo y la discriminación puede ser, para algunos, ya un tema desgastado, siendo este un fenómeno mundial. Lastimosamente en Guatemala se ha vuelto parte de nuestro diario vivir, convirtiéndose en algo normal, por eso pasa inadvertido quien lo hace y quien lo recibe.

En todas partes y ámbitos nos encontramos con personas que minimizan nuestra cultura debido a la ausencia de principios y valores así como la práctica de la misma.

El etnocentrismo (considerar superioridad sobre una cultura) no ha sido eliminado, de alguna manera se ha ido radicando en distintos espacios en que nos desenvolvemos. En el sistema educativo universitario la discriminación y racismo es evidente ya que se enaltece la cultura ladina y occidental mientras se denigra la cultura maya. Un ejemplo claro es el hecho de que el significado de la vestimenta maya,  en la que se impregna parte de nuestra cosmovisión y sentir como mujeres tejedoras,  muchas veces desconocido por una cultura diferente a la nuestra por lo que recurren a inferiorizarnos de cualquier modo.

La discriminación se divide en dos categorías siendo éstas: la de lenguaje corporal (gestos, actitudes de rechazo, miradas desagradables, no saludar) y el lenguaje verbal (comentarios degradantes, burlas, descalificaciones, murmuraciones, hipocresía). El lenguaje corporal es el más frecuente clasificándose como discriminación indirecta ya que se da a través de gestos de desagrado, omisión al no invitar a formar parte de los grupos de trabajo en clase o alejarse de la estudiante maya.

En la mayoría de casos, las estudiantes recurren a una actitud pasiva ante el maltrato a su dignidad. El cuestionamiento es: ¿por qué?

 Una posible respuesta es que la población indígena en la universidades son minoría y es un tanto difícil  confrontar una mayoría de personas que desconocen su verdadero origen.

En ocasiones olvidar el acto de discriminación recibido es una opción, sin embargo esa indiferencia provoca sentimientos negativos, que se van guardando en el inconsciente de quien lo recibe, afectando así su desempeño educativo y llegando al punto de abandonar el uso de su vestimenta debido al desconocimiento de leyes que le resguardan.

Pese a ello,  aquí estamos a pesar de esas estimaciones confrontándolas día con día, ya que no es algo natural y debe ser erradicado tras una lucha continúa. Quienes estamos despertando y reconociendo el verdadero valor de nuestras raíces seguiremos siendo eco de nuestra identidad cultural viviéndola a plenitud, ya que es un derecho irrevocable.

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Contribuir al establecimiento de grupos de actores que incidan políticamente en los contextos en que se desenvuelven.

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Empoderar a la juventud a través de conocimientos para incidir política, social, económica y culturalmente en sus contextos.

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