By Auxiliares de Investigación
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Luis Aguilar/ Auxiliar de Investigación de la Dirección de Incidencia Pública

Hace unos días me encontraba en uno de estos tan jolgoriosos y vigentes “chupes” –ojo, no lo digo en tono sarcástico, vaya que me la paso bien cuando hay alguno- cuando de repente me encontré con un amigo que no veía desde hacía mucho tiempo. Nos saludamos, empezamos a platicar un poco y, ya saben, nos adentramos en ese típico “ponerse al día” con lo que hemos estado haciendo desde nuestro último encuentro (posiblemente otro “chupe” porque ya solo así nos topamos).

Entre ese vaivén de preguntas y respuestas, llegamos a un muy conocido y a veces tedioso momento de la conversación: ¿y vos “bro”, qué haces? Esa pregunta desencadena otra serie de “dimes y diretes”, exactamente iguales siempre, -razón por la que escribo esto en principio-:

– Pues mirá, hace un poco más de un año que trabajo en la U.

– ¿En la U? ¿Y qué haces ahí?

– Soy auxiliar de investigación, es un programa que tiene la U que…

-¿Investigación? ¿Y qué mierda investigás o qué?

Es que, no es tan así. Estoy en la Dirección de Incidencia Pública de la U, entonces me toca investigar, básicamente, un poco de todo, o más bien, todo aquello que sea coyuntural y valga la pena profundizarse. Además, hemos investigado conceptos relevantes para la Dirección, he trabajado con otros institutos de investigación… (para este punto el tipo ya no me está prestando la más mínima atención) y pregunta:

-¿Incidencia? ¿Vos “bro”, y eso qué es? ¿Vos no estudiabas ciencia política pues? (Voy a dejar la otra media hora de conversación frustrada de ciencia política y “con qué se come” para otra confesión de estas).

-Sí, eso estudio, pero no es tan diferente porque…

-¿Nada que ver una con la otra, no? ¿Y la investigación y la incidencia también, cierto? Y a todo esto, ¿la U hace eso? ¿No deberían de enseñar nada más? Bro, y los CFI´s, mejor que los quiten y… (Sí, esa misma cara puse yo…)

En fin, desde que ingresé al programa de alumnos auxiliares de la Vicerrectoría de Investigación y Proyección de la Landívar, gracias a una curiosa casualidad con quien fuera mi catedrática de Pensamiento Político -ahora mi jefa y mentora- he aprendido una enorme cantidad de cosas.

Muchas de las que solamente la experiencia y el “ensayo y error” me han podido forjar, por más atención y esmero que ponga en mis clases y talleres.

De igual manera, he podido comprender y manejarme dentro de los conceptos “bandera” de la Dirección. Por un lado la proyección social, que es la función sustantiva en la que radica el sentido del quehacer universitario landivariano, basada en los principios y valores de la Universidad (sí, aquel famoso “magis” landivariano);  y por otro, la incidencia, como una dimensión de la primera, que busca específicamente influir en la toma de decisiones a nivel gubernamental. En otras palabras, la proyección social es ese gran todo accionar de la Universidad hacia afuera y la incidencia es una parte de ese todo, que se centra en influir en la toma de decisiones -precisamente en lo que me he manejado durante mi experiencia acá-,  ambas en búsqueda de la transformación social y de una sociedad incluyente, plural, justa y sostenible.

De una u otra manera, todo esto me ha servido para comprender lo que hace la Universidad, tomarle bastante cariño a esta y a quienes en ella trabajan y hasta llegar a entender el sentido de aquellos “tediosos” CFI´s, como dijo alguien por ahí.

Y tal y como le respondí a mi “bro”, lo vuelvo a decir aquí: sí que todo esto tiene mucho que ver entre sí, es necesario investigar para comprender las problemáticas que nos competen, incidir en las mismas, partiendo de esa investigación y transformar la realidad, tal y como hemos estudiado que debe de ser. Es una lógica en cadena: investigar para incidir e incidir para transformar. De la misma forma, creo que a la U sí que le toca hacer esto, viéndose como una “universidad distinta”, como decía un tal Ignacio Ellacuría, una institución que responde a su misión histórica de formar, sin renunciar a su inexorable rol político en la configuración de una nueva sociedad.  Al menos ahora, después de un poco más de un año acá, comprendo esto y me enorgullece poder formar parte de un proyecto así.

Y sí, al final dejamos un poco de lado la fiesta, omitimos el reggaetón a todo volumen y hasta se nos calentaron las “chelas” –no es primera ni última vez, supongo- pero vaya que nos metimos en una buena charla. Tanto así, que hasta me fluyó escribir sobre esto, sobre mi experiencia acá y esa conversación que se me repite cada cierto tiempo y que me sorprende cada vez más, por más bobo que a más de alguno le pueda resultar.

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