By Alexander López
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En el último intento, me notificaron que me había ganado una beca de estudios a la India por tres meses. Lo primero que pensé fue: ¡Qué loco estoy! Recibí la mejor asesoría por medio de la Embajada de India y viajé durante tres días haciendo escalas por México y Londres (los cuales tuve tiempo de visitar). Días antes, amigos y algunos familiares me hacían ver que India era un país interesante pero subdesarrollado y con mucha desigualdad (como si el nuestro no lo fuera). A pesar de ello, estaba demasiado emocionado porque sería una experiencia opuesta a lo que había vivido en América Latina y Europa.

A mi llegada, New Delhi era una gran metrópoli con muchos edificios, vacas por donde quiera, tráfico, mercados, colores, una moneda más económica que la nuestra, contaminación, sonrisas, mucha gente en las calles y metro así como una gran riqueza cultural y diversidad de religiones.

Fueron interesantes e incluso difíciles de asimilar al inicio de mi estancia, algunos hábitos y costumbres de la cultura y la sociedad, tales como:

  • La cordialidad, el respeto y la cercanía de los amigos y familias en India: en cuanto te conocen, te tratan como uno más de la familia, ofreciéndote casa y alimentos, invitándote a eventos, cantando contigo, mandándote mensajes diarios por WhatsApp sobre felicidad, armonía y amistad, y aconsejándote sobre los precios de las cosas, regateando por ti en los mercados.

  • El uso de agua y el dedo para ir al sanitario, en vez de utilizar papel –una práctica que considero mucho más higiénica que solo utilizar papel higiénico-.

  • Las olas de calor que alcanzan hasta los 50° centígrados.

  • La comida deliciosa pero súper picante, con muchas especias y sin nada de carnes. Y como otra muy buena o mejor opción, la comida y restaurantes afganos donde puedes comer carne de búfalo, cordero o pollo.

  • El uso de la mano derecha para comer sin necesidad de utensilios.

  • La situación de la mujer y la validación de sus derechos tiene mucho trabajo por delante, quizás más que en Guatemala.

  • La relación significativa de amistad entre hombres, no solamente en India sino también en muchos países del Medio Oriente y asiáticos, la cual puedo comparar como la misma amistad que tienen las mujeres en nuestros países occidentales. Cariñosos, cercanos entre sí, al punto de caminar o pasear tomados de las manos (entre hombres) sin ningún prejuicio o rechazo.

  • Los matrimonios arreglados para la mayoría de jóvenes en India. Incluso jóvenes con maestrías y doctorados son casados con las personas recomendadas por sus padres, costumbre que es vista como bendición de Dios y de sus padres. Así, los jóvenes en su mayoría no experimentan los noviazgos, y llegan a conocer a sus futuros esposos o esposas, una sola vez antes de casarse.

  • La costumbre llamada “dowry” en la que la familia de la esposa debe pagarle al esposo, la cantidad de dinero que requiera, cuantas veces lo necesite... Una práctica que en la actualidad algunos jóvenes se oponen a cumplir.

  • Los mercados llenos de personas atractivas: hombres guapos como los “punjabis” y afganos con turbantes, barbas increíbles y cuerpos bien ejercitados, y mujeres hermosas con sus kurtis y sarees coloridos, henna en las manos y brazos, y joyas por todo el cuerpo (incluso en los dedos del pie).

  • La homosexualidad es aún un tabú y continúa siendo debate para despenalizarla en el país. Para muchos en el área rural, vivir su orientación es difícil, pero para otros pocos como en el área metropolitana es una suerte poder vivirla con plenitud.

  • La seguridad inigualable, a pesar de tener un índice alto de pobreza y desigualdad en el mundo, quizás debido el respeto hacia la vida y la espiritualidad propia de la sociedad y cultura.

  • El respeto y la convivencia hacia y con los animales y la naturaleza, incluso en las grandes ciudades: monos, elefantes, camellos, búfalos, jabalíes, pavos reales y vacas –estas últimas vistas como divinas y segundas madres.

  • El gran desarrollo económico, tecnológico, arquitectónico y social que va alcanzando y que sirve de modelo para nuestros países.

Todo lo anterior formó parte de mi enérgico proceso cognitivo de asimilación, aceptación y adaptación a la sociedad y cultura.

Otro de los aspectos más importantes durante mi estancia, fue la convivencia que tuve con mis amigos del curso, a quienes considero como mi familia y quienes provenían de treinta países diferentes. Tanto de América Latina (Venezuela, El Salvador,  Costa Rica), África (Tanzania, Ghana, Mozambique, Sudán) y Asia (Bután, Indonesia, Tayikistán, Afganistán, Mongolia), entre otros.  Todos ellos profesionales y representantes de gobiernos y universidades del mundo, enorgulleciéndome yo también de representar a mi Guatemala y la Universidad Rafael Landívar.

Además, la experiencia no hubiese tenido sentido tampoco sin la oportunidad de viajar, experimentar el contacto humano y las costumbres en lugares fenomenales y fuera de lo común. Como Varanassi y el Río Ganges donde búfalos, jabalíes, ratas, serpientes, vacas, personas, cenizas, y huesos humanos guardan armonía dentro de sus aguas. Los Himalayas que más que picos con nieve, resguardan templos hindús al que los peregrinos (tanto ancianos como niños) llegan luego de trepar y escalar descalzos entre las rocas por más de doce horas, arriesgando sus vidas por los riscos y posibles avalanchas. Mumbai y Goa, ciudades con tintes occidentales, playas paradisíacas y producciones cinematográficas y musicales de Bollywood. Y el desierto, desde el Taj Mahal hasta Jaisalmer -al borde con Pakistán –donde te puedes encontrar con personas amigables dispuestas a cuidarte o personas muy pobres con ganas de recibir agua más que dinero.

Con todas las experiencias anteriores ¿qué más puedo decir? ¿qué más puedo amar? ¿qué más puede ser diferente a los países occidentales? ¿qué más puedo agradecer? ¿qué más me puede comprometer? Amo demasiado la India, es un país con más fortalezas y oportunidades que debilidades y amenazas, la armonía que se vive tanto en la sociedad y la naturaleza e incluso entre religiones, ¡es increíble! –incluso no podría pensar siquiera por ejemplo, que pudiese existir la misma armonía entre cristianos fundamentalistas católicos y evangélicos aquí en Guatemala-.

India te cambia la vida y te hace valorar cada momento y acciones de tu vida. India te llevo en el corazón.

 

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