By Alanon
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Soy una hija adulta de un alcohólico ya fallecido, esposa de un adicto en proceso de recuperación, y soy un milagro viviente de los Grupos de Doce Pasos Al-Anon.    Llegué allí hace un tiempo, con ideas muy equivocadas de lo que era Dios en mi vida, o para aclararlo de mejor manera, yo me creía Dios. Crecí en un hogar disfuncional, estudié en colegios religiosos que me inculcaron cierta idea de quién era Dios, y que también se enriqueció con el hecho de que mi mamá decía que Dios me iba a castigar cuando yo hacía algo malo o que no era de su agrado. Al crecer con esos criterios errados, unidos a otros muchos más que yo misma fui fabricando con el pasar de los años, llegó el momento en el que al ser madre, se los trasladé a mis peques, de una manera inconsciente.

Mis momentos de oración eran muchos, el tiempo que fuera necesario me pasaba en la iglesia, eso estaba bien, pero mis supuestas oraciones eran para darle órdenes a Dios de lo que yo creía necesitar en mi vida. En esencia era: ¡cambia a mi esposo!  Hoy que estoy escribiendo este artículo, recuerdo que esto era lo único en lo que centraba toda mi atención, cambiarlo y transformarlo en alguien a mi medida. Como Dios no me obedecía y ya estaba cansada, decidí utilizar como último recurso el asistir a Al-Anon. Llegué derrotada y creyendo que allí me iban a dar la fórmula mágica para curarlo a él, pero lo que sucedió sin que me diera cuenta, fue que dí el primer paso para dejar que Dios accionara en mi vida, ya no haciendo de las mías. Lo primero que sentí al asistir a una reunión fue asombro y esperanza al encontrar personas sonriendo, sí sonriendo, pero ¿cómo podían sonreír en medio de la tragedia de convivir con lo que implica la enfermedad del alcoholismo? Eso me dejó pensando.

En mi segunda reunión escuché una charla sobre el desprendimiento emocional con amor y la gratitud.

Gratitud, ¿cómo era eso? ¿Con qué se  tragaba ese cuento, una mujer religiosa como yo, si siempre era agradecida? No le encontré sentido.  Después de haber abierto mis oídos y el corazón fue que comenzó mi proceso de recuperación y mi proceso de aprender una relación diferente con el Dios que hoy comprendo (el Dios de mi entendimiento). Empecé a volver los ojos a mí misma y a lo que hacía, de esta manera fue que me dí cuenta que no agradecía nada o casi nada, me quejaba de todo y de todos, criticaba a todos y a todo, y no doblaba mis rodillas para entregar mis aflicciones a Dios. Me faltaba agradecer lo maravilloso que era la vida con sus matices grises y de colores, agradecer el aire, el agua y tantas cosas simples y bellas que están  acompañándome cada día y que, antes del programa, no me era posible apreciarlas y agradecerlas, ya que en aquellos momentos sólo sabía  exigir.

Hoy aprendo muchas cosas, Dios me sorprende todos los días y encontré la forma de tener una relación con ÉL.  Al abrir mis ojos por la mañana le doy gracias por un día más, y me levanto de la cama con mucho entusiasmo por la oportunidad de poder emprender un nuevo día. Doblo rodillas y le digo: Dios, tú y yo tendremos un día maravilloso, si no es así, sé que tu harás tu parte.  Escribo un listado de todo lo que tengo que agradecer y eso incluye las situaciones difíciles que hay en mi vida. Hoy puedo decir que Dios tomó el control del timón de mi barco, de mi vida. Acepté que convivo con una persona enferma de alcoholismo y dejé de pedir que cambiara todo el mundo y al mundo. He llenado mi día de hoy con meditaciones en donde Él me habla a través de ellas, estoy aprendiendo a guardar silencio y a escuchar en ese silencio a Dios en el cantar de un pajarito, a través de poder ingerir un alimento y agradecer por ello, el poder caminar, el ver, el escuchar…  En el momento que decidí confiarle mi voluntad y vida a Dios, Él se puso en acción.

Gracias Dios por mi familia Al-Anon, gracias por todas las personas con las que me reúno ya que al compartir sus experiencias han regalado esperanza y mucha fortaleza a mi vida. Pero, sobre todo, gracias porque hoy Dios y yo tenemos una relación en la que Él conduce mi vida.

 Imagen: Pexels

About the Author

Somos una hermandad formada por parientes y amigos de alcohólicos, que sentimos que nuestras vidas han sido afectadas por la forma de beber del o de los alcohólicos, que comparten experiencia, fortaleza y esperanza.
En Al-Anon perseguimos un único propósito ayudar a los familiares y amigos de los alcohólicos.
Información a los teléfonos: 2251-8949 y 2253-9637 ó alanondeguatemal@gmail.com

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2 Comments
 
  1. Alfonso / 13/07/2017 at 18:41 /Responder

    Excelente artículo! A mi también me ha cambiado la vida Al-Anon!! Muchas felicidades a la autora.

  2. Ingrid / 13/07/2017 at 20:22 /Responder

    Gracias por compartir tu experiencia!!

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