By Andrea Godínez
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¡Que se lleven el río, no lo queremos! ¡Aquí solo nos llega la basura de los de la capital!

Responde entre el escándalo y risa nerviosa a la pregunta de qué le preocupa, Estefany Martínez, de 59 años de edad. Se pronuncia así de sobresaltada ante el silencio de sus seis compañeras alfareras. Su risa acapara la atención de todos y se convierte en la protagonista de la entrevista. Le cuesta hablar en español pero eso no la detiene de interrumpir, al menos para expresarse harta de la contaminación en el río Chinautla.

Bajo una galera hecha de madera, lámina y entre estanterías con vasijas, macetas y otras figuras de cerámica son hechas por el único hombre que las acompaña y quien interviene ocasionalmente en la reunión. Es esposo de la vicepresidenta de la Asociación de Mujeres Alfareras de Santa Cruz Chinautla, María Del Rosario López, compañera de Martínez que permanece callada y reflexiva ante las preguntas.

Las reuniones no son típicas bajo la galera. Pero las fuertes lluvias de las últimas semanas, destruyeron la oficina de la asociación de alfareras. Entre el olor a barro y leña, también se percibe olor a podrido o avinagrado en el ambiente.

Entonces, una lluvia estripitosa se deja caer y el olor avinagrado, domina el ambiente en la galera. La fuerte lluvia y el mal olor no hacen sencilla la parte de escuchar a estas mujeres sentadas formando una media luna. Es junio de 2017 y en plena temporada de lluvia, el río Chinautla, que corre a orillas de su comunidad, arrastra grandes cantidades de desechos sólidos y mal olor.

Hoy llueve temprano, apenas son las once y media. Antes del mediodía de este viernes, la lluvia hace que el olor se propague por toda la casa. Al consultarles sobre ello afirman, casi al unísono, que constantemente este mal olor les provoca grandes dolores de cabeza a los vecinos del cantón Santa Cruz Chinautla.


El río Chinautla forma parte de la Cuenca de Las Vacas y tiene más de 20 años de estar contaminado. En el área metropolitana, junto a la cuenca del Villa Lobos, son las aguas superficiales más contaminadas. Ni Estado ni municipalidades, han hecho algo por cambiar la situación que afecta a más de nueve mil vecinos de Santa Cruz Chinautla, quienes conviven a diario, con la basura que el río arrastra.

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Los abuelos de Estefany Martínez solían bañarse y vivir del río, “hasta peces había”, cuenta. Pero esta mujer indígena poqomam, es una de las de más edad del grupo, recuerda con tristeza que desde que era muy niña, el río ya estaba contaminado. “Hasta personas fallecidas hemos encontrado”, dice que a veces ve flotar en el agua. La última vez, la asocia con los desaparecidos del derrumbe en El Cambray II.

Santa Cruz Chinautla, una comunidad maya poqomam, es la antigua cabecera del municipio de Chinautla en el Departamento de Guatemala. También era la ruta que hasta antes del terremoto de 1976, llevaba a las Verapaces. Luego de que el terremoto la dejara prácticamente devastada, la cabecera se trasladó a Nueva Chinautla, a escasos metros de Cementos Progreso en la Zona 6 de la Ciudad de Guatemala.

El terreno es montañoso.

Tras atravesar el área urbana, la carretera se encuentra en completo abandono. El asfalto está incompleto y quebrado, hasta que desaparece y se convierte en un camino de terracería lodoso y difícil de transitar. El cantón de Santa Cruz Chinautla que quedó a orillas del río Chinautla, es donde viven más de 9,000 personas, de acuerdo a la alcaldía municipal de Chinautla. Entre ellos, las mujeres alfareras.

Desde la colonia española, la alfarería es una artesanía característica del pueblo en donde hasta hace 40 años, el barro era abundante y de muy buena calidad. Pero debido a que nunca se planificó el tratamiento de desechos sólidos del Relleno Sanitario en la zona 3 ni ha existido una buena gestión de aguas residuales desde la Municipalidad de la Ciudad de Guatemala, las consecuencias amenazan hoy la calidad de vida de más de 1200 familias en Chinautla.

Diariamente, los cantones de Santa Marta, Santa Cruz y San Antonio Las Flores, todos del municipio de Chinautla, no son ajenos al contacto con la descontrolada invasión de desechos sólidos y de aguas negras que vienen del río Chinaulta, que luego se unen al río Motagua, desembocando finalmente en el Mar Caribe.

En agosto de 2016, el Ministerio de Ambiente realizó una solicitud en la que pidió clausurar el Relleno Sanitario de la zona 3.  Sin embargo, la municipalidad capitalina ha hecho caso omiso al cierre y al control de los desechos y por su parte, la municipalidad de Chinautla tampoco ha hecho algo por exigir el cumplimiento de dicha solicitud al alcalde Álvaro Arzú.

Entre un profundo suspiro, María Del Rosario López, de 52 años y vicepresidenta de la Asociación de Alfareras, comenta que “no solo están olvidados, sino atrapados”.

El único puente que las alfareras utilizan para sacar sus productos y venderlos en mercados de la capital, se derrumbó en 2010, luego del paso la Tormenta Tropical Ágatha. En aquel entonces, el alcalde era Arnoldo Medrano y hoy, sin puente, están aislados. Actualmente, para ingresar o salir de la comunidad, solo pueden ir caminando.

Ese mismo año, el Ministerio de Comunicaciones, durante la administración municipal del exalcalde Arnoldo Medrano, inició la construcción de un nuevo puente. Siete años después, sigue en construcción. Solo están las bases del puente, pero el Estado ha invertido bastantes millones en su reconstrucción, aunque el monto no está del todo claro.

La actual alcaldesa, voltea y muestra un informe del ministerio, afirma que son Q9 millones invertidos en la reconstrucción que se encuentra en un 86% ejecutado, hasta que una llamada de teléfono le interrumpe y decide no mostrarlo más. Sin embargo, el Sistema de Inversión Pública da cuenta de más de Q11 millones ejecutados y el portal Guatecompras, alrededor de Q15 millones.


Brenda Elizabeth Del Cid Medrano, de 49 años de edad, fue electa en 2015 y es sobrina del exalcalde Arnoldo Medrano, vinculado a casos de corrupción y por los cuáles enfrenta un proceso judicial. Ante este tema, Del Cid, prefiere no hacer ningún comentario. Es una mujer que le gusta tener todo bajo control.

Son las 8:30 de la mañana y con varios documentos por firmar y revisar a su alrededor, Alicia su asistente, entra a la oficina y le sirve un típico desayuno salvadoreño: pupusas revueltas de frijol y queso.

Mientras da un par de mordidas al desayuno que se enfría, la alcaldesa explica que la situación del cantón Santa Cruz se volvió más crítica luego del terremoto de 1976, cuando fue declarado como un lugar inhabitable y el Gobierno tuvo que adquirir una finca en la Aldea de San Julián para trasladar la cabecera a la Nueva Chinautla. Pero dice que los pobladores prefirieron quedarse en Santa Cruz.

La Municipalidad de Guatemala no tiene proyectos para detener la contaminación que viene del Relleno Sanitario de la Zona 3. Pero la alcaldesa evita mencionar quién o quiénes son los responsables del descontrol en el manejo de la basura que afecta a su municipio.

En la actualidad, los pobladores de Santa Cruz no cuentan con el servicio de extracción de basura. Algunos la lanzan al río y otros, como las mujeres alfareras, han aprendido a convertirla en abono orgánico o a enterrarla en el terreno de su propiedad.

A partir de inicios de 2017, la Municipalidad de Chinautla, la de Guatemala y el ministerio de Ambiente, trabajan un diagnóstico del río Las Vacas para analizar sus niveles de contaminación y buscar alternativas para contrarrestarla. Es una instrucción presidencial que tienen que entregar a final de 2017.

Sentado, en la sala de visitas del condominio de apartamentos donde vive José Rivas, ingeniero civil del ministerio, dice que solo tienen contemplado hacer la evaluación del río y que no existen, hasta el momento, planes de plantas de tratamiento de la basura porque significa una inversión muy alta. El acuerdo gubernativo 236-2006 obliga a todas las municipalidades a contar con plantas de tratamiento para 2019.


De manos cruzadas, mirada fija y atención a la última pregunta, el “único efecto” que ve la alcaldesa de Chinautla por la contaminación del río son unas “ronchitas” que ha visto en la piel de los niños.

A las 10 de la mañana, hay una larga cola de espera en el centro de salud, ubicado a tres cortas cuadras de la Municipalidad de Chinautla. Algunos de los que aguardan sentados en  los pequeños y azules asientos, ven en la tele el partido de fútbol de la Copa FIFA Confederaciones Rusia 2017. Australia está perdiendo 3 goles a 2 contra Alemania.

En la oficina de enfermería hay prisa porque hoy es jornada de vacunación de rutina fuera del centro y están retrasados. Cindy Rabarique, enfermera general, cree que las “ronchitas” a las que la alcaldesa se refiere, efectivamente son resultado de la contaminación del río.

La mayoría de enfermedades de los pacientes de Santa Cruz son diarreas por la exagerada cantidad de parásitos que contiene el agua del río, dice Rabarique mientras se hace una cola en el pelo y termina de preparar el kit de vacunación para la jornada de esta mañana. Además, padecen enfermedades transmitidas por alimentos contaminados e infecciones respiratorias agudas.

La fuerte lluvia del 1 de junio, no solo hizo que el río se desbordara con cientos de desechos en las calles y casas de los habitantes de Santa Cruz. También hizo que la lámina del techo del taller y sede de la asociación de alfareras de Santa Cruz Chinautla, colapsara. El agua arruinó las piezas de cerámica que tenían listas para la venta y la computadora que les ayudaba a llevar el registro de producción de sus productos.

Desde ese jueves, cada alfarera trabaja en su casa y las reuniones ocasionales como asociación, suceden cuando se puede y logran coordinar actividades externas de su cantón para promocionar sus artesanías. Salir del lugar que les produce tantos dolores de cabeza, enfermedades e indignación, les produce mucha alegría.

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Me cansé de definirme entre líneas porque nunca he estado dentro de ellas. Veo lo que comparto, comparto lo que veo.

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