By Rincón Literario
Posted: Updated:
0 Comments
 André de Suremain Grajeda/
Llegué caminando vagamente. Ahí en la esquina me esperaba el café de siempre, como bus en la parada. No miraba caras, no buscaba a nadie… no esperaba nada. Con las manos metidas entre aquel sobrio saco que compré en un ayer que olvidé, avanzaba lentamente.
Entré. Bajé ligeramente mi boina, un poco más tímida de lo que ya me enseñaba a los demás, agentes de la indiferencia, olor a café en el aire… historias en bocas cercanas, parejas discutiendo si son o no felices, un tipo algo grande en la barra con cara de chucho atropellado; en fin, todo un universo con varios mundos aquel café que me llamaba la atención.
Entonces, rompiendo el estereotipo de mesas para dos, nos sentamos solamente mi ego personalizado y yo; a tal punto, de poder hablar con él. ¿Qué ves? -me dijo  en un tono más bajo que el de Barry White- caras -le dije- caras y más caras perdidas en la vida. Sus metas y sueños flotando en el aire y los ven pasar mientras, tratan de engañarse hablando con los demás. ¿Tú qué ves?
Que estás buscando a alguien. Alguien que no ha llegado.
¿Cómo así? -me sentía un loco hablando conmigo mismo pero… todo estaba bien- Era mejor que mentirle a la gente, respondiéndole con estereotipos y prototipos de saludo… nada, sólo cosas vanas y vacías. Eso me desespera. Entonces, entró. Me sorprendió la típica campanilla que se agita al ser golpeada por el tono de entrada de cada quien. Venía acompañada. ¿Ese fue el pelo en la sopa? -la pregunta esperada por mi ego- y… sí, lo estaba. Pero quiero que supiera que tampoco lo estaba.
Tenía una mirada simplemente impactante… como si hubiera sido la primera vez que sentía poder regresar a sentir lo que me prohibía hacer. Nunca estuvo correcto. Lo que está bien está mal dice Arjona. La cámara lenta de su entrada la había hecho yo, mi ego, ella en su escena o… ¿qué?
Es ella. Ya llegó.
¡No! -gritaba convenciéndome- ¿convenciéndome? ¿otra vez recuerdos? ¿por qué tenía que apagarme y esforzarme en no sentirlo? inevitable e irrenunciable virtud de sentido común. El instante en que no pude más… y ahí comenzaron mis problemas. ¿Qué estás dispuesto a hacer? Dios… ¡¿qué hago?!
Ya era tarde… el corazón me latía sin poder engañarlo. Entonces, se me ocurrió la más brillante idea. Quedármele viendo.
-Disculpe… ¡disculpe!
-No trabajo aquí -le respondí- simplemente sumiso a su mirada.
-¿Por qué no la deja de ver? ¿la conoce? ¿qué quiere? novio más celoso… sólo le devolví un giro de cabeza de un lado hacia el otro y que entendiera lo que necesitara entender.
-¿Le gusta mi novia entonces? -finalmente le quité el tapete a la olla.
-Sólo sus ojos, su mirada
Ella sonrió… y bajó la mirada.
Imagen:Unsplash
Related Posts

El lunes 25 de septiembre, una docena de representantes de organizaciones de sociedad civil y...

¡Qué rico que es comer!, se lee en la publicidad de una cafetería. ¡Qué rica la comida!, exclaman...

El pasado miércoles 11 se conmemoró el Día Internacional de la Niña, impulsado por las Naciones...

Leave a Reply