By Ana Raquel Aquino Smith
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Me dijo alguien por redes sociales que no puedo hablar de religión porque soy atea. En realidad, en este país urge hablar de religión, así como de ateísmo. Vivimos en un Estado laico, aunque en ninguna parte de la Constitución Política se lee expresamente la palabra laico. Lo que sí se indica, y desde el principio, es la invocación a Dios en el Preámbulo de la Constitución.

Los no creyentes sabemos que vivimos en un país donde los creyentes cristianos son mayoría y sucede que cuando las mayorías están contentas con las normas, las necesidades de las minorías se invisibilizan. El artículo 36 de la Constitución es el relativo a la libertad de religión, así a secas, solo religión con una mención a la libertad de culto en el texto, pero sin reconocerse en ninguna parte la libertad de conciencia. Se debe conocer las diferencias entre estas libertades y, además, es interesante saber la razón histórica del porqué los constituyentes dejaron fuera la libertad de conciencia de la redacción del artículo. Para los curiosos es una invitación a leer los Diarios de Sesiones de la Constituyente del ’85.

La libertad de religión es el derecho a creer en un conjunto de creencias o dogmas acerca de una divinidad con sentimientos de veneración, estas creencias dictan normas morales de conducta y culto. La libertad de culto es el derecho de practicar públicamente los actos de la religión que uno profese.

Por su parte, la libertad de conciencia incluye todas aquellas ideas que moldean el pensamiento de tal forma que estas se convierten en acciones o modos de conducta avaladas por cada individuo.

Es, en mi opinión, aquella facultad de identificarse con las convicciones personales que, en gran parte, son creadas al principio de nuestras vidas y van afianzándose (o desafiándose) a lo largo de nuestro crecimiento como seres humanos, por lo tanto, no podríamos hablar de libertad de conciencia sin libertad de pensamiento.

La libertad de conciencia es difícil de definir porque consta de dos partes puramente filosóficas: la libertad y la conciencia. Hablaríamos siglos de lo que esas dos palabras pueden significar para distintos autores y para uno mismo. Sin embargo, la libertad de conciencia, religión, pensamiento y culto van unidas en la práctica social.

Dice Ortega y Gasset “que las ideas “se tienen”, en tanto que en las creencias “se está”.

La libertad religiosa es importante para la democracia. Así como existen distintas ideologías políticas, las hay religiosas. Es sustancial reconocer el derecho a tener una religión, así como el derecho a cambiarse libremente de religión y manifestarse a favor de cualquier nueva creencia. Asimismo, si hablamos de democracia es igual de importante reconocer la libertad de conciencia, la cual es anterior a la libertad de religión ya que para tomar la decisión consciente de tener una religión primero debemos tener la libertad de poder decidir si queremos tener una o no.

El tema del ateísmo en una sociedad conservadora y estática en temas religiosos es espinoso. Saca lo mejor de la doble moral creyente y no creyente. En un país donde más del 90% de personas son religiosas, ser ateo/agnóstico es ir contra corriente. Sin duda, hay mucho qué explorar en este tema, más aún cuando en la política hay momentos en donde las creencias personales se mezclan con la dirección de las políticas públicas, claros ejemplos son la educación religiosa obligatoria, la educación integral en sexualidad, los modelos de salud o la defensa a la diversidad sexual.

Hay que hablar de religión aún si se es ateo. Hay que hablar porque tener creencias distintas o no tenerlas, no es pecado sino democracia.

Imagen: Unsplash

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Defensora de la rebeldía justificada en principios éticos universales.
@ana_cosmica

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2 Comments
 
  1. Byron Leal / 11/08/2017 at 18:56 /Responder

    Como podría hablar alguien de lo que no conoce. Dios existe y es, no es un concepto o una idea.

  2. Oscar Sandoval / 16/08/2017 at 00:05 /Responder

    Creo que tolerancia es parte fundamental para que podamos hablar y vivir en este país, hemos radicalizado nuestras creencias y no hemos tenido un punto de inflexión. Creo que existe Dios sin embargo me agradó mucho leer el artículo.

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