By Luis Ernesto Morales
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“El país está preparado para tener a sus guatemaltecos. La gente que se ha ido, se ha ido porque ha querido, buscando alternativas de vida como es la migración, como sucede desde que inició la humanidad”-

Jafeth Cabrera


Entre las tumultuosas semanas que ha vivido el gobierno actual, el foco de atención se lo ha llevado el juego de ajedrez entre el presidente y el comisionado de la CICIG. Sin embargo, existe un hecho que ha sido en mayor parte, pasado por alto de la atención nacional. La decisión del gobierno de Trump de acabar con el programa DACA (Acción Diferida para los Llegados en la Infancia por sus siglas en inglés), provocó una reacción inmediata en la comunidad latina y de migrantes de otros países residentes en Estados Unidos.

Países como México y El Salvador, han reaccionado en total apoyo de los migrantes. Mientras por parte de Guatemala, se ha decidido voltear a ver a otro lado.

Primero analicemos qué es el DACA. Este es un programa establecido en 2012, impulsado por el expresidente Obama. DACA brindaba un estatus especial a los migrantes llegados antes de 2007 a Estados Unidos y eran menores de 16 años. Esto les permitía conseguir permisos de trabajo, licencias de conducir, posibilidad de estudios, entre otros derechos. Cabe resaltar que esta acción ejecutiva no ofrecía obtención de la ciudadanía ni permanencia permanente en EEUU.

Los 750 mil Dreamers, de los cuales aproximadamente 20 mil son de nacionalidad guatemalteca, quedarán desprotegidos tras vencerse el plazo de 6 meses dado por el Congreso al descongelarse procesos de deportación que DACA mantenía para los Dreamers y se teme que estos sean deportados hacia sus países.

El hecho de que 20 mil guatemaltecos llegarán al país, algunos de los cuales nunca han estado en Guatemala, más allá del momento de su nacimientos y su llegada a EEUU, es algo que las autoridades no deben ni pueden tomar a la ligera. Muchos de estos Dreamers ni siquiera nacieron en Guatemala, simplemente recibieron la nacionalidad de sus padres y han nacido en el transcurso de su viaje o en un país que no los quiere recibir.

¿Cómo piensan integrar a la vida social, económica y educativa a 20 mil personas, si ni siquiera pueden organizar ruedas de prensa sobre el tema? ¿Cómo el país va a estar preparado a recibirlos si nunca estuvo preparado para mantenerlos en el país antes de sus partidas?

Los migrantes caen en el limbo entre un país que no los quiere recibir y otro que los olvida.

Las desafortunadas declaraciones del vicepresidente Cabrera, han demostrado una falta de conocimiento del tema migratorio. Pero lo más grave, es la falta de empatía, conciencia y humanidad para las personas que han atravesado cielo e infierno (mucho más infierno en realidad), para llegar a los Estados Unidos. No solo por lo que representan los migrantes económicamente para el país, sino por la ignorancia total de las razones de sus viajes y las condiciones en las que lo hacen. Si el señor vicepresidente piensa que los migrantes se van para ir a Disney, lamento decirle que sus razones para salir del país no son las mismas de quienes habla.

Sin embargo, al analizar su mensaje, sí concuerdo con el señor Cabrera. Efectivamente, los que se van es porque quieren. Se van porque quieren vivir lejos de la corrupción, lejos de la violencia de las maras y el narcotráfico, lejos de la discriminación de cualquier tipo, lejos de la impunidad y la injusticia que se han vuelto el pan de cada día en un país con hambre.

Sí, quienes se han ido han querido luchar por una meta dejando todo lo que tenían atrás, arriesgando a perderlo todo en el camino, no para que volteemos la cara como si ellos rechazaran Guatemala, cuando hemos sido nosotros quienes los hemos rechazado. Sí, quieren abandonar un país que no les ha dado las oportunidades que buscan, que los ha abandonado cuando más los necesitan y aún así llevan consigo el cariño de la patria que dejaron.

Sí, señor vicepresidente, usted tiene razón, se van porque quieren…quieren vivir.

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