By Auxiliares de Investigación
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Johanna Cerna/ Auxiliar en el Insituto de Investigación y Proyección sobre el Estado/

¿Te has preguntado por qué las consultas comunitarias de buena fe se oponen casi en su totalidad a los megaproyectos? O siquiera, ¿te has preguntado por qué el Estado no ha vuelto a hacer una consulta comunitaria, ni porque tenga juicios en su contra en la Corte Interamericana de Derechos Humanos por el incumplimiento del Convenio 169 de la OIT que Guatemala ratificó en 1996?

Permíteme aclararte algunos puntos clave. Primero, el convenio norma en sus artículos el tipo de relación que el gobierno y los pueblos indígenas y tribales deberán fomentar. El gobierno lo firmó en la época de los Acuerdos de Paz. Esto implica que se comprometieron a coordinarse entre ellos, para la aprobación, desarrollo y evaluación de los megaproyectos que los afectan directamente. Segundo, casi la totalidad de los megaproyectos coinciden geográficamente con las comunidades que fueron víctimas de las masacres del Conflicto Armado Interno, por tanto, les afecta y tienen que ser tomados en cuenta. Tercero, los departamentos donde se ubican esos megaproyectos que traerán energía renovable al país entero (por los que nadie debería objetar supuestamente), son los mismos que en las estadísticas viven sin luz, sin agua y en pobreza extrema. No es coherente.

Ahora que tengo tu atención y ves que hablamos de un tema que actualmente estamos viendo pasar en casos como el de Oxec, te hago una pregunta de historia:

¿Por qué hubo guerra en Guatemala? ¿Quiénes peleaban?

Te lo pongo así, imagina que estás en un país donde más de la mitad de la población es indígena como tú y trabajan para mis amigos finqueros del algodón, azúcar, ganado, pero los tratamos pésimo porque no son más que mano de obra barata que a duras penas son humanos o alguien civilizado. En cambio nosotros debido a nuestra pureza de sangre o nuestro status económico alto, tenemos derecho a tener tierras y ser profesionales; si de benévolos les estábamos permitiendo cultivar su dichoso maíz para que no murieran de hambre.

Así que tú y tus vecinos se enojaron con nosotros y se aliaron para exigir mejores condiciones de trabajo y un incremento salarial significativo; cosa que a nosotros finqueros, no nos favorece pero cedimos un poco. Pero al cabo del poco tiempo los  dueños de mineras e hidroeléctricas aparecieron y despojaron a tu gente de sus tierras por la fuerza.  Entonces ustedes hicieron uso nuevamente de aquellas poderosas alianzas entre comunidades para montar resistencia, denunciar nuestros delitos y esta vez, los universitarios y maestros simpatizaron con su causa. Sin embargo, esta vez no cedimos ni un poco y mejor los mandamos a callar y vivir con terror para que ni tú, ni sus futuras generaciones osen retarnos nuevamente. Porque, al fin de al cabo, qué amenaza eran ustedes con sus palos, machetes y pocas escopetas, contra nuestros entrenados militares. Los proyectos ya los había firmado el Presidente, su aceptación era lo de menos. Se negociaba con el que quisiera y los reubicábamos en una zona árida detrás de los destacamentos militares para evitar que se aliaran a las guerrillas; y a los que no, la fuerza era la estrategia.

¿Ahora si ves la razón por la que los pueblos temían a los megaproyectos? ¿Podrías decir que hoy en día es totalmente distinto?

¡Despierta! La visión capitalina empresarial no es todo lo que existe y mucho menos la visión que un guatemalteco que conoce su historia debería estar dispuesto a adoptar. ¡Que la sangre del pueblo del que eres parte no sea olvidada, ni sus luchas en vano! El desarrollo es necesario, pero obligatoriamente debe ser sostenible y respetando los derechos humanos.

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