By Rincón Literario
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Diego Galich/

No tenías que irte de todos nuestros lugares ni golpearme tan fuerte con tu ausencia.
Era fácil, cualquier enamorado podía hacerlo, era algo sencillo, era quedarte conmigo.
Era una simple operación, una serie de pasos que cualquiera pudo haber seguido.
Era quedarte con lo nuestro y no salir huyendo.

Se apagaron las luces, ya no tengo más incendios ni ataques de amor.
Me besan y yo beso sin pasión. Me aman y yo no puedo sentir.

Tú lo complicaste todo, tergiversaste cada centímetro de este sentimiento.
Ahora escucho risas en cualquier rincón.
Me abrazan y yo solo siento la fuerza que me aprieta por dentro.
Me abrazan y yo abrazo sin querer.
Hasta los bares me han negado entrar por temor a que yo cante canciones de desamor.
No tenías que irte de todo esto.

Ando por las calles.
Ando por los detalles que no vi, no me diste ni sentí.
Veo a todos los lados, por si me decides asaltar de nuevo y llevarte el temor de comenzar, el tonto miedo de volver a amar.
Veo a todos los lados, por si decides pasar a la par y no saludar.
Pasar a la par y no querer verme ver a tu lado.

No tenía que recordarte, pero hablemos claro, ni podía impedirlo.

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