By Brújula
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Oscar Eduardo Ramirez Soto/

Por muchos años la sociedad guatemalteca ha estado gobernada por la fuerza militar de terror y de furia, aún durante el iniciado gobierno civil (1986) con Vinicio Cerezo-. Las fuerzas obscuras y armadas del Estado se han dado lujos y se sirven de la represión, fallando y violando las nuevas “aperturas democráticas” del país.

Muchos aún están en defensa de esta institución que nunca ha podido justificar sus horrores cometidos durante el tiempo de la guerra civil guatemalteca, y es muy indignante saber que los propios guatemaltecos tuvieron el valor de cometer crímenes salvajes contra sus connacionales. No extraña que ahora en esta etapa política que está al borde del colapso, el poder ejecutivo premie al  ministro de la defensa saliente con inocencia y una jugosa pensión.

Miles de personas guatemaltecas mueren de hambre, mueren por la falta de educación, mueren por la falta de recursos en los hospitales, reitero: es verdaderamente indignante que la mayor parte del presupuesto siga siendo para la institución que se dedicó a exterminar las primaveras políticas que se proponían por muchos personajes.

Cuánto más podremos soportar una represión silenciosa, cuánto más el pueblo de Guatemala estará sometida por el miedo que provocó la guerra.

El ejército de Guatemala no tiene nada de honorífico, es una gran falacia decir que son los héroes de la patria y decir que son los libertadores del monstruo ideológico izquierdista; ambos bandos se sabe que cometieron sus tras pies, pero las fuerzas armadas se comportaron como animales salvajes al querer someter a la población a su orden coercitivo. 

Otra forma de darnos cuenta que las derechas, las oligarquías y el ejército nos tienen atados es por la implantación de una Fundación contra el Terrorismo, la cual maneja un señor con pocos escrúpulos y poca moralidad. Guatemaltecos no ignoremos que nuestro país necesita un respiro más abierto, necesita reformulaciones en sus políticas y necesita la eliminación de las fuerzas armadas, que a criterio personal solo están ocupando espacio vital política y económicamente hablando.

Muchos dirán que mi posición es de un guerrillero, de una persona resentida o de una persona mal informada, pero no señores lectores, mi postura es de un guatemalteco que se dio cuenta que para verdaderamente estar en paz y tener la democracia soñada se tienen que eliminar los virus de la sociedad. Siempre he mencionado que no podemos generalizar que todos los pertenecientes a las fueras armadas son crueles o inhumanos, pero lamentablemente se deforma a la institución por esos viejos generales y coroneles que se juegan los pilares del poder y no les importan dejar a su patria en las ruinas.

Otto Rene Castillo mencionaba que hay que caminar junto a la patria, Oliverio Castañeda decía que el pueblo tiene que actuar para los cambios y Jacobo Árbenz que la lucha por el desarrollo tiene que ser en conjunto de todos los soñadores.

Entonces pueblo mío que esperamos para comenzar a desarrollar nuevos avances en nuestra sociedad guatemalteca.

 

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  1. Julio Areck Chang / 08/10/2017 at 01:03 /Responder

    El ejército de Guatemala ciertamente cometió crímenes horrendos durante el conflicto armado interno y los culpables deberían enfrentar a la justicia, pero exigir la supresión del ejército de hoy por crímenes cometidos hace 30 o 40 años es tan absurdo como castigarte a ti por una falta cometida por tus abuelos: ninguno de los soldados que hoy defienden al país estuvo siquiera durante la guerra civil. El ejército de hoy es diferente al de años atrás; tiene otra visión y otra misión. Por supuesto, tiene que ser limpiado de la corrupción que también afecta al resto del Estado, pero las circunstancias actuales (no las del pasado) del país exigen la existencia de un ejército.

    Mientras tengamos el diferendo territorial con Belice (con problemas recurrentes, incluyendo muertos, en una frontera no reconocida); mientras nuestras fronteras se vean amenazadas por narcotraficantes, traficantes de madera, saqueadores de patrimonio maya, barcos pesqueros extranjeros ilegales, etc, y mientras haya desastres naturales como deslaves y terremotos que requieran personal que mantenga el orden y ayude a los damnificados, seguimos necesitando al ejército de Guatemala.

    Siguiendo la misma lógica de eliminar el ejército de hoy por los crímenes que cometió durante el conflicto armado interno, quizá el autor de este artículo también querrá eliminar al Ministerio de Salud y dejar a cientos de miles de pacientes sin atención, por el hecho de que en los años 40 un par de médicos efectuaron experimentos de sífilis con pacientes. O también eliminar a la PNC y dejarnos más a merced aún de mareros y narcos, porque durante la guerra la policía también fue parte de los cuerpos de represión del Estado.

    Eso es lo que pasa cuando se piensa desde la ideología, no desde el sentido común.

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