By Brújula
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Dina María Elías Rodas/

Niñas y niños en Guatemala se encuentran en situación de desventaja, inequidad y exclusión en muchos sentidos. La inequidad, la opresión y la violencia que experimentan la niñez y la juventud son manifestaciones de un sistema y estructura patriarcal adultista.

El adultismo es una serie de conductas, actitudes y creencias basadas en la diferencia de poder derivada de la edad, que conducen a la discriminación, opresión y desvalorización de la niñez y juventud. El adultismo es una forma de opresión experimentada por niñas, niños y jóvenes por parte de los adultos y los sistemas que estos crean, en función de sus intereses y necesidades.

El Adultismo es la discriminación y dominación sistemática de la niñez y la juventud.

Las personas adultas se consideran con poder para actuar sobre niñas, niños y jóvenes de muchas maneras, con o sin su consentimieno (Checkoway, 2010). El adultismo incluye experiencias de prejuicio, discriminación, violencia y abuso, que son parte de una dominación sistémica (LeFrancois, 2013) pero también sostiene manifestaciones individuales. Las manifestaciones individuales, por ejemplo, son ejercer control sobre un niño o niña de manera autoritaria o violentarla(lo) o abusarla(lo) física, psicológica o sexualmente. Por ejemplo, en el 2016, el MP recibió 14, 698 denuncias por maltrato físico y 7,738 por violencia sexual (El refugio de la niñez, 2017)

El adultismo sistemático se manifiesta, por ejemplo, en leyes centradas en los adultos, políticas, regulaciones y prácticas sociales e institucionales que impactan negativamente la vida de la niñas, niños y jóvenes en los espacios familiares, comunitarios/sociales y/o institucionales (Bell, 2003; LeFrancois, 2013). En Guatemala, más del 39% de la población menor de 15 años vive en pobreza y alrededor del 46% en pobreza extrema (INE, 2015).

En este diferencial de poder basado en la edad que el adultismo mantiene y perpetúa, influyen otras diferencias de poder e inequidades basadas en el género, la etnia, y el nivel socioeconómico. A estos últimos factores se les ha identificado como parte de la interseccionalidad. La interseccionalidad propone el análisis de los distintos sistemas e intersecciones de opresión que regulan las relaciones y jerarquías de las personas en la sociedad (Creenshaw, 1989). Sin embargo, la construcción conceptual de la interseccionalidad no había integrado explícitamente la diferencia de edad, como elemento central en el análisis y discusión de la opresión y exclusión. Esta ausencia ha sido evidenciada desde la psicología crítica, por ejemplo, que ha propuesto la inclusión del adultismo como forma de opresión para analizar las experiencias vividas, la exclusión y las inequidades, tanto como se utilizan el sexismo, el clasismo y el racismo (LeFrancois, 2013; Burman, 1997). Sin embargo, el desarrollo teórico sobre el adultismo y sus consecuencias no ha avanzado tanto como los otros “ismos”.

Las personas adultas no suelen considerar el adultismo como forma de opresión, ya que éste ha sido normalizado. En la vida cotidiana, hay muchas formas en las que niños, niñas y jóvenes son irrespetados y violentados, dentro de un continuum de normalización, que va desde lo que se asume como normal, y en consecuencia no violento, hasta lo que se considera como agresión y violencia extrema. Algunas manifestaciones del adultismo son:

  • La violencia que afecta a la niñez, en sus diversas formas, psicológica, física, económica y sexual (Ej. Castigos físicos, explotación sexual de niñas y niños violaciones de niñas, explotación laboral de niñez y juventud).
  • Control negado sobre decisiones que afectan cuerpos, espacios y posesiones de las niñas y niños (Ej. Adultos que piensan que pueden besar o abrazar a un niño o niña pequeña o adultos que obligan a niñas y niños, incluso cuando no lo desean hacer, a besar a adultos).
  • Interacciones verbales (Ej. Hablar a niñas y niños como si no entendieran; hablar como si no estuvieran presentes; ignorar sus opiniones).
  • Prejuicios teóricos y culturales (Ej. La mayoría de teorías sobre desarrollo infantil y juvenil están basadas en ideas europeo-céntricas, con perspectivas individualistas y de separación que desestiman la diversidad y lo comunitario en el desarrollo humano).
  • Creencias culturales que otorgan a padres y madres autoridad total sobre sus descendientes y patrones de crianza autoritarios y violentos.
  • Falta de equidad y adecuación en las políticas públicas en temas que atañen a la niñez y juventud (Ej. La poca asignación presupuestaria a la inversión en salud y educación; la desnutrición infantil crónica que en Guatemala afecta al 46.5% de niños y niñas menores de cinco años).

En Guatemala vivimos en un sistema patriarcal adultista en el que confluyen muchas variables para mantener las inequidades basadas en el género, la etnia, el nivel socioeconómico y la edad, entre otras. El adultismo como forma de opresión debe ser incluido en el análisis y discusión de la exclusión y la inequidad.

Referencias:

Bell, J. (2003). Understanding Adultism. A key to Developing Positive Youth-Adult Relationships. The freechild project. http://www.nuatc.org/articles/pdf/understanding_adultism.pdf

Burman, E. (1997). Developmental psychology and its discontents. In D. Fox, & I. Prilleltensky (Eds.). Critical Psychology. London: Sage Publications

Checkoway, B. (2010). Adults as Allies. W.J. Kellogg Foundation.
http://www.wkkf.org/knowledge-center/resources/2001/12/Adults-As-Allies.aspx

Creenshaw, K. (1989). Demarginalizing the Intersection of Race and Sex: A Black Feminist Critique of Antidiscrimination Doctrine, Feminist Theory and Antiracist Politics. The University of Chicago Legal Forum 140: 139-167

LeFrançois, B. (2013). Adultism. In T. Teo (Ed.) Encyclopedia of critical psychology, 47-49. Springer Reference. DOI: 10.1007/978-1-4614-5583-7_6.

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