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María Fernanda Cruz y Carlos Villatoro/ Representantes Estudiantiles de la Asociación de Estudiantes de Políticas/

Estamos muy cerca de terminar nuestro año como miembros de la Asociación de Estudiantes de Políticas (AEP). Y no estaría de más detenerse a hacer una evaluación y autocrítica sobre cómo trabajamos y los obstáculos que encontramos al hacer política estudiantil. Se nos ocurrió compartir esto con los landivarianos, porque consideramos que es importante que sepan más sobre cómo funciona una asociación a lo interno de una facultad, ya que es un ejercicio que puede ayudarnos a continuar democratizando la universidad.

¿Qué hicimos mal?

Bien dicen que “el que mucho abarca, poco aprieta”. Cual lista de propósitos de año nuevo, cada vez que entregamos la planificación de las actividades del ciclo, enlistamos muchas cosas que al cabo de unas semanas olvidamos o que por dejarlo a última hora ya no dio tiempo de organizar. Las explicaciones para esto pueden ser varias. Que teníamos muchas tareas, que había parciales, que las pasantías, etc. Sin embargo, asumimos que desde la asociación hubo falta compromiso y esfuerzo en la organización de algunas actividades.

Otra deficiencia de nuestro trabajo fue la prevalencia de las actividades académicas. No es que esté mal, al fin y al cabo estamos en la universidad. Pero consideramos que en una facultad tan pequeña como la nuestra (Ciencias Políticas y Sociales), es importante impulsar otro tipo de actividades como las culturales o deportivas que también estamos llamados a hacer. Actividades que nos permitan conocernos entre estudiantes de distintos años. Y por qué no, con los profesores y personal de facultad.

¿Qué hicimos bien?

Se logró revivir la figura de la asociación. Este era un compromiso que asumimos desde que nos presentamos como candidatos. En nuestro caso, la conformación de la AEP 2017 fue resultado de las elecciones más participativas que ha tenido la facultad desde 2009, y había que responder al mensaje que mandaron los estudiantes que votaron.

Se entabló una relación con las otras facultades de la universidad, por medio de sus asociaciones estudiantiles. Y también con estudiantes de varias facultades de la Universidad de San Carlos a través de la organización de Jornadas Integrales Universitarias (JIU).

Tuvimos una buena relación con las dos agrupaciones estudiantiles de la facultad. Es importante que la asociación no se aísle de las agrupaciones, porque a fin de cuentas en ellas se encuentran nuestros sucesores. Y qué mejor forma de darle continuidad a los proyectos, que comunicándonos con ellos y teniendo una relación cercana.

¿Con qué limitantes nos encontramos?

La falta de apoyo por parte de la facultad para socializar la información sobre la Asociación de Estudiantes y las agrupaciones. Finalmente lo hicimos por iniciativa propia al organizar una asamblea de estudiantes con todas las secciones y años.  Por otro lado, hicieron falta más espacios para que tanto la asociación, como las agrupaciones, pudiéramos trabajar de la mano con la facultad.

Sin embargo, también existe una limitante con los estudiantes, la cual seguramente es compartida por otras asociaciones. Tenemos un grave problema con el alumnado que no se informa, no exige, no participa o que solo critica de forma destructiva.  Por ejemplo, algunos estudiantes nos reclamaron por no hacer una fiesta de gala, sin saber que nuestro presupuesto es de tres mil quetzales. La cantidad de dinero que se le asigna a la Asociación de cada facultad varía según el número de estudiantes matriculados.

Para decirlo de otro modo, facultad pequeña = bajo presupuesto

Por último, hay una ausencia de mecanismos institucionales, por medio de los cuales podamos llevar las quejas, sugerencias y comentarios de los alumnos, de forma rápida, efectiva y directa a las autoridades de facultad. Siendo las asociaciones el canal para transmitir las necesidades y demandas de la población estudiantil a la organización académica institucional de la universidad, estos mecanismos resultan indispensables.

Los invitamos a reflexionar qué es lo que obstaculiza que una verdadera cultura democrática llegue a nuestras aulas. Y principalmente los instamos a que se informen sobre el rol que tienen las asociaciones y agrupaciones, ya que si continuamos fortaleciéndolas y exigiendo su mejora, realmente llegarán a ser la vía para poder exigir mejoras, no solo educativas, sino en muchas otras áreas. Además somos los estudiantes quienes las financiamos cuando nos matriculamos. Entonces con mayor razón hay que conocerlas, y esforzarnos por establecer una relación con ellas.

Después de esta pequeña catarsis, el objetivo no es desalentar a los landivarianos. Sino emplear como ejemplo nuestra experiencia, para dar cuenta de que todavía existen muchísimos aspectos en los que los estudiantes tenemos la capacidad, responsabilidad y obligación de incidir para lograr una mayor democratización de la universidad, empezando con nuestras agrupaciones políticas estudiantiles.

No podemos dar una receta para solucionar estos problemas, pues cada facultad tiene sus propias dinámicas y condicionantes. Pero consideramos que todos los esfuerzos para lograr mejoras pasan necesariamente por tres actores: los estudiantes, la asociación (y agrupaciones), y la facultad. Un cambio requiere que cada parte asuma un compromiso serio, y que al mismo tiempo tome con seriedad no solo su propio rol, sino el de los demás.

La voluntad, la colaboración y el interés verdadero son fundamentales.

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