By Luis Arturo Palmieri
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Amigos, ha llegado el momento de ponerle fin a una de las facetas más importantes de mi vida universitaria. Nuevos retos, aventuras y responsabilidades me han llevado a tomar la difícil decisión de dejar este espacio para que una nueva persona pueda encontrarse con otros, y los otros puedan encontrarse con él o con ella. Es hora de que alguien más utilice este espacio para expresarse y para hacerse escuchar.  La revista, sin lugar a duda, es una de las cosas que recordaré como parte importante de mi formación universitaria.

Me gustaría aprovechar la ocasión para agradecer profundamente a todo el equipo de Brújula (principalmente a quienes actualmente hacen esto posible: Liza, Andrea, Charly y Kathy, y a quienes en su momento lo hicieron posible: Laysa y Maria del Mar) por haberme honrado con este valioso espacio por varios años. Admiro el trabajo que han venido realizando a lo largo de todos estos años, el status actual de la revista es evidencia de que el trabajo ha sido de alta calidad, y de que todos ustedes se han empeñado en apegarse a su misión y en cumplir su visión. No dudo que estos años han sido solo el inicio de algo que está destinado a ser grande. Mi paso por Brújula no solo me marcó en lo relativo a mi desarrollo profesional, sino que también de manera personal.

Para despedirme, quisiera compartirles algunas cosas que, gracias a Brújula, aprendí a valorar.

La diversidad. Nunca olvidaré que en Brújula me regalaron este espacio como columnista, sin que importara el hecho de ser un alumno que pertenece a una universidad distinta a la cual pertenecen la mayoría de personas de la revista. Es más, tuve la suerte de que Brújula se interesara en mí, por el mismo hecho de ser -en cierta medida- diferente.

La tolerancia. En Brújula siempre imperó un ambiente de tolerancia, donde todos respetaban las ideas de los demás, aunque muchas veces no estuvieran de acuerdo. Los ejercicios de debatir a través de las columnas son un fiel ejemplo de que uno de los valores más enaltecidos en la revista es el de la tolerancia.

La libertad. En Brújula gocé al máximo de mi derecho a la libertad de expresión. No hubo momento en que no gozara de un amplio margen de libertad para expresar mis ideas y opiniones. Esta libertad que me brindaron en la revista siempre la atesoré grandemente, pues Guatemala es un país donde las restricciones y limitaciones a la libertad de expresión son cuestiones recurrentes y que lamentablemente se ven como comunes.

El pensamiento crítico. En Brújula aprendí que es necesario ser crítico, y que así, es posible hacer patria. Aprendí que ser crítico se refiere, no a hablar mal de alguien o de algo, sino que a pensar, analizar y discutir. Las personas que ejercitan el pensamiento crítico son capaces de realizar grandes aportes a nuestro país.

Involucrarse y participar. Brújula se ha caracterizado por su tenaz esfuerzo de lograr que los jóvenes se involucren y participen dentro de la sociedad. Es loable el esfuerzo que hacen todos los integrantes de la revista para erradicar la indiferencia en los guatemaltecos, y especialmente en los jóvenes.

Compartir. Para mí, Brújula nunca se limitó a ser solo una revista a donde yo mandaba mis artículos para que se publicaran y ya. Todo lo contrario. Brújula no solo se trata de hacer, mandar y publicar artículos, se trata de promover diversos espacios donde las personas puedan encontrarse y compartir. Cada vez que salí de un taller, de una convivencia, o de cualquier otro evento, siempre me sentí pleno de alegría y de orgullo por ser parte de Brújula.

Ser consciente. Mi experiencia en Brújula me hizo ser más consciente. En concreto, el profundo interés que se manifestó en la revista por el tema de migración me hizo darme cuenta de la dura realidad que vivimos en nuestro país. La experiencia del taller de migración, así como la visita a la fuerza aérea (a donde fuimos a ver y hablar con la gente que regresaba deportada a Guatemala) fue algo que me hizo una persona más sensible y consciente en cuanto a la realidad de nuestra gente.

Esta revista está conformada por decenas de personas apasionadas.

Unas son apasionadas por su país, otras son apasionadas por la política, otras son apasionadas por el arte y la poesía, a otras les apasiona ayudar a los demás, y a otras simplemente les apasiona vivir al máximo cada día. Su pasión es la mejor arma para lograr la transformación. La pasión se contagia, y así como me contagiaron a mí espero que sigan contagiando a todos los jóvenes guatemaltecos, para así lograr transformar esta Guatemala en la Guatemala de nuestros sueños.

¡Infinitas gracias a todo el equipo de Brújula por esta magnífica oportunidad! Hasta pronto, amigos.

About the Author

Estudié Derecho en la Universidad Francisco Marroquín, aunque no necesariamente comparto todas las posturas del liberalismo. Voy en moto todos los días, me gusta el café, la política, House of Cards (no sé si encajan entre sí estas últimas dos), la lectura, la música de Joaquín Sabina y la satisfacción que da el convencer. Quiero especializarme en Derecho Constitucional y en Derechos Humanos. Aún trato de descubrir cómo se llegué a ser una mezcla de solitario y extrovertido.

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