By Brújula
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Fátima Rodríguez/

Recuerdo de niña haber escuchado a Facundo Cabral en uno de sus grandes monólogos decir: ¨No estás deprimido… estás distraído, distraído de la vida que te puebla, tienes corazón, cerebro, alma y espíritu… Entonces ¿Cómo puedes sentirte pobre y desdichado?”. Esas palabras han marcado mi vida y desde que las escuché, cada vez que me siento sola, triste o desdichada, coloco ese monólogo para que de la mano de Facundo y sus palabras, pueda darme cuenta que solo me he distraído de ver las grandezas de la vida.

Desde que estamos pequeños, nos han inculcado que la soledad es algo así como un castigo divino. Que si nos portamos mal o tomamos malas decisiones, la vida nos devolverá un revés cargado de soledad. Pero ¿Es así? ¿Es la soledad tan mala como dicen que es? La soledad, por definición es la carencia voluntaria o involuntaria de compañía, acompañada por una sensación de pesar y melancolía que se sienten por la ausencia, muerte o pérdida de alguien o de algo. Pero en todo este concepto hay algo clave, voluntaria o involuntaria. Lo decido yo o lo deciden las distintas circunstancias que rodean a la vida, pero eso no significa que haya maldad implícita en ella. Lo único claro acá, es que la soledad implica la falta de contacto con otras personas. ¿Pero acaso eso es tan malo?

La soledad en determinados periodos, es valorada por muchos e, incluso, yo la vería como periodo de tiempo imprescindible para descansar de las turbulencias de la vida, algo así como un momento necesario para alejarse de los demás. Inclusive, gracias a la soledad, puedes llegar a conocerte más a ti mismo. Algo fundamental para vivir y aunque suene paradójico, la soledad es una perfecta compañera, es a veces con lo único que se puede contar cuando todo y todos los demás se van.  Hay una gran diferencia entre estar solo y sentirse solo. Tú puedes estar físicamente solo sin llegar a sentirte verdaderamente solo.

De hecho estar solo contigo mismo puede llegar a ser algo muy agradable y refrescante.

Al mismo tiempo puedes encontrarte rodeado de muchísimas personas, pero sentirte solo y desdichado. La compañía no siempre es agradable.

Así como nos enseñan que la soledad es esa especie de castigo divino, también nos enseñan que la vida no está diseñada para ser vivida en compañía de la soledad. Esto a pesar de que los viajes más importantes de nuestra vida los hacemos sin la compañía de nadie. Es decir, venimos solos a este mundo y nos iremos en esa misma soledad únicamente acompañados de nuestras buenas y malas acciones.

Y si te sientes solo porque piensas que la vida te ha quitado demasiado, recuerda que la vida es un constante proceso de desapego. Y no, la vida no te quita cosas, la vida te libera de cosas, te libera de esa relación tóxica, te libera de ese amigo que ya no era tu amigo, de esa relación que solo te hacía daño; te libera de los planes que no van hacia ningún lado, te libera del dinero que te estaba convirtiendo en una persona vana, frívola y amargada. Te libera de todo aquello que te estaba distrayendo de las cosas que de verdad valen la pena, que te estaban distrayendo de lo bello de la naturaleza, de lo simple de las pequeñas cosas. Pero que sobre todo, te libera de todo aquello que te estaba alejando de ti mismo.

“La soledad, si bien puede ser silenciosa como la luz, es, al igual que la luz, uno de los más poderosos agentes, pues la soledad es esencial al hombre. Todos los hombres vienen a este mundo solos y solos lo abandonan”.

Thomas De Quincey (1785-1859) Escritor inglés.

 

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