By Brújula
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Oscar Eduardo Ramirez Soto/

Desde la convocatoria a elecciones generales en las primeras semanas de enero 2019, se sabía que este proceso electoral no sería habitual. La denominada “vieja política” refugiada en grupos corruptos, mafiosos, ligados al crimen organizado trasatlántico y con nexos dentro de las élites tradicionales del país, preparaba su próxima bala a disparar para mantener el statu quo existente.

Conforme pasó el tiempo, fue evidente que el trabajo del Tribunal Supremo Electoral (TESE), se intensificó y sobre todo tuvo que lidiar con muchas resoluciones formales e informales en la jornada de inscripción de candidatos a puestos de elección popular. El dilema de los candidatos “tránsfugas” del Congreso de la República, relució por mucho tiempo en los medios de comunicación, pero existió un tópico más fuerte y polémico que tendría a la población en vista del máximo órgano electoral e incluso de las instituciones jurídicas del país: la inscripción de candidatos a presidente.

No es necesario trasladar a este artículo todo el proceso malverso e incluso dudoso de inscripción de estos candidatos, por ello pensemos mejor en lo que está ocurriendo en esta semana. En primer lugar, en este proceso electoral es donde se ha visto trabajar en un porcentaje alto a las cortes (algo que no es habitual); segundo, se vive en una atmósfera de incertidumbre e hipótesis sobre la utilización de un fraude, golpe o como quieran llamarle sobre las elecciones (algo muy poco probable también).

Es difícil predecir que pueda pasar, pero si vemos lo que ha ocurrido desde el lunes de esta semana, tal vez se pueda concluir que vivimos en tierra de nadie. La candidata del partido VALOR, Zury Ríos no fue admitida para participar en el proceso electoral, debido a la violación del artículo 186 de la Constitución Política de la República; ahora pensó que llevar su caso a la Corte Interamericana de Derechos Humanos era una forma de presión viable: se nota que su asesores tienen poca capacidad de conocimiento sobre Derecho Internacional y sobre las instancias que tienen que pasar antes de que la Corte tome un caso o las condiciones para que la Comisión Interamericana (institución que antecede a la Corte) considere viable y válidas las peticiones y las filtre.

Ríos al final de cuentas, perdió su tiempo y quedó en ridículo. Se podría decir que “va una menos”. El día miércoles, 15 de mayo de 2019, la candidata del partido Movimiento Semilla, Thelma Aldana no fue inscrita para competir, ya que su finiquito no es válido según los magistrados de la Corte de Constitucionalidad. Golpe bajo para los denominados “progresistas” o caminantes anticorrupción; recuerden señores que no es lo mismo ser fiscal que presidente. Además, es lógico que los problemas estructurales no sanen con una dosis de discursos anticorrupción ni mucho menos con demagogia, y también es dudable que este partido meta los diputados suficientes para crear una bancada de oposición dentro del Congreso de la República.

Mauricio Radford, candidato del partido FUERZA fue otro que se despide de la carrera por la presidencia. El tema pendiente es Sandra Torres del nefasto partido Unidad Nacional de la Esperanza (UNE). Esta señora con cuestiones de corrupción probadas (una de ellas las llamadas con “Gustavito Alejos” para financiar campaña en las elecciones pasadas), un pasado guerrillero violento y sobre todo ilegal, y ambiciones de poder para mantener la impunidad, la corrupción y el silencio; es la demostración más clara de que la “vieja política” no muere y se rehúsa a dejar las “mieles del poder”.

Sin temor a cometer una equivocación, se espera que así como fueron negadas las participaciones de los candidatos mencionados anteriormente por parte de la CC, sea negada la participación de Sandra Torres y que la solicitud de antejuicio planteada por la Fiscalía Especial contra la Impunidad (FECI) sea desarrollada con la mayor prontitud y eficacia posibles. En conclusión, se puede llegar a decir que el futuro del país está en manos de los magistrados del máximo órgano jurídico-constitucional.

Guatemala merece un cambio de historia, merece un progreso digno y con justicia social de por medio. Piensa tu voto, razona e infórmate sobre las demás opciones que se tienen; no dejemos que los “viejos” sean lo que vuelvan a montar las riendas de la administración pública del Estado y tampoco de la creación de la legislación nacional. Se espera que para el viernes de esta semana las noticias (sean buenas o sean malas) lleven a un accionar a toda la ciudadanía guatemalteca para una reforma en el pensamiento electoral.

Suena idealista, pero si no fuera así las lagunas del existencialismo radical nos volverían mecánicos y sobre todo alineados de la realidad que se vive. Hasta entonces se puede concluir que Guatemala y su proceso electoral están sumergidos en tierra de nadie; en donde la incertidumbre, la falta de aplicación de la ley y de raciocinio son evidentes.

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