By Brújula
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Durante las últimas tres décadas, en nuestro país hemos experimentado procesos de globalización que impactan de distintas maneras lo local, regional y nacional. Se trata de procesos que han producido transformaciones importantes en el terreno económico, social y político, ligados tanto al uso de nuevas tecnologías de información y comunicación, como a otras formas de relacionamiento en redes regionales y globales. Asimismo, hubo un gran impulso a la urbanización de las poblaciones.

Este proceso globalizador tiende a conformar una visión uniforme del mundo, en el cual se comparten pautas económicas, sociales y culturales, y se imponen mega-tendencias que incluyen la alimentación (como la comida rápida o industrializada). A modo de contra-tendencias, se han conformado también diversas manifestaciones de afirmación o resistencia identitaria, o bien, movimientos que buscan alternativas a los modelos productivos dominantes.

En nuestro medio, la globalización ha dado lugar a una serie de cambios ligados a hábitos cotidianos de las personas, relacionadas con la tecnología informática; pero también con aspectos que van desde la organización del trabajo hasta las interrelaciones y, por supuesto, ha generado nuevos estilos de vida, más urbanos.

Entre los hábitos cotidianos que han sufrido un gran impacto figuran los cambios que se están produciendo en las dietas de las personas; no solo en lo que se come, sino en el cómo, cuándo y por qué se come así. Esta situación no es un problema personal sino se trata de comportamientos colectivos en los que intervienen distintas pautas de consumo.

En un país tan desigual como Guatemala, coexisten dos tipos de dietas contrapuestas que se expresan en distintas problemáticas de salud pública: se trata de dietas carenciales y de dietas en exceso. Las primeras están ligadas a la pobreza y la desnutrición, y las segundas, a malos hábitos alimenticios, sobre todo en medios urbanos. Ambas maneras de comer provocan distintas enfermedades y causan diferentes tipos de muerte. Respecto al primer caso, en nuestro país durante la década de 1950, el INCAP dirigió una serie de investigaciones sobre patrones alimenticios y dietas carenciales, a partir de lo cual se creó la Incaparina, como un producto para mejorar la ingesta de proteínas en población pobre.

La investigación que nos ocupa se refiere al segundo caso, y surge en parte por una preocupación epidemiológica y social. Esta se enfoca en patrones alimenticios contemporáneos en medios urbanos, con el fin de documentar y entender qué está sucediendo con la transformación en el consumo de alimentos en determinados grupos de población.

El proyecto de investigación se denomina “Cambio social, nuevos valores y consumo de alimentos de capas medias urbanas en ciudad de Guatemala: estudio exploratorio” y responde al interés por indagar el comportamiento de los consumidores respecto al cambio en su dieta diaria, intentando determinar el papel que juegan algunos valores sociales y culturales en estos nuevos modos de consumo. Para ello se llevaron a cabo dos encuestas: en 2016 y 2017, con estudiantes de la Facultad de Económicas. Actualmente se está en fase de análisis de resultados y redacción de informe final.

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