By Brújula
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Samuel Garzaro/

Existe en Guatemala una dicotomía más seria y, a mi parecer, mucho más importante que aquella que se da entre si sos del Real o sos del Barça; si sos crema o rojo (y Dios guarde si llegas a ser del Real y Rojo o del Barça y Crema); que si Messi o Cristiano; que si iOS o Android. Es la conocida, más inadvertida “El Gobierno no sirve para nada” contra el “No saben cómo  funciona el Estado”.

Dicha dicotomía pone en evidencia dos puntos clave: que la sociedad guatemalteca poco sabe (o poco ha podido o querido saber) sobre el día a día en el Estado; y que el Gobierno poco ha hecho (o poco ha podido o querido hacer) para abrirse y ser transparente hacia el ciudadano guatemalteco, en la pluralidad de sus posibilidades y condiciones.

Un gobierno que abre sus puertas a la auditoría y a la participación de la sociedad no significa mucho si no tiene eso: una ciudadanía que busque ser auditora de la ejecución de programas, planes, proyectos y presupuestos; y partícipe en la construcción de un mejor país. Por redundante que esto sea.

Para construir esto, en un país como Guatemala, se necesita imperativamente de la existencia de un pacto sinérgico entre lo público, lo privado y la sociedad civil.

La construcción de la relación entre un Gobierno abierto y una sociedad participa involucra una lucha permanente por la reconfiguración de los espacios de poder en pro de la construcción y fortalecimiento de la democracia. La lucha contra la corrupción es un factor importante en la construcción de dicha relación (con fines de fortalecer la confianza ciudadana en las instituciones del Estado), más no es suficiente. Es necesaria una ciudadanía que se informe y busque el acceso a los mecanismos de poder y participación.

Es importante también para el Estado, dentro de la idea de construir mecanismos de Gobierno abierto, tomar en cuenta la existencia de la Guatemala Urbana y Rural (de nada sirve, por ejemplo, el acceso a la información pública vía internet en lugares en donde no existe servicio de energía eléctrica ni acceso a internet) haciendo que la construcción de dichos mecanismos sea acorde a las realidades concretas.

No convirtamos la diversidad de nuestro país en la excusa para hacer profundas ni las diferencias ni la indiferencia.

La construcción de ése país que todos sabemos que Guatemala puede llegar a ser no es responsabilidad de Iván, ni de Thelma, ni de Jimmy; es responsabilidad de todos. Exijamos cuentas claras a nuestras autoridades, pero también exijámonos responsabilidad y coherencia a nosotros mismos. Sólo así construiremos un Gobierno que no solamente será abierto; será participativo y se llegará a sentir de todos.

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