By Daniela Archila
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Muertes del primer mundo vividas en un país tercemundista. Eso de morir me distorsiona la mente, no el acto, pues todos lo viviremos y hemos tenido experiencias con familiares cercanos. Pero, no entiendo cómo es que hasta las pérdidas estén clasificadas jerárquicamente.

Mi afán no es ofender a ninguna entidad, pero espero entendamos que vivimos en un estado laico y, en lo personal, me provoca mucha inquietud la muerte del famoso Monseñor Óscar Julio Vian Morales quien falleció el sábado 24 a las 2:32 p. m. a causa de una enfermedad terminal.

No estoy de acuerdo en lo más mínimo con un velatorio de cuatro días. Me parece injusto y falto de respeto.

Me entristece, ¿Acaso los demás no contamos con el privilegio de morir de la misma manera que monseñor?

Gente muerta a diario en cantidades y por infinitas razones que no están en sus manos pero sí en fuerzas mayores y veo, también, a esas fuerzas mayores sentadas en su trono sin preocuparse si las familias tienen dónde dejar caer el cuerpo.

Me resbalan las lágrimas frías como los cadáveres de nuestra gente inocente, maltratada por esta sociedad hipócrita, corrupta, violenta y monoteísta. El presidente minimizando su horario de trabajo para rezar por el país, el monseñor velado por cuatro días.

Han muerto niñas quemadas y fueron honradas únicamente por la parte indignada de la sociedad, así como cada día mueren choferes, vendedores de agua pura, encargados de recoger la basura, las personas que llevan años muriendo en el relleno sanitario, y muchas más.

¿En qué nos hemos convertido? ¿solo los poderosos tienen derecho a morir dignamente? Ojalá fuéramos premiados para que todas las personas que nos quieren tengan el tiempo de despedirse de nosotros, de pausar la televisión para que los ciudadanos valoren nuestra muerte.

Día tras día, se vive una lucha colectiva contra una colonización de pensamiento y de actos la cual siempre se torna más compleja. Pero la injusticia de este país limita a veces el trabajo.

Tal vez hablo desde la insensatez, desde la frustración del desvanecimiento de mi país, de mi hogar en donde todo se está saliendo de control, donde gobiernan personas y situaciones que no deben hacerlo.

Escribo desde el dolor de esta falta de descentralización. Guatemala cada vez, es más un país que entre tanta red él mismo se ahorca.

Escribo desde el luto por todas las muertes injustas que han sido y siguen siendo ignoradas.

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Ser surrealista. Una reconquista de lo mal conquistado. Amante de los huipiles, la tinta y la poesía.

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