By Luis Ernesto Morales
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Guatemala, es un país que históricamente ha sido fuertemente afectado por los terremotos. Nos encontramos geográficamente, entre el eterno baile de la Placa de Cocos, la de América Del Norte y la del Caribe. Nuestra historia con los terremotos ha sido de una trascendencia gigantesca (Santa Marta en 1773, los de 1917, 1918 y el de 1976), tan reciente para unos y tan lejano para otros. Hemos perdido miles de vidas a causa de estos, hemos perdido partes de nuestro patrimonio nacional y hemos tenido incluso que fundar otra capital debido a las consecuencias de uno.

Los terremotos han sido inevitables, constantes y Guatemala ha visto la cruda realidad de su fuerza.

Durante estas últimas dos semanas, el país nuevamente ha sido golpeado por 2 sismos de 6.6 y 6.9 grados según la Escala de Richter. A pesar de la poca cantidad de fallecidos (5 personas contabilizadas hasta el momento) y los daños relativamente mínimos, en consideración con la magnitud de ambos sismos, hemos tenido suerte tomando en cuenta que la temporada de lluvia también ha hecho sus estragos en el país y lamentablemente ha resultado en el fallecimiento, hasta el momento, de 12 guatemaltecos en el caso del deslizamiento de Soloma en Huehuetenango.

No significa que los daños materiales y la vida de estas 5 personas, que murieron a causa de los temblores, no merezcan ser mencionadas, pero si tomamos en cuenta que el terremoto de 1976 de 7.5 grados de magnitud cobró la vida de 20 mil personas, sí podemos sentirnos afortunados.

Tras el sismo del 14 de junio, circula en las redes el video acerca de un pronóstico de un posible terremoto. Este, indica que podría suceder en el próximo año siendo los primeros 6 meses los de mayor riesgo.

Este posible terremoto, de acuerdo al video, rondaría la magnitud de 7.5 grados según la escala de Richter y ocurriría en la Falla Del Motagua. El hombre del video comenta que el método aún está siendo comprobado por expertos, pero asegura haber acertado con el pronóstico del terremoto de noviembre de 2012. Hasta el momento, pocos expertos pueden salir a confirmar o negar lo que él dice, pero para el resto, esta hipótesis no puede ser descartada hasta el momento.

La verdad, es que el pronóstico de un hombre no debería de alertarnos sobre el peligro inminente que sufrimos a diario con los terremotos. Con lo ocurrido en el pasado, debería de ser suficiente para estar alerta y preparados para cuando el siguiente nos golpee. Guatemala es un país frágil ante la naturaleza y hemos sufrido lo suficiente con volcanes, huracanes, deslizamientos y demás catástrofes naturales para saber que siempre hay que estar preparados. Aunque las condiciones de vivienda y las comunicaciones han mejorado muchísimo desde el último gran terremoto de hace 41 años, aún existen edificios y casas en condiciones deplorables que al momento de un sismo lo suficientemente fuerte, serán reducidos al polvo.

La labor de instituciones como la CONRED, han tenido sus resultados positivos pero nunca han enfrentado una crisis nacional, como la que han representado los mayores terremotos de nuestra historia ya que se fundó hasta 1996. Sin embargo, desde su creación, las advertencias emitidas por esta institución han sido ignoradas en el pasado y el recuerdo del desastre en El Cambray II, todavía resuena en nuestras cabezas y corazones. Por ello la CONRED ha iniciado a preparar a las comunidades en mayor riesgo a estar listos para el momento de un sismo, pero aún les queda muchísimo para lograr abarcar todas las zonas de riesgo. Por supuesto la colaboración individual de los guatemaltecos influye mucho en el cumplimiento de las metas de la institución.

La situación en la que viven muchísimas personas en el país es suficiente para tener el miedo de que una tragedia similar pueda reproducirse.

Por parte del gobierno además de brindarle mayor apoyo a CONRED, se debería de iniciar con campañas de desalojo de casas y edificios que estén en peligro de sucumbir al momento de un sismo, ya sea por el material con el que fue construido, su antigüedad o en donde esté ubicado. Aunque la vida de los guatemaltecos tiene que ser prioridad ante los desastres, tampoco se puede dejar a un lado la protección que se le debe dar a nuestros edificios públicos y símbolos nacionales como el Palacio Nacional que mostró daños en su techo por los sismos de las últimas semanas. Las iglesias, escuelas y hospitales, deben ser también inspeccionados meticulosamente para evitar tragedias mayores. Claro una cosa es cómo se debería de hacer y otra es cómo se pueden o se quieren hacer.

Los efectos de los terremotos han marcado un antes y un después en la vida de nuestros abuelos y nuestros padres. Está en nuestras manos evitar que otro más nos vuelva a dejar en el suelo. La amenaza latente de que suceda o no otro terremoto, es tener la certeza que nos golpeará pero puede que no tan fuerte como los anteriores o puede que sea aún peor. La magnitud y el epicentro aún no lo sabemos al cien por ciento, pero sí sabemos que ese terremoto vendrá y no podemos escapar de él pero sí podemos prepararnos para cuando llegue el momento en que despierte.

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