By Iván Escobar
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Ivan Escobar/

 

*Este es un texto ficticio

Guatemala un país de riqueza y pobreza extrema, Ciudad de Guatemala es una ciudad teñida de sangre, un sitio perfecto para delinquir o un sitio perfecto para prosperar. Relatos y memorias envuelven la mente de las personas, testimonios y anécdotas para contar su diario vivir.

Ángel es un estudiante con beca completa, por la Universidad Rafael Landívar, se despierta todos los días a las 4:00 a.m. para ir a estudiar la carrera de Arquitectura. Al salir de su casa, comienza a caminar ladera arriba en lo que hoy es la colonia el Limón, en la zona 18, un área que el gobierno de Guatemala cataloga como zona roja.

Ese lugar vio nacer a los primeros pandilleros; que luego pasarían a conformar la Mara 18.

En algunas de las calles por donde camina Ángel, se puede observar  la perforación de las balas en las paredes, los vidrios rotos de las casas y, por supuesto, los signos de la Mara 18. Al salir de esas calles sube a un Transurbano,  el sistema de transporte por el cual Álvaro Colom y su gabinete tienen un proceso en su contra. El Transurbano lo deja en zona 1, donde ahora debe esperar el bus “No. 2”, un colectivo vulnerable a los asaltos, extorsiones, muertes y degradación a las mujeres. Ángel no ha pasado por alto los actos de delincuencia en su diario vivir, además ha sido testigo ya de una muerte en contra de los pilotos de ese transporte. En su mente por las noches aún escucha los gritos de las niñas que ahora están huérfanas, uno de los asesinos incluso portaba una cruz de Cristo fundida en metal. ¿Cómo es que pueden ir con Cristo y con el diablo? Ese tipo de preguntas son las que Ángel piensa muchas noches que sufre de insomnio. Finalmente después de una hora llega a su destino. El ayudante del bus, que tiene aspecto de delincuente y que molesta a todas las jóvenes que se dirigen a estudiar su carrera universitaria, grita: “Universidad”, allí es cuando Ángel baja del bus e ingresa a otra realidad.

La mayoría de sus compañeros utilizan automóvil, apenas el 5% de ellos se dirigen en bus. El portón de su Alma Mater es un muro que divide la baja y la alta sociedad. El chico tímido dentro de las aulas, únicamente escucha como los demás universitarios hablan acerca de ir de viaje de un país a otro, o como sus padres empresarios ganan miles de quetzales, tristemente piensa en su familia en donde apenas alcanza el dinero de su madre para sobrellevar todos los gastos, su padre es un desconocido desde hace 18 años, un caso típico dentro de la sociedad guatemalteca.

Pasada la mañana se terminan las clases en la universidad, y en ese momento se dirige a dejar su Curriculum a diferentes empresas, lastimosamente al ver la ubicación de su domicilio le han cerrado las puertas. Los departamentos de recursos humanos creen que Ángel seguramente tiene familiares o amigos delincuentes, para nadie en la colonia “el Limón” es una mentira, pero de ningún modo debiera ser la piedra de tropiezo de un buen estudiante de la carrera de arquitectura.

Después de varias horas de buscar trabajo debe regresar a su colonia, su barrio, el lugar donde lo conocen y vive con su familia, un lugar epicentro de los altos índices de violencia. Al volver a caminar las mismas calles observa jóvenes en motocicletas, otros pegamenteros, otros en autos lujosos. Esa realidad es la que le ha marcado la vida desde hace mucho tiempo, esa cara de la realidad es por la cual las instituciones del gobierno no muestran su interés.

Al fondo escucha el sonido de las sirenas de las ambulancias, después de una descarga con arma de fuego.

La noche ha caído rápidamente y Ángel se encuentra descansando en la sala de su casa, las noticias llegan corriendo, han asesinado a uno más de los jóvenes que estudiaron con él durante la primaria.

La colonia el Limón no solamente es un sitio en donde se genera violencia, al igual que Ángel hay muchísimos otros jóvenes en busca de oportunidades, a pesar de vivir una realidad que muchos desconocen, ellos mismos piensan que viven en un lugar donde las flores florecen sobre las piedras.

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  1. Gadi / 06/03/2018 at 07:43 /Responder

    La desigualdad, ese enemigo silencioso, esa “normalidad” de los habitantes, muchos enajenados viviendo en sus burbujas de opulencia mientras el prójimo se muere de indiferencia, felicitaciones excelente lectura.

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