By Fatima Rodriguez
Posted: Updated:
0 Comments

Una vez leyendo un artículo en una revista española, leí un pensamiento que me pareció bastante interesante, decía que; cuando llegas a una edad es muy difícil aceptar que te has equivocado, y es mucho más difícil cambiar tus valores. Yo…yo creo en las normas, quizá porque estoy chapada a la antigua, o porque cuando iba al colegio las monjas y mis maestros, siempre me decían que había que andar por el camino de la virtud. Pero hoy, hoy cada uno tiene sus propias normas, o ni siquiera las tiene. Y muchos viven en el caos, donde todo vale y donde todo es posible. Y siempre he creído que esa gente estaba equivocada. Pero aunque uno crea saber cómo deben ser las cosas, la realidad es que las cosas son como son…La vida no es una máquina expendedora en la que introduces virtud y extraes felicidad. Desde ese momento me di cuenta que la vida es incierta y debemos estar preparados para vivirla, ahora estás y de pronto en una décima de segundo dejas de existir.

Pero ¿Qué es el tiempo? ¿Alguna vez te lo has preguntado? El mejor ejemplo que puedo brindarte para escenificar el tiempo y su importancia, es la misma vida. La vida es nuestra cuenta de ahorros, que en lugar de estar llena de dinero, está llena de tiempo; venimos a este mundo con un número determinado de minutos asignados a nuestra cuenta, cantidad que no es renovable, transferible y a la que no le puedes depositar nunca, únicamente puedes hacerle retiros diarios. Es una cuenta a la que empiezas a hacerle retiros de minutos, desde el primer instante de tu vida, desde ese segundo en que abres los ojos y empiezas a respirar, desde ese día tu cuenta empieza a funcionar sin preguntarte y cuando la reserva de minutos que tienes asignada a ella termine, la cuenta se cerrará automáticamente y tu tiempo en esta tierra, estará oficialmente terminado.

Todos tenemos una cantidad distinta de tiempo en nuestras cuentas de vida, algunos tienen muchísimos ahorros dentro de ella, tantos que les permiten llevar una vida larga, plena y longeva. Otros en cambio, tienen una cantidad limitada de tiempo depositada en sus cuentas de vida, tan limitada que a veces solo se les permite darle un vistazo al mundo, antes que su cuenta caduque. Ahora bien, la cantidad de tiempo que tengas depositada en tu vida, no tiene nada que ver con la calidad que le demos al mismo. Así como con el dinero, no se necesita una gran cantidad de él, para ser feliz, muchas personas teniendo solo lo justo para vivir, son más felices y plenos que aquellas que tienen una gran cantidad de dinero y de bienes. Todo en esta vida depende de la calidad que le demos a lo que nos fue asignado, no de la cantidad que tenemos.

Como dije antes, todos tenemos una cantidad de tiempo diferente, otros más y otros menos; es imposible saber cuánto tiempo tenemos asignado a nuestras cuentas de vida, esa cantidad es incierta para todos, solo sabremos de cuanto fue nuestro préstamo, el día en que dejemos de existir. Pero lo que sí es cierto, es que debemos de aprovechar el tiempo al máximo, vivir nuestra vida en plenitud, sin importar cuanto estaremos en esta tierra. Hay mariposas, por ejemplo, las mariposas de Vietnam, que tienen un período de vida tan corto como un día, tienen 24 horas luego de convertirse en mariposas para poder vivir; no son seres humanos, no tienen conciencia, pero solamente tienen un día contado para poder vivir y hacer lo que quieran y buscar su plenitud,.

Nuestra vida no es como la de una mariposa de Vietnam, o al menos eso debemos de esperar, nuestra meta debería ser buscar la felicidad, pero el miedo, el maldito miedo es lo que nos aleja de la felicidad, el miedo es como la familia, todos tenemos uno y son tan únicos y diferentes como nosotros mismos, pueden ser tan simples y complejos al mismo tiempo, como la incerteza misma, miedo a la muerte, miedo al sentir, al estar solo, al que pasará, a que tu pareja te vea desnuda, miedo a volar solo, a ser olvidado, a nunca ser amado. No está mal tener miedo, es parte de la vida, es parte de ser humanos, el problema es encariñarse con el miedo, y hacerlo una costumbre, parte de nuestra vida como un latido mismo.

Nosotros, no nacemos siendo plenos y felices, la vida, nuestras acciones, las cosas que acontecen en ella, eso es lo que nos va convirtiendo en seres plenos. Pasar del cielo al infierno en un parpadeo, sentir el corazón latir, enamorarse por primera vez, ese primer beso fuese bonito o no, el primer orgasmo; ese segundo en el que vas al cielo y lo tocas aunque lo toques pecando, sentir como la sangre centímetro a centímetro irriga nuestros cuerpo en cada latido, como el aire abandona nuestros pulmones en cada suspiro. Esos acontecimientos, son los que nos van dando la plenitud y la felicidad en la vida.

Related Posts

Guatemala un país de origen, recepción y paso de migrantes estuvo en el ojo del mundo por el paso...

Durante la última década hemos visto una serie de cambios en el transporte público de la ciudad de...

Wendy Edelmira Samayoa...

Leave a Reply