By Antonio Flores
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“Los pueblos tontos y mudos, hablan, piensan y analizan la realidad” – Jesús Tapuerca OP

Aun recuerdo el cinismo del entonces presidente Otto Pérez, haciendo un llamado a la “Guatemala Profunda” en plena crisis política de 2015, como queriendo apelar a esa vieja técnica de dar lastima y esperar que aquellos marginados/excluidos históricamente, salieran en su defensa y a dar la cara por él ante las acusaciones que le hacían. En ese momento de crisis, don Otto acuña este término (hoy casi olvidado) para referirse a los pueblos y barrios, que concentran la mayor parte de guatemaltecos de clase media y baja, esos sectores con los que rara vez somos tolerantes o empáticos

Esa escasez de tolerancia, se refleja en lo que tantas veces nos toca escuchar respecto a estos sectores del país: “Son pobres porque quieren”, “Si no trabajan, ¿para que tienen tantos hijos?”, “Deberían educarse, tan supersticiosos que son”, “¿Esos quienes se creen para venir a la capital, que hacen pidiendo derechos?”, “Como chingan con sus protestas, pinches mantenidos”.

¿Habrá algo más en el imaginario capitalino que consignas clasistas y abusivas para referirse a cualquier miembro de las 23 etnias de nuestro país?

Tal parece que el miedo absurdo y enorme a reconocernos diversos sigue tan latente que nos domina y determina el actuar social.

Ahora bien, este miedo se combate a través del reconocimiento de nuestra diversidad/pluralidad. Reconocer la diversidad consiste en la construcción de relaciones horizontales, aceptar de la propia historia, los imaginarios y la identidad personal de cada individuo según su etnia y género.

Hace un mes, me aventuré a vivir con el pueblo Achí en la Baja Verapaz, para acercarme a al estilo de vida, propio del área rural de nuestro país. Quería entender que se vive en el día a día, como se sobrevive lejos del bullicio, lujos, prisas y comodidades a los que estoy acostumbrado. Quería hallarme sin nada y saber que era todo para mi en este momento, trascender mas allá de las redes sociales en las que me quejo, denuncio y fiscalizo, reconocer cuál es mi papel como joven y humano en la trasformación de la conducta y los nudos de lo cotidiano.

Ellos me abrieron las puertas de su comunidad y compartieron su comida, sus historias, las luchas, miedos, esperanzas y anhelos individuales/colectivos que mueven su cotidianidad. Conforme pasan los días, me doy cuenta (de nuevo) que ellos son la Guatemala Profunda, donde no se vive de ideales o buenos deseos, simplemente les toca sobrevivir, luchar por un presente diferente para ellos y un futuro diferente para sus hijos.

Su cotidianidad son todos esos datos con los que llenamos nuestros análisis, estudios, textos y noticias.

Por ejemplo: se camina de 2 a 4 horas para llegar al poblado más próximo para ir al mercado, buscar atención en salud o llegar a un segundo trabajo enmarcado en la economía de supervivencia, viviendo con un menos de $1 al día y sin posibilidades de ahorro o inversión y una ingesta calórica ridículamente baja, que depende sobre del maíz y frijol, el machismo es tangible y las oportunidades escasas.

No quiero hacer de mi experiencia otra vitrina para la pobreza y desigualdad a la cual condenamos a nuestros compatriotas, con nuestra indiferencia y falso altruismo. Ya no necesitamos más de eso, no hemos hecho nada con lo que nos dijeron antes, dudo que hagamos algo con lo que sabemos ahora. Tampoco estoy para hablarles de aspectos positivos, mágicos y trascendentales de mi experiencia, porque si los hubo y el pueblo Achí, al igual que los Q’qechies en su momento, me ayudaron a volver al inicio.

Es momento de hacerles justicia, de verlos como nuestros compatriotas y compañeros de lucha. Ellos también quieren mejores oportunidades, están cansados de la corrupción, sufren (incluso más que nosotros) con las estructuras paralelas y poderes oscuros en el poder. Eso de andar diciendo que somos su voz y que hablamos por ellos, es absurdo e innecesario. No hay nada más denigrante que creerles necesitados de nosotros. Hay que cambiar ese sentimiento lastimero y denigrante que no valora su voz, identidad, cultura, cosmovisión o espiritualidad, por un deseo de inclusión y atenta escucha.

Si queremos una construcción social, representativa, plural e incluyente, debemos abandonar ese cinismo con el cual miramos hacia nuestros pueblos y barrios marginales.

La Guatemala profunda tiene demasiado que decir y de ellos es también la lucha por un país más justo, equitativo y en paz.

 

“¿Qué son los Pueblos Originarios? Son la salvación, sin ellos estamos en riesgo de corrompernos, con ellos debemos construir las denuncias por la verdad y la vida…” – Mons. Raul Vera OP

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Vuelo bajito por la ciudad... contemplo y comparto lo contemplado. Creo en el amor, busco la verdad, luchó por la justicia y disfruto la amistad; eterno aprendiz, estudiante, amigo, hermano, bata blanca. Tratando de tranformar la eterna primavera.

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