By Brújula
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Oscar Ramírez  / Opinión

¿Cuántas veces hemos escuchado la palabra “democracia” en los vocablos, diccionarios e incluso cátedras impartidas en los centros de estudios? Para este servidor, han sido incontables las veces que la palabra democracia ha aparecido en una conversación o lección. Pero, ¿Verdaderamente la sociedad guatemalteca actual entiende que significa democracia? Por la experiencia personal puedo asegurar que, es un porcentaje pequeño que, por lo menos, no limita el significado con el simple hecho de emitir el sufragio en las elecciones generales.

La democracia, va más allá de unas elecciones libres y secretas. La democracia implica ejercicios de auditoría social, incidencia en decisiones, respeto de la institucionalidad y la defensa de los derechos.

Por muchos años, los Estados del mundo moderno estuvieron sumergidos en regímenes autoritarios en donde las libertades y derechos estaban restringidos por la voluntad del caudillo o grupo formal de gobierno (cúpulas o Estados Mayores). Latinoamérica, fue un caso especial en la segunda mitad del siglo XX con el nacimiento de los Estados Burocráticos Autoritarios. Estas formas de Estado yacían con fachadas electorales y ciertas aperturas en materia de libertades y derechos.

Eso no quiere decir que la democracia existiera, no se daba el ejercicio de democratización plena y la violencia se convertía en mecanismos de rutina en la vida diaria del ciudadano. Por ello, hay que diferenciar cuando se habla de la democracia. Esta no es perfecta pero si es necesaria para lograr consolidar una vida en respeto a los derechos; las situaciones que se presentan en los días actuales no son culpa de la democracia, son culpa de la poca institucionalidad, de la poca valoración y de los mecanismos informales que se han gestado en el seno interno de la administración de gobierno.

Al día de hoy la democracia en nuestro país, es muy joven y por ende débil. Fortalecerla depende también del ejercicio ciudadano fiscalizador que se gesta dentro de la auditoría social a través de los instrumentos formales que presenta la ley. El querer depurar un congreso o expulsar a un presidente, son acciones que atentan contra la gobernabilidad, estabilidad e institucionalidad del país. Es decir, no son las opciones más idóneas ya que solo transmiten impulsos burdos de los pensadores radicales del país.

La crítica entraría a pensar que las propuestas dadas en este escrito, son de un defensor del status quo, pero no es lo que se trata de explicar. Hay otros mecanismos formales que pueden ayudar a fortalecer nuestro sistema, mecanismos que pueden ser la opción idónea para llevar a cabo procesos en plena paz y sin alterar un orden que lleve a decisiones como las que se tomaron en las elecciones del año 2015.

Mientras tanto, no le echemos la culpa a la democracia. Es joven y está aun en plena tarea de fortalecerse; ponte a pensar que si no fuera por su existencia tu no podrías opinar, publicar, gritar, exigir, ni mucho menos hacer valer tus derechos frente al mecanismo de instancia pública o privada.

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