By José Andrés Franco
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“El Honor militar impone el más estricto cumplimiento del…”

La frase que se encuentra arriba está claramente incompleta. Las personas que la conocen o que la han observado más de alguna vez, saben de qué falta solamente una palabra “deber”. La eliminé porque me cuestiono si el deber del ejército está relacionado con lo que hace actualmente. 

¿Cómo se pierde el honor? ¿Cómo se sabe que se ha perdido?, y si esto sucedió ¿Qué se puede hacer al respecto?

El rol del Ejército luego de la firma de los Acuerdos de Paz dentro del Estado de Guatemala, estipuló la protección de la soberanía del Estado y de la integridad del territorio; debe ser apolítico y no deliberante, es decir, que no puede tomar decisiones por su cuenta. Sin embargo, desde la firma de los acuerdos, el rol establecido no concuerda con muchas de las acciones que el Ejército ha llevado a cabo hasta el día de hoy.

Me refiero a como la institucionalidad del Ejército de Guatemala y sus recursos, son utilizados para realizar acciones cuestionables, por parte de varios actores que se encuentran dentro del Ejecutivo (incluyendo el mismo presidente) y otros organismos.

Sin regresar a otros gobiernos y concentrarnos en la administración actual, nos podemos percatar de una serie de señalamientos y posturas tomadas por el Ejército, que parecen estar al servicio de la misma clase política que constituye el llamado Pacto de Corruptos.

En septiembre del 2017, Nómada denunciaba el cobro de un cheque girado al presidente Jimmy Morales por Q50,000.00, por parte del Ministerio de la Defensa. Posteriormente, al ser cuestionados por los medios de comunicación, el ministro dio a conocer de que se entregaron 9 cheques con la misma cantidad, para hacer un total de Q450,000.00, sin una justificación clara ni legal sobre el porqué de estos cheques.

A principios de este mes, la actual Canciller recibió una condecoración por parte del Ejército, por acciones a favor de esta institución. Sin embargo, la condecoración se realiza coincidentemente después de una controversial reunión que sostuvo la Canciller con el secretario General de la ONU, para expresar preocupaciones sobre el trabajo de la CICIG y para pedir la sustitución del Iván Velázquez.

Y en los últimos días pareciera que no hay voluntad por parte de los altos mandos del Ejército para ayudar con la detención y negarles la protección a personas que se encuentran entre sus filas.

Primero, se encuentra el caso del Coronel Otto Fernando Godoy Cordón que fue detenido en Petén, durante un operativo en donde fue incautada una avioneta con kilos de cocaína. El Ministerio de la Defensa, por medio de un comunicado, informaba de que el Coronel se encontraba de descanso y que no se le daría de baja, hasta recibir una sentencia por parte del tribunal que llevará el caso.

Y segundo, la orden de captura girada contra el general y comandante del Ejército, Erick Fernando Melgar Padilla, por un conflicto de herencia y el tratar de manipular dicha investigación. De nuevo, el Ministerio de la Defensa comunicó que el general se encontraba de descanso y que no se tiene información sobre su paradero.

Estos casos que se han presentado en los últimos 6 meses, demuestran lo opacas y poco claras que son muchas de las decisiones que se siguen tomando dentro del Ministerio de la Defensa. Desde la utilización de los recursos para fines corruptos, la inactividad en el apoyo a las investigaciones, el abuso de los protocolos y los numerosos privilegios que reciben en los centro carcelarios como Mariscal Zavala. Parece entonces, que el deber se ignora para obedecer los deseos de otros actores.

Por lo tanto, si el honor militar consiste en el estricto cumplimiento del deber, el Ejército se encuentra en un punto en donde su honorabilidad se puede cuestionar claramente. Ya no se trata de un servicio hacia el país, sino de un vehículo para lograr diferentes fines por parte de actores que no deberían de tomar decisiones que no le competen a la organización armada.

Es por esta razón del pasado militar del país pareciera que no puede despegarse de las prácticas mafiosas que se desarrollan en el Estado.

A pesar de comprometerse y llevar a cabo una serie de reformas desde los Acuerdos de Paz, debido a su rol en el Conflicto Armado Interno, el Ejercito de Guatemala sigue generando controversia en la forma como muchos de sus miembros activos o retirados, se involucran acciones corruptas y mafiosas.

Su opacidad se presta a realizar muchas acciones que hoy en día, debido a tantos esfuerzos, no se pueden llevar a cabo otras instituciones. Sigue siendo una institución que queda debiendo al país, su compromiso hacia una consolidación democrática.

Si ni siquiera podemos garantizar la honorabilidad del Ejército al que busca forma parte de esté, entonces ¿De qué sirve el uniforme, el rango, pero sobretodo, el servicio que busca brindar al país?

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Estudiante de la Licenciatura en Ciencia Política en la Universidad Rafael Landivar, me considero inesperadamente diferente y no me gustan las limitaciones que evitan expresarnos. Me gusta vivir para aprender y aprender para vivir.

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