By Antonio Flores
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De a poco el año va llegando a su final, y con él, otra serie de columnas y oportunidades para indagar, discernir, proponer y analizar a la luz de la razón, la realidad y la coyuntura todo lo que nos va sucediendo; pero como cada fin de año, esta columna va para vos que estás leyendo esto, para los que estamos, para los que no sabemos rendirnos y estamos cansados… para aquellos necios del amor y la esperanza, quiero dedicarles unas cuantas lineas.

Cuántas palabras se nos van entre coyunturas, análisis y propuestas como agua entre los dedos… a veces pareciera que no estamos escribiendo mas que para nosotros mismos, llegas a sentir que nadie te lee o que las palabras están lanzadas al viento; pero debemos pensar que no siempre se escribe para que nos lean, a veces escribimos para darle forma a todo lo que sucede en nuestra cabeza.

Sí, puede que allá afuera sigan nuestros contemporáneos habitando islas de lujos en medio de este mar de miseria y sin darse cuenta de que no todos tienen acceso a nuestras oportunidades y privilegios. Pero hoy le escribo a los heridos, a los agotados por las batallas diarias, que a estas alturas del año hacen un recuento de los daños, aquellos que desde el silencio de las buenas obras y la felicidad de la autenticidad han decidido transformar la realidad.

Para ustedes, para nosotros que a lo largo del año llegamos a nuestro límite y estuvimos al borde de la locura más de alguna vez, pero decidimos resistir y no ceder; por todas esas veces donde el mundo parecía no tener sentido y las cosas no podían estar peor, pero no nos rendimos y seguimos adelante… aunque estuviéramos heridos, cansados o sin ganas de nada. Cuántas veces hemos estado dispuestos a ponerle un fin a las situaciones, pero siempre adentro nuestro había una voz gritando ¡No te rindas!

No te rendiste y sigues en pie, aunque todo estaba en tu contra sigues al pie del cañón, dando todo por tus sueños, por los que amas, tus ideales y perspectivas.

Así es como nacen las revoluciones, de los corazones inconformes, heridos e inactuales, capaces de honrar la vida y verla de mil formas distintas.

A lo mejor y este fue un gran año, donde pudiste hacer, crecer, reír, creer y construir todo cuanto te propusiste o quizá fue todo lo contrario, porque nada salió de acuerdo al plan y solo estás deseando se acabe, pero independientemente de las circunstancias, sigues siendo de los que aman la vida, los buenos momentos, las conversaciones profundas y el silencio cómplice; mientras todos siguen preguntándose como diablos puedes seguir sonriendo, a pesar de todo y nada.

Estamos aquí, a las puertas de otro “nuevo comienzo” de tantos sentimientos y todas esas cosas que nos traen las fiestas, que pueden resultar sumamente abrumadores, molestos, preocupantes, llenos de gozo, amigables o hasta inspiradores. Sea lo que necesites o esperes, en estas etapas finales del año, creo que este poema, de uno de mis ancianos favoritos, Mario Benedetti, resulta justo para tomar un respiro:

No te rindas,
aun estás a tiempo
de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras,
enterrar tus miedos,
liberar el lastre,
retomar el vuelo.

 No te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje,
perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo,
correr los escombros y destapar el cielo.

 No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se esconda y se calle el viento,
aun hay fuego en tu alma,
aun hay vida en tus sueños,
porque la vida es tuya y tuyo también el deseo,
porque lo has querido
y porque te quiero.

 Porque existe el vino y el amor,
es cierto,
porque no hay heridas que no cure el tiempo,
abrir las puertas,
quitar los cerrojos,
abandonar las murallas que te protegieron.

 Vivir la vida y aceptar el reto,
recuperar la risa,
ensayar el canto,
bajar la guardia y extender las manos,
desplegar las alas e intentar de nuevo,
celebrar la vida y retomar los cielos.

 No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se ponga y se calle el viento,
aun hay fuego en tu alma,
aun hay vida en tus sueños,
porque cada día es un comienzo,
porque ésta es la hora y el mejor momento,
porque no estás sola,
porque yo te quiero.

El inicio y el final, suelen ser los dos momentos de historia humana que mas nos interesan, porque no existe uno sin el otro, siempre hay uno que precede y otro que sigue; de ahí que estos últimos días del año, suelan estar llenos de nostalgia, interiorización y autocrítica, que pueden resultar liberadores o una completa tortura.

Así que, sea cual sea tu caso, no te mortifiques pero tampoco dejes que las emociones te abrumen por completo, siente las cosas, abrázalas y luego déjalas ir; la vida importa, nuestra vida importa y tienen un significado, todo lo que estés buscando lo encontraras, aquello que esta buscándote te hallará, solo tienes que dejar de afanarte con la búsqueda. Detente, toma un respiro y contempla lo cotidiano en todo su esplendor, somos más sintiéndonos como vos, estamos dispersos, ocultos a plena luz del día, amando la vida, disfrutando lo que hacemos, creando, aprendiendo, contemplando momentos y sanando nuestras heridas.

Seas quien seas, donde quiera que estés, importas y a pesar de los errores, las circunstancias o el miedo, no hay porque detenernos en la búsqueda de lo que anhelamos, deja de rascar las heridas y permite que se conviertan en cicatrices que te recuerden lo que has pasado e inspiren a otros que vienen detrás.

About the Author

Vuelo bajito por la ciudad... contemplo y comparto lo contemplado. Creo en el amor, busco la verdad, luchó por la justicia y disfruto la amistad; eterno aprendiz, estudiante, amigo, hermano, bata blanca. Tratando de tranformar la eterna primavera.

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