By Isa Contreras
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Hace poco tuve la oportunidad de presenciar el discurso de Mario Vargas Llosa respecto a la libertad, el cual impartió en la Universidad Francisco Marroquín. Fue una pequeña introducción al tema de su nuevo libro, “El llamado de la tribu”. Afortunadamente, la universidad me otorgó una copia del libro, el cual pienso leer como mi cierre literario del año.

 

En el último año me he familiarizado mucho con la ideología del liberalismo. ¿La comparto? Para nada. ¿Creo que es utópica y poco práctica? Exactamente. Pero, ¿acaso no es eso lo que una ideología representa? No voy a hablar de las razones por cuales no simpatizo con el liberalismo, no tiene sentido. Es lo mismo que hablar sobre por qué el comunismo tampoco funciona. Quiero profundizar un poco en qué representa una ideología. Y, sobre todo, por qué parece que ningún país puede adoptar una sola en su totalidad.

 

Una ideología es un conjunto normativo de emociones, ideas y creencias colectivas que son compatibles entre sí y están especialmente referidas a la conducta social humana. Problemas con esta definición: emociones, ideas y creencias compatibles.

Es extremadamente difícil que una sociedad esté de acuerdo en estos tres aspectos. Jamás va a suceder; por lo que una ideología, por definición, no puede establecerse en su totalidad en ninguna sociedad.

 

Las ideas y creencias son completamente subjetivas. Todo lo que creemos y en lo que basamos nuestras ideologías depende de nuestro pasado, cultura, familia, religión, etc. Un sinfín de factores que impiden que todos estemos de acuerdo con una misma cosa. Sobre todo si esta “cosa” quiere abarcar tantos aspectos como una ideología. Concordar en ideas religiosas, culturales, políticas, económicas, morales… Imposible.

 

Muchas personas se centran en defender una ideología contra otra. Liberalismo contra socialismo. Izquierda contra derecha. Republicanos contra liberales. No se dan cuenta que solo están discutiendo ideas, conceptos, teorías; no algo que en realidad pueda ser aplicado de forma práctica a ninguna sociedad.

 

La conferencia de Vargas Llosa obviamente defendió la ideología liberal, lo cual es completamente válido y aceptable. El problema se da cuando se presenta la intolerancia. Cuando una persona se cierra en una sola idea, es cuando se ciega a la realidad social. ¿Cómo puede un país como Guatemala adoptar la doctrina liberal? Respuesta simple, no puede. No puede llegar a este punto sin haber pasado por una etapa socialista. No quiero decir un socialismo como Rusia o Cuba, basado en dictaduras y fuerza militar, no. Esto es el extremo de la idea. Quiero decir un socialismo como el mero significado de la palabra: planificación y organización colectiva consciente de la vida social y económica. Trabajo en equipo; no sed de poder de las personas a cargo de guiar al pueblo.

 

Para que Guatemala sea realmente libre, el Estado tiene que proveer las herramientas necesarias que permitan a la población ser equitativa y justa.

Cuando los 16 millones de habitantes guatemaltecos hablen un mismo idioma, sean alfabetas, tengan acceso a una educación de calidad y salud asegurada; ahí es cuando Guatemala será libre.

 

Dejemos de ver a las ideologías como enemigos, y absolutos inquebrantables. Tomemos lo bueno de cada una para mejorar a la sociedad. Un país donde el Estado se ocupe de su pueblo, provea salud y educación; y deje a la población ser libre de comerciar, practicar la religión que guste y vivir. Esa sería mi ideología.

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