By Luis Ernesto Morales
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Cada día, cada semana, cada mes, se produce en las redes sociales y en la opinión pública el mismo proceso. Un círculo vicioso que ahora forma parte de cualquier tema de discusión y acontecimiento que ocurre en nuestra sociedad. Pasa un hecho, ya sea una tragedia, un comentario fuera de lugar, una acción de un funcionario, una imagen o vídeo viral, a estas alturas puede ser cualquier cosa. Nos indignamos, lo condenamos, rezamos y enviamos nuestras oraciones, quien cometió la acción la chapuzea y a los pocos días, se olvida y nos quedamos a la espera del próximo hecho que nos indigna. Unas noticias duran un poco más que otras, pero en una gran mayoría se esfuma todo tan rápido como llegó al centro del ojo mediático.

La memoria corta de nuestra sociedad, ha llegado a ser la memoria de un pez dorado con la ayuda de las redes sociales. Podemos ver que la información está a un click de distancia y que los movimientos sociales como las manifestaciones de 2015 tuvieron su alcance gracias a ellas. La oportunidad de enterarnos de todo en un instante y acerca de temas que nunca habríamos podido enterarnos en otros tiempos.

El rol de las redes en la organización social y de las denuncias en contra de la corrupción y la impunidad, nos dieron el impulso por muchísimos sábados. ¿Pero, cuanto tiempo les damos la relevancia que merecen? ¿Cómo lograr la longevidad en los tiempos de un trending topic? ¿Cómo transformar un hashtag en algo más?

¿Cómo perpetuar el tiempo de vida de la indignación pública?

Como primer paso tenemos que aceptar que en una democracia, la indignación es un sentimiento negativo, del que se puede sacar mucho provecho. Los interesados en adquirir poder utilizan la retórica populista para utilizar el resentimiento, el malestar y el sufrimiento de las personas para sus fines personales. Sin embargo, la indignación junto con otros sentimientos de molestia puede lograr grandes cosas en una nación.

Desde la Revolución Francesa, el Movimiento Hippie contra la Guerra de Vietnam o la Primavera Árabe.

No todo en una democracia se construye por medio de sentimientos de armonía y felicidad, tenemos que aprender a usar lo negativo para hacer algo positivo.

Ahora mismo en Florida se está viviendo una revolución en contra quedarse en la indiganción. Los estudiantes de la escuela de Parkland están dejando atrás los “thoughts an prayers” y tomando acción en la petición del control de armas movilizando manifestaciones masivas y logrando por ahora un mayor cambio que las otras miles de masacres en escuelas han logrado.

Las acciones ya no se quedan en cambiar los filtros de Facebook, Instagram o Twitter.

Para evitar que el movimiento desaparezca se tiene que mantener el sentimiento en la gente involucrada y en los que lo apoyan. Mientras mantiene el pulso y se mantiene relevante, busca renovarse por diferentes medios con nuevos discursos y acciones distintas.

Si queremos que lo que nos indigna trascienda la avalancha de memes en internet y mensajes de consternación, debemos aprender no solo a usar las redes sociales, sino que implementarlas en la vida real. Claro, no todo tema puede solucionarse por medio de manifestaciones, pero el simple hecho de mantenerlo en el ojo público, permite que las soluciones aún sean posibles.

Ya sea acerca de tragedias como el Hogar Seguro, como el Cambray II, o los accidentes automovilísticos, sean actos de corrupción como el Pacto de Corruptos e incluso sea un tema como la sanción de la Fedefut, si queremos que las cosas cambien no podemos esperar que con darle atención por tres días desaparecerá.

Muchas veces los responsables buscarán eso. La amnesia que nos caracteriza y un chapuz para que creamos que obtuvimos lo que exigíamos.

Nos hemos olvidado de mucho, hemos dejado pasar el tiempo y nos enfocamos en lo que todos se enfocan ahora. Rompamos el ciclo, no dejemos de indignarnos, de molestarnos por las injusticias, la corrupción, el abuso o incluso la estupidez de quienes están al mando. Usemos las redes sociales como las herramientas que son y no dejemos que nos dicten cuando prestarle atención a cada cosa. Está en nuestras manos volver la indignación en acción.

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