By Brújula
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Pasando lentamente el tiempo y transcurriendo los kilómetros se acerca al departamento de Chiquimula la caravana de migrantes hondureños. Con sus angustias, penas y problemas su objetivo es llegar a los Estados Unidos para poder tener una mejoría en su calidad de vida.

El lunes 15 de octubre, la noticia de que nuestros hermanos hondureños viajaban a pie y de forma masiva hacia la frontera estadunidense, despertó el accionar del Estado y de la población civil habitante de Chiquimula. Primero, nuestro representante dentro del ejecutivo accionó de manera tajante ante el paso de los hondureños, fuerzas de seguridad y una talanquera fueron la cerca que el presidente Morales decidió colocar para evitar que la marcha de la caravana continuara.

Pero, ¿Qué representa esta forma de actuar del Presidente? Primero representa una acción de impulso defensivo y de acción intimidatoria frente a personas que prácticamente están huyendo de su país natal por la delicada situación económica y política existente; segundo, estas personas migrantes hondureñas no buscaban a Guatemala como su hospedaje permanente ni mucho menos su nuevo hogar, sería algo iluso quedarse a vivir en un país en donde la situación también es complicada y los estándares de vida para residir son tan desiguales y alarmantes; y tercero, la superación de la cerca personal y material por parte de los migrantes para seguir el camino, dejan en claro que el gobierno estaba actuando no más por acción simbólica y mecanizada.

Estados Unidos le ordena a sus “vecinos” que hagan lo posible por detener esta caravana migratoria, pero puede más el impulso de salir a delante de la gente que un cerco molesto y ambiguo. El Estado hondureño pasa por una situación complicada (específicamente en los temas de violencia, empleo y seguridad) es por ello que la gente con menor capacidad adquisitiva busca un horizonte al norte; tienen la esperanza de encontrarse con familiares –si los tuviesen- que les apoyen o de emprender una nueva odisea personal.

Más allá de todos los límites institucionales, la sociedad civil llega siempre con su apoyo y solidaridad que la caracteriza. Los hondureños han recibido comida, abrigo y estadía temporal en albergues; aquí se deja en claro que la situación con los Estados centroamericanos es delicada y que las personas no pueden esperar una condición de mejoramiento notorio en sus propias patrias.

Es duro saber qué aún les queda el paso por la frontera Mexicana, lugar peligroso y traicionero. Van niños, mujeres, ancianos y hombres en esa caravana que está expuesta a cualquier atentado de cuerpos ilegales o condiciones volátiles de la misma naturaleza. Como conclusión quiero mencionar la cuestión de los derechos humanos; derechos que son propios de la persona desde el momento de su concepción, derechos que lo protegen de cualquier atentando contra su integridad y su dignidad.

Es demasiado triste y frustrante ver niños pequeños (de 1 a 12 años) emprender esta travesía con sus padres o solitos por la búsqueda de un futuro mejor; el testimonio presentado por el diario Plaza Pública hoy 17 de octubre del niño de 12 años Mario Castellanos, es la demostración empírica de que las políticas, programas, acciones y proyectos no son enfocados en la protección y atención de los ciudadanos del futuros ni mucho menos de los actuales.

El día en que los gobernantes volteen la mirada a su pueblo y no a sus intereses personales se podrá comenzar a construir naciones prosperas e integrales. En donde el habitante no tenga que dejar toda una vida por la precariedad existente.

Oscar Eduardo Ramirez Soto

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