By Brújula
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En los últimos meses la economía de Guatemala, es decir, el conjunto de lo que el país produce ha bajado el ritmo; ha crecido pero a un ritmo menor al de períodos anteriores. A esto se le llama desaceleración económica y es un fenómeno que afecta las actividades productivas, pues al haber menos venta hay menos producción y menos ingresos en los hogares; lo que tiene incidencia a nivel macroeconómico en los hogares y en el ámbito social.

 

Guatemala es considerada una economía pequeña y abierta. Por ser pequeña, cualquier choque externo incide en su crecimiento económico. Los eventos económicos mundiales como el precio del petróleo, que en julio de 2018 llegó a US$66.13 por barril; la inflación mundial que alcanza el 3.4%; y otros peligros mayores como las decisiones de política económica y política exterior de Estados Unidos (el incremento de los aranceles, la revisión de tratados y el retiro de importantes organismos multilaterales), están afectando la economía de nuestro país.

 

El crecimiento económico de los países con economías más grandes afecta también el crecimiento de la nuestra. Según el Banco de Guatemala (Banguat), el PIB mundial va a crecer un 3.9% en 2018, el de los EEUU crecerá en 2.8% y la zona del Euro en 2,2%, mientras que los principales socios comerciales de Guatemala, un 2.7%.

 

En la economía nacional, según el Banguat, la agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca, el comercio al por mayor y menor; los servicios privados y la explotación de minas y canteras tienden a la baja; pero no solamente estas actividades: la formación bruta de capital fijo o la inversión presenta una baja desde 2014[1], con -1.56% en 2016.

 

En el sector crediticio el crédito al sector privado bajó a 3.8% en 2017 y se recuperó en agosto de 2018. Los créditos empresariales menores han pasado de 0.7% de 2016, a -3.4% en 2017 y -3.5% a junio 2018; el microcrédito pasó en los mismos períodos de 4.2% en 2016 a -3.1% en 2017 y -4.2% a junio de 2018. Los créditos empresariales mayores, consumo y el hipotecario fueron positivos. Las tasas de interés hasta el 54% anual en consumo, las omite el BANGUAT.

 

También resulta que las importaciones crecen mientras las exportaciones están bajando: a mayo de 2018, las exportaciones de Guatemala son de- 2.8%, cuando en 2009 era de -6.8%), en 2012 era -4.1%), en 2015 era -1.2% y en 2016 el -2.1%). Este decrecimiento se explica por la caída de los precios internacionales del café, azúcar, hule y banano y la apreciación del tipo de cambio (es decir, el precio del dólar norteamericano ha subido). Las importaciones, en cambio, en 2017 alcanzaron 9.8% y 8.2%.

 

Cuando las economías de los países grandes crecen poco o no crecen, no hay dinero para invertir en países como el nuestro; y es lo que está ocurriendo en Guatemala. La Inversión Extranjera Directa aunque no se ha detenido, no muestra señales de crecer con todo su potencial, pues, según el Banguat, alcanza los US$1,152.4 millones, una cifra menor que la alcanzada en 2014, cuando llegó a US$1,388.7 millones.

 

Otro factor que aporta a la desaceleración económica es el nivel del gasto público, que muestra baja participación en el PIB, baja ejecución financiera, limitada capacidad de redistribución, principalmente en lo social.

 

¿Qué consecuencias tiene esto para Guatemala?

Si bien se mantiene el crecimiento económico y no constituye peligro de recesión, si la tendencia continúa, sumado a la parálisis del actual régimen, podría profundizarse y acercarse al estancamiento (es decir, la economía estaría en 0 de un año a otro). En períodos de crisis económica hay riesgo de incrementar la desigualdad, pues la población que recibe más el impacto son los grupos en situación de pobreza y pobreza extrema; esto desencadenaría, además, más informalidad, migración y violencia, y menos protección social.

 

Las autoridades económicas deben de iniciar un debate serio sobre la política económica del país. No se puede continuar con una política inercial que únicamente descansa en la estabilización y el control de la inflación (ciertamente necesarios, pero insuficientes). Se requiere de una política fiscal y monetaria activa que no sólo apuntalen el crecimiento económico, sino también contribuyan a reducir los flagelos de la desigualdad, la exclusión y la pobreza en general.

 

 

[1] Cuando se hable de crecimiento, los porcentajes corresponden a tasas de variación anual.

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