By Daniela Archila
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Los millennials somos la generación de personas nacidas a partir de los años ochenta. Mientras crecíamos y contábamos con un estilo de vida bastante favorable, al mismo tiempo las deudas adquiridas por el país iban aumentado; algo que nos lleva a estrellarnos con la herencia de una crisis económica. Entonces caemos en lo mismo: los millennials y nuestras “privilegiadas oportunidades” que no cubren nuestras necesidades ni están al nivel de nuestro potencial.

Los últimos casi cinco meses de colegio antes de graduarme, todos los fines de semana, recibía clases de refuerzo en la mañana y a partir de las diez trabajaba en la sexta como promotora de una marca de impresoras y computadoras. Me tenía que vestir como “payasita”. Ganaba mil quetzales por fin de semana. Trabajaba hasta la noche y lloraba un montón porque esa situación no me gustaba porque sentía que no me correspondía.

En mi casa, las cosas estaban tambaleando y tuve que buscar una manera de poder ayudar, me quedaba hasta tarde haciendo mis tareas. Era difícil estar en el colegio y trabajar. Yo solo pensaba en el futuro, en que todo iba a tener su recompensa.

No sabía que mi generación iba a ser la peor pagada de la historia.

En Guatemala, los jóvenes tenemos que trabajar para poder estudiar y con estudios conseguir una mejor posición para poder pagar otro título universitario y así. Todo es una cadena. Todo este proceso ya lo sabíamos desde antes pero, no es normal. Mientras no exista un sistema íntegro, seguiremos sin tener oportunidades. Debemos aclarar que esto no deberíamos pasarlo por alto porque no es normal.

Mi historia es un ejemplo de muchas cosas que vivimos los jóvenes. Sin embargo, sigo estando en una posición privilegiada, pues al final logré estudiar y salir adelante. Pero, ¿Qué pasará con las generaciones que están por venir? ¿Seguirán teniendo que sacrificarse para poder vivir, para poder estudiar? ¿Hasta cuando vamos a seguir heredando deudas públicas?

Los millennials ya ni siquiera pensamos en la posibilidad de tener hijos. Por supuesto hay excepciones, y diferentes razones pero de las principales es que no podemos subsistir al ciento por ciento nosotros mismos. No podemos pagar una vida con lo que ganamos.

No podemos criar a un ser humano cuando pasamos más de ocho horas sentados en un call center o en cualquier otro trabajo que no cumpla con lo que la ley pide pero al menos cubre algunas necesidades.

El problema radica en que no quieren pagarnos aún cumpliendo los requisitos que nos piden, no quieren pagarnos por lo que sabemos ni por lo que estudiamos. Quieren a cualquier otra persona que pueda hacer nuestro trabajo por menos aunque no sepa de qué trata. Cabe resaltar que no somos una generación haragana o ignorante, solo somos una generación sin oportunidades. Lo único que pedimos es que le den importancia a nuestra transición a la vida adulta y tener certeza de que al día siguiente nos levantaremos y no tendremos la incertidumbre de, en cualquier momento, perder nuestro trabajo.

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Ser surrealista. Una reconquista de lo mal conquistado. Amante de los huipiles, la tinta y la poesía.

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