By Daniela Archila
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Desconcertada, buscaba a una mujer con el cabello igual o con el mismo color de blusa. Tanta fue mi angustia que comencé a llorar inconsolablemente como instinto de supervivencia. Eso es natural cuando somos niños. El supermercado era muy grande para encontrar a mi mamá y yo, no imaginaba regresar a casa sin ella y aún ahora, la necesito. Por lo que entiendo perfectamente, la tristeza profunda que invade a los niños que han sido arrebatados de los brazos de sus madres.

El fuego nos manda señales y no las captamos.

El Estado de Guatemala es irreconocible, dice luchar por cuidar la vida desde su concepción. Sin embargo, es incapaz de refugiar y velar por el bienestar de niños desolados. Su deber es velar por todas las personas retenidas por la política migratoria implementada por los Estados Unidos, que consiste prácticamente en “cero tolerancia” hacia las personas que cruzan la frontera siendo indocumentados. La última medida de estos días, ha sido separar a los niños de sus padres y madres mientras resuelven su problema legal.

Ya no podemos seguir confiando nuestra estabilidad a funcionarios que no logran implementar nunca un sistema de protección a la nación en ningún marco de la sociedad. Somos población velando por la misma población.

La peor pobreza que Guatemala enfrenta es la humana.

No somos los responsables de las crisis, ni de los desastres naturales, ni de ninguna catástrofe nacional. Sin embargo, somos los únicos que podemos hacer realmente un cambio. Todas las entidades en las que creíamos nos están atropellando. Pararnos en nuestros privilegios y sensibilizar nuestros corazones, nos hizo darnos cuenta de los cambios que podemos realizar si nos mantenemos unidos.

Las fronteras nos están deshumanizando con la necesidad de querer estar divididos. Socialmente dentro de nuestros propios territorios, estamos encarcelados en etiquetas de clase, etnia, sexualidad y género. Pero si nos detenemos a vernos las caras los unos a los otros, nos podemos dar cuenta que somos tan similares. Hemos perdido integridad y sensibilidad.

Definitivamente, el Estado únicamente está enfocado en sus privilegios obtenidos a base de poder y corrupción. Robándonos lo poco que aún nos quedaba como país.  Guatemala es esos niños, a Guatemala le han arrebatado hasta la esperanza. No somos prioridad para nadie hay muchos cambios estructurales por hacer pero la indignación no es suficiente, debemos intentar hacer algo. Por más que creamos en la justicia, no podemos seguir creyendo en este poder.

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Ser surrealista. Una reconquista de lo mal conquistado. Amante de los huipiles, la tinta y la poesía.

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